De vuelta en soledad

Laurent Lazard, nacido en Francia, será el único representante de Uruguay en la 35ª edición del Dakar que parte este sábado desde Lima; será su séptima participación; acá sus mejores anécdotas en carrera

"Sé que es un deporte peligroso y que jugamos con nuestras vidas”, dijo una vez sin titubear Laurent Lazard. La 35ª edición del Dakar partirá hoy desde Lima y el motociclista será el único representante de Uruguay en la mítica prueba de rally raid. 

Nacido hace 34 años en Nimes, Francia, Lazard se radicó en Atlántida en 1999 y corrió por primera vez un Dakar en 2006 logrando un octavo puesto entre los novatos y un 32º en la general de motos. 

Por aquel entonces la prueba se disputaba entre Lisboa y Dakar, la capital de Senegal, y la ruta atravesaba Marruecos, Mauritania, Guinea y Mali. 

“Allá tenías la contra de que te pueden atacar en algunos pueblos o de que no hay gente para apoyarte. Pero el desierto tiene una magia especial. En Sudamérica hay otros encantos y la posibilidad de conseguir hoteles cercanos a las zonas de competencia”, le contó una vez a El Observador Lazard.

Pero en 2009, la prueba desembarcó en Sudamérica tras suspenderse en 2008 debido a amenazas de grupos terroristas.

El abandono
En esa primera experiencia por los más ásperos territorios de Argentina y Chile, a Lazard no le fue bien.

En la etapa entre Jacobacci a Neuquén, el piloto sufrió una caída que le provocó una luxación de rótula y rotura de ligamento interno en su rodilla derecha.

“Había mucho polvo, no vi una curva y justo me caí con el peso de la moto arriba de una piedra”, contó tras su retorno a Uruguay.

“En esos momentos lo mejor es tomarse unos minutos de calma y cuando vi que pude pararme decidí seguir. Pero la rodilla no aguantaba mi peso y a los 150 km lloré del dolor, pedí calmantes, me inyectaron, mejoré, recuperé varias posiciones en el tramo especial (el de mayor velocidad) pero en la última parte del segundo enlace (zona de tránsito más dificultoso hasta el campamento) me caí muchas veces por falta de equilibrio”.

La garra charrúa
Al año siguiente fue por la revancha, aunque los tiempos no le dieron para operarse la rodilla.

Pero caerse es parte del juego: “Todos los motociclistas sufrimos al menos dos o tres caídas por etapas. Es que se corre por terrenos abiertos, se puede llegar a los 160 o 170 kilómetros por hora y con el correr de los días se acumula un cansancio muy grande. En la quinta etapa yo sufrí un accidente impresionante porque venía muy rápido. Volé y me revolqué, pero no me pasó nada”.

Un año más tarde, y a fuerza de acumular caídas, los viejos dolores de rodilla reaparecían.

“Desde que llegué a Uruguay oí hablar mucho de la garra charrúa. Creo que apelé a eso para llegar a la meta”. Lazard completó el recorrido y terminó 32º. Como en 2006, su mejor actuación.

En 2011 corrió en Sherco como mochilero del francés David Casteau, la estrella del equipo.

La aventura se terminó por culpa de la caja de cambios de la moto que se rompió ocho veces, forzándolo al abandono.

El miedo 
“Se siente un miedo especial. Pero hay que ser egoísta y volver a pensar en uno mismo para meterse en la carrera si no en la siguiente la quedás”.

Sangre fría. Lo de egoísta viene por sus afectos. Lo dice quien el año pasado se motivaba con las fotos por celular que le mandaba su esposa Verónica de su hija Helena, recién nacida.

“Fue una estrategia que me dio motivación para seguir”.

Ese es Lazard. El hombre que habla un perfecto castellano con acento francés.

El aventurero que siente nostalgias de las dunas africanas y que sueña una vez más con atravesar la meta del Dakar portando la bandera uruguaya.


Fuente: El Observador

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