De la fidelidad a la “traición”

Los innumerables casos de jugadores que declararon su amor por un equipo y terminaron defendiendo al eterno rival pese a la bronca de los hinchas que los acusan de "traidores"

“La primera vez que voy a entrenar a Nacional voy entrando y cuando paso por el chalet de los técnicos sale Gesto y me grita: “Vio que no hay que escupir para arriba”. Me quería morir, porque yo había declarado que nunca jugaría en Nacional”.

La historia de Sergio Daniel Martínez, conocido popularmente como Manteca, sirve de introducción a un mundo que no es aceptado por los hinchas: el de los confesos hinchas de un equipo que terminaron jugando en el eterno rival.

Para los que recibieron la noticia con desilusión ese jugador será siempre un “traidor”. La otra mitad primero lo observará de reojo pero con el paso del tiempo lo terminará adoptando. Por la idiosincrasia de los clubes, queda la sensación de que en Nacional cuesta más la adaptación para el que cambia de vereda.

Ignacio “Nacho” González tomó la determinación de jugar en Nacional y hoy muchos recuerdan su pasado. Como aquella vez que en Jardines anotó un gol contra Peñarol y no lo gritó. Cuando le preguntaron reveló ser hincha del club.

Claro que hoy los que se sienten más doloridos son los parciales de Danubio por una frase de Nacho: “En Uruguay solo juego en Danubio”. ¡Para qué! Entrar en el facebook del club permite comprobar la bronca que existe en la gente. Hay quienes hasta proponen quemar la bandera que le hicieron.

Esta historia de jugadores que son hinchas de un grande y terminan jugando en la vereda opuesta es tan vieja como el fútbol. Siempre se le recordó a Fernando Morena su pasado tricolor y el hecho de que se convierta en el máximo artillero de Peñarol. Otros casos emblemáticos fueron los de Luis Alberto Cubilla, Carlos Aguilera y José Luis Zalazar.

Néstor Montelongo, que jugó en Peñarol y luego pasó a Nacional rememoró su historia: “Al principio me miraban de reojo pero enseguida me enganché. Siempre fui hincha de Nacional. En Peñarol sabían que yo era de Nacional. Yo era tan hincha de Nacional que estando concentrado en Los Aromos mirábamos los clásicos de básquetbol de la década del 80 y yo hinchando por Nacional y mis compañeros me jorobaban”.

Otra historia increíble fue la que vivió Ernesto Vargas cuando fue a la sede de Nacional y el dirigente Scaravino le preguntó, ¿estás contento?. Y Vargas respondió: “Como no voy a estar contento si de Peñarol me echaron como un perro”. El dirigente le expresó: “Lo único que te pido es que cuando hagas un gol lo grites y beses la camiseta de Nacional”.

La situación de Juan Ramón Carrasco tiene puntos de contacto con Vargas. Cruzó a la vereda de enfrenta por la bronca que le generó que le cerraran las puertas del club que manifestó ser hincha. Con el tiempo JR reconoció: “fue un error”.

Luis Romero manifestó ser hincha de Peñarol pero le hizo goles de todos los colores a Nacional. Y luego de un clásico llegó a declarar: “Ven las rayas de la camiseta y tiemblan”. Con el tiempo terminó en los tricolores.

El Pato Sosa fue otro caso. En La Oral Deportiva expresó: “Uno ve la situación en que está Peñarol y como hincha quiere jugar para ayudarlo a salir de eso. Yo dije y digo que quiero jugar en Peñarol y no me dejan la posibilidad de hacerlo”. Terminó en Nacional donde dejó todo por la camiseta.

Otro que vivió una situación particular fue Gustavo Varela. Lo narró el 7 de diciembre de 1998 a La República: “Hoy soy más bolso que los de la barra de la Ámsterdam. Antes puede ser (que era de Peñarol), pero hoy no, soy sincero como lo fui hace tres años con Ceferino Rodríguez. Cuando recién llegaba a Nacional vino Ceferino como presidente al vestuario a saludar y de repente me preguntó: “¿Usted de qué cuadro es hincha?”. Y yo ingenuamente le contesté, de Peñarol. Me quedó mirando como sorprendido pero era la verdad”.


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