De las sombras del DT, al primer plano

¿Cómo es el paso de asistente técnico a entrenador principal? Entrenadores uruguayos explican los riesgos y beneficios del gran salto

"De los segundos entrenadores soy el primero”, tiró, entre risas, Germán “Mono” Burgos una vez conocida la suspensión de Diego Simeone, quien se perderá ocho partidos por una agresión al cuarto árbitro en el partido de vuelta de la final Supercopa de España ante Real Madrid.

Burgos hacía referencia a la situación que les toca vivir a los asistentes técnicos, cuando deben dar un paso al frente y pararse al borde de la línea de cal.

El cambio es notorio. Desde el manejo del grupo, luego desde la concepción del juego -por más que siempre se buscan dos entrenadores con similitud de pensamiento- y en el reracionamiento con los jugadores.

En el mundo esa tendencia fue protagonizada por entrenadores exitosos como José Mourinho, quien comenzó como segundo de Bobby Robson y luego de Louis van Gaal en Barcelona, mismo camino que recorrió en Barcelona Tito Vilanova, fallecido a causa de cáncer el pasado 25 de abril.

El auge de los entrenadores que pasaron el examen de ser asistentes tuvo su pico máximo en la final de la última Copa del Mundo, entre Alemania y Argentina, ya que Joachim Löw y Alejandro Sabella dieron sus primeros pasos de la mano de Jürgen Klinsmann y Daniel Alberto Pasarella como entrenadores en jefe.

Selecciones de primer nivel como Alemania, con un alto grado de desarrollo en el tratamiento de sus equipos nacionales, apuestan de tal forma a la continuidad de los procesos de trabajo, que los asistentes técnicos cumplen un papel protagónico.

Asistentes como Sepp Herberger, Helmut Schön, Jupp Derwall, Berti Vogts y el propio Joachim Löw fueron primero asistentes y luego entrenadores en jefe.

En Uruguay
El Torneo Apertura tiene entrenadores principales que comenzaron su carrera como asistentes: Pablo Rodríguez, Jorge Giordano y Mauricio Larriera.

A esa lista se le puede sumar Álvaro Gutiérrez, quien fue asistente de Raúl Möller, hoy entrenador de El Tanque Sisley, pero comenzó su carrera primero como entrenador y luego hizo el camino inverso.

Pablo Rodríguez fue ayudante de Marcelo Gallardo en Nacional y luego de la desvinculación del Muñeco asumió como coordinador general de juveniles en Cerro, club del cual también es el entrenador, luego de la salida la temporada pasada de Pablo Alonso.

Jorge Giordano comenzó como asistente de Rosario Martínez en el Guabirá de Bolivia y luego pasó a Villa Española de la mano de Gustavo Matosas, con quien fue campeón en Danubio y llegó a trabajar en Peñarol.

Consultado por El Observador, Giordano afirmó: “El entrenador principal, en mi caso Gustavo (Matosas), fue quien primero me incentivó para que me largara. Estando en Peñarol me llegó una oferta de Fénix y se lo consulté. Desde ahí me independicé. Luego pasé por Danubio, ahora como DT principal, Rampla Juniors, Racing y Juventud de Las Piedras”.

Mauricio Larriera, exasistente de Gerardo Pelusso, reconoció a El Observador que fue toda una aventura tirarse solo como y dejar el trabajo seguro que tenía junto al experimentado entrenador: “Tenía claro que si erraba me iba para mi casa. Quedarme con Gerardo (Pelusso) era lo más cómodo. Era trabajo seguro y de calidad. Pero me independicé del amigo y arriesgué porque la primera experiencia en Sol de América no fue buena. Yo no tengo otro trabajo. Jugué la bala en serio. Y arriesgué sabiendo que nos jugábamos la permanencia. Sabía que si me tocaba descender todo ese camino se derrumbaba y yo no entraba más al bolillero, yo creo que no dirigía más”.

Los dos coinciden en que las tareas cambian, las responsabilidades también, pero no la concepción de juego ni el manejo por el grupo. Para Giordano “la experiencia es fundamental. Como entrenador no estás tan cerca del futbolista”.

El técnico pedrense agregó: “Yo me baso mucho en el trabajo del equipo técnico porque son hombres de confianza que uno elige según su gusto y visión del fútbol. El entrenador, luego del consenso, tiene que tomar decisiones todo el tiempo. Cuando era asistente tenía una relación mucho más cercana con los jugadores. Eso no quiera decir que hoy no les hable o tenga mala relación, todo lo contrario, pero quien está arriba de ellos es Amaranto (Abascal), que a su vez está notando el cambio también de dejar de ser jugador para ser ayudante”.

El ayudante de campo parece ser el lugar ideal para un entrenador que recién comienza, ya que le permite desarrollar ideas desde un lugar menos expuesto.

Larriera pasó por un equipo grande y una selección, como Nacional y Paraguay, de la mano de Pelusso, un entrenador tildado de defensivo.

Sin embargo, evita las etiquetas y tiene a su Racing como un equipo que respeta su identidad y piensa siempre en el arco rival. “Transmití la idea de ser fieles a un estilo y de intentar morir yendo para adelante. Hay partidos que perdimos por ir a buscarlo y eso está buenísimo como profesional. Tener coraje y valentía. Nunca le planteé a un jugador tirarla afuera. La credibilidad lleva años de trabajo pero en un segundo se cae todo”, dijo a El Observador.

Para Giordano los ayudantes tienen una ventaja que no tienen los entrenadores en jefe y es el tiempo de diálogo con los jugadores, para conocer sus inquietudes. Para el técnico pedrense “el futbolista tiene que sentirse escuchado. Que cuando termine el entrenamiento tiene que saber lo que hizo y el motivo. Los futbolistas de élite entienden antes la propuesta y muchas veces son los que ayudan al grupo a entrenar. Me pasa con Malaka, Carini y Franco ahora y con Recoba y Grosmüller en Danubio”.


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