De oro por ocho minutos

El alemán Hambuchen se bajó de la barra paralela convencido de que era el mejor, pero apareció Zonderland

Los músculos se tensan para sostener todo el cuerpo y hacerlo volar por el aire en ese balanceo sin detenciones sobre la barra horizontal, al mismo tiempo que se aflojan para brindarle la elasticidad que transmite la sensación opuesta.

El alemán Fabian Hambuchen (24 años) completa su actuación con la convicción de que es nuevo medalla de oro en la prueba barra fija de gimnasia artística de hombres en un North Greenwich Arena que luce casi colmado con 20 mil espectadores. El estadio se viene abajo, y el atleta que ya lleva 20 años de recorrido en la sacrificada gimnasia cierra los puños y los eleva al cielo, en clara demostración de conformidad. Mira a todas las cámaras y se muestra campeón. Incluso hasta sonríe y tiene poses de medallista de oro. Los jueces lo reafirman unos segundos después, cuando le brindan el puntaje más alto hasta ese momento: 16.400 puntos.

A los chinos Zou y Zhang, los más destacados previo a Hambuchen, les quedaba el consuelo de plata y de bronce. Incluso, tiene sentido porque esa actuación confirma su evolución: bronce en Beijing 2008 y séptimo en Atenas 2004.

Sin embargo, el deporte, que tiene tantas historias como las de Hambuchen, se apronta para escribir un capítulo insólito. En tanto el alemán disfruta su octavo minuto como medalla de oro y comparte con su grupo de trabajo la experiencia de ser el mejor, el holandés Epke Zonderland (26 años), se alista para dar el golpe en penúltima prueba de gimnasia de Londres 2012.

El estudiante de medicina de la Universidad de Groningen, que habla holandés, inglés y alemán, se para frente a la barra y comienza su camino al oro. El estadio empieza a aplaudir tímidamente hasta que aumenta la intensidad de las palmas a medida que realiza ejercicios con mayor dificultad, y cuando termina, en una caída perfecta, se viene abajo. Explota y brinda a los jueces su dictamen. 

Zonderland, que viene de familia de gimnastas –sus hermanos mayores ya representaron al país en distintos torneos- y que fue el mejor en ocho etapas de la copa del mundo de gimnasia en la especialidad de barra fija desde 2009, se para frente al público y saluda como campeón. Hambuchen comprende que su actuación de oro se había devaluado, que ya no brillaba como tal. Los jueces confirman el triunfo del holandés y da rienda suelta a la celebración más efusiva de la última jornada de gimnasia. 


Fuente: Luis Inzaurralde, enviado a Londres

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