De don nadie a crack

Santiago Urrutia fue agasajado por Presidencia, el flamante campeón Pro Mazda contó secretos de su increíble año
"Llegué siendo un don nadie a Estados Unidos y ahora ya me conocen", cuenta Santiago Urrutia. Con la humildad prendida en cada una de sus palabras. Con la felicidad a flor de piel tras haberse consagrado el sábado como campeón de la Fórmula Pro Mazda. Con la esperanza latente de todas las puertas que pueden abrirse.

"Lo que viví el fin de semana fue muy grande, sentí el apoyo de todos los uruguayos", explica en el salón de actos de Presidencia donde fue agasajado por Alberto Espasandín, en representación de la Secretaría Nacional de Deportes, y por Benjamín Liberoff, ministro interino de Turismo.

"Dos semanas antes de empezar el campeonato, no se sabía si corría o no. Igual decidí ir a Estados Unidos, probar con el equipo y firmar el contrato aún sin tener el presupuesto", recuerda.

El resultado no pudo ser mejor: hizo podio en 10 de las 15 carreras de Pro Mazda y solo en dos de ellas no entró entre los cinco primeros.

Se proclamó campeón por demolición con 355 puntos, 53 más que el estadounidense Neil Alberico.

"Cuando me bajaron la bandera en la línea de llegada pensé en muchas cosas. El esfuerzo y la dedicación que le meto día a día para estar a este nivel. Con 14 años me fui a vivir solo a Europa sin saber inglés ni italiano. Simplemente persiguiendo mi sueño con las ganas de llegar a lo más alto", rememora.

También fue muy especial el festejo del campeonato, en el circuito de Laguna Seca (California) donde falleció Gonzalo "Gonchi" Rodríguez en 1999 cuando corría en la entonces denominada Fórmula CART.

"Paré en la curva de Gonchi porque había muchos uruguayos festejando. La mejor manera de recordarlo a Gonchi es acelerando el motor a fondo", dice.

Y agrega a puro homenaje: "Gonchi es intocable. Siempre va a ser el número uno de Uruguay por todo lo que hizo. Siempre va a ser un referente, ídolo y ejemplo a seguir. Es una presión grande que me comparen con él".

Quiso el destino que su rival, Alberico, despistara en la curva de Gonchi el sábado intentando seguir el ritmo de Urrutia que a esa altura ya sonaba a campeonato.

¡Presupuesto, presupuesto!

La palabra más repetida en el evento de ayer fue "presupuesto". Sin quererlo, Urrutia se puso a tono con la realidad país.

Porque el título en Pro Mazda le permitió a Santiago obtener una beca del 50% para participar el año próximo en Indy Lights, la categoría de fogueo de la Indy Car, la principal competencia que se disputa en Estados Unidos.

Dicha cifra asciende a US$ 590.300. Por lo tanto, Urrutia necesita costearse el otro 50% para dar un nuevo salto de calidad en su carrera.

¿Qué plazo tiene para conseguir la financiación? Un mes. Como máximo.

"La semana que viene ya hay pruebas en Indy Lights, pero no voy a ir porque aún no cuento con el presupuesto. Pero espero llegar a las pruebas de octubre y noviembre. Sería muy importante para no dar ventajas", dice.

Urrutia sabe que eso no es tarea sencilla en Uruguay: "Hay que golpear puertas por todos lados, dar entrevistas, hacer 180 kilómetros ida y vuelta desde Miguelete".

Pero los logros para este don nadie devenido en crack le abrieron los ojos de asombro a los capos del motor estadounidenses: "Tengo ofertas de cuatro o cinco equipos importantes. Pero hay que tomar la mejor decisión sabiendo que voy a poder competir con el presupuesto cubierto".

¿Y después?

"Mi objetivo ahora es llegar a la Indy Car. Después se verá si puedo llegar a la Fórmula 1", comenta.

Pero tiene claro que la Indy Lights ya será un paso significativo: "Los autos tiene 450 caballos de fuerza". Son 190 más de los que ha manejado en el Pro Mazda. Hay mucho por aprender y crecer.

Pero Santiago sabe de crecer. Por eso no elige este año como el que le dio más aprendizajes sino el 2014 cuando terminó en un lejano 23º puesto en la GP3 Series.

"El año que más crecí fue el 2014 porque no obtuve resultados y sufrí bastante. Este año aproveché toda mi experiencia y pude dar un paso adelante", afirma.

Los elogios y las felicitaciones que recogió de sus rivales en la pista reforzaron su orgullo: "Un rival nunca es un amigo, y que vinieran a felicitarme realmente me sorprendió".

Santiago aparenta mucho más. Pero recién tiene 19 años. Un futuro sin fronteras. Y un presente que enorgullece a Miguelete. Y a los uruguayos.


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