De cuando Cuevas cruzaba el río en kayak para jugar

Facundo Savio, el amigo de toda la vida, se transformó en el entrenador para vivir el mejor momento en la carrera del tenista uruguayo

Es amigo de la infancia de Pablo Cuevas, de cuando entrenaban juntos en el Club Remeros Salto. Estuvo cerca en toda la carrera del, hoy, mejor tenista uruguayo y 32 del mundo. Desde 2008 viaja con él y desde hace poco más de seis meses es su entrenador.

Es Facundo Savio, quien termina un exitoso 2014 disfrutando de los triunfos de su dirigido luego de haber estado a su lado en los momentos difíciles, cuando una lesión lo dejó afuera de la canchas por dos años y lo obligó a dos operaciones en su rodilla.

 

¿Desde cuándo conoce a Cuevas?

Desde mis 12 años y 10 de Pablo. Desde que empezó a entrenar en Salto, de cuando cruzaba el río en kayak para jugar todos los días. En ese entonces estuvimos años bajo las órdenes de Felipe Maccio, que a mi entender es el mejor formador en Uruguay. Después, a los 16 años, Pablo tomó el rumbo hacia el profesionalismo y siguió solo con Felipe para empezar su carrera.

 

Usted no siguió, ¿por qué?

Yo jugué varios torneos nacionales y estuve entre los ocho mejores hasta que llegó un momento bisagra que había que decidir entre jugar y seguir estudiando. Yo lo tenía como referencia a Pablo, que era número uno o dos en su categoría pero, a su vez, era el número cinco en América del Sur. Yo, en cambio, me podía destacar en Uruguay, pero en el continente no pinchaba ni cortaba. Quizás fui muy exigente porque pude haber probado un par de años más. Igual creo que tomé la sabia decisión de agarrar para otro lado.

 

¿Cómo arranca su formación como entrenador y cómo termina trabajando con su amigo?

Entre 2008 y 2011 estuve viajando al lado de Pablo y su entrenador de entonces, el argentino Daniel Orsanic. Ese período terminó cuando llegó la lesión de Pablo en Roland Garros. Desde ese momento pasó mucha agua debajo del puente y es una historia bastante conocida, con dos operaciones, algún intento de regreso frustrado y mucho trabajo. Cuando parecía que podía estar bien para volver, Pablo empezó a entrenar con (el argentino) Alberto Mancini, pero no pudo jugar bien hasta que se sometió a la segunda operación, que desembocó en un largo período de rehabilitación. Después de esa etapa, que se fue cumpliendo sin apurar los plazos, Pablo empezó a entrenar con Orsanic nuevamente. Pero el entrenador tenía la posibilidad de que Orsanic de ser el gerente deportivo de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) y, además, había planteado no viajar tanto. Entonces, Pablo me habló de hacer medio calendario con Orsanic y medio calendario conmigo. Finalmente, la propuesta de la AAT llegó antes de lo previsto y Pablo no dudó: “Apronta las valijas que empezamos ahora”, me dijo, y así arranqué a trabajar, solo, con él.

 

A poco de iniciar esa etapa llegó el mejor momento de la carrera de Cuevas, con títulos y ranking nunca antes conseguidos. ¿Cómo se vivieron esos momentos?

Empezamos en el Challenger de Panamá y una semana después, en el Challenger de Barranquilla, Pablo consiguió el primer título del año. Ese fue el envión inicial para darse cuenta de que la dupla funcionaba. Después, en el segundo semestre, llegaron los otros tres títulos en el circuito Challenger y los primeros dos ATP 250, en Bastad y Umag. Desde el princio hubo señales de que íbamos por buen camino. Después de tantas frustraciones llegaron momentos de gran satisfacción.

 

Fue casi como un regreso soñado para Cuevas, porque no solo pudo volver a jugar, sino que lo hizo ganando y con su amigo de toda la vida. ¿Eso es un plus?

Ahora, con los resultados vistos, esa situación es un poco más relajada pero, en antes de arrancar era un sueño que tenía también una enorme carga de desafío y compromiso, ya que las cosas pudieron darse de otra forma. Yo sabía, y sé, del potencial que tiene Pablo. Yo me decía una y otra vez: “este tipo merece estar allá arriba”. De alguna manera había que llevarlo y nos planteamos buscar la llave para encontrar la salida de aquellos momentos oscuros.

 

¿Hoy puede decir cuál fue la llave?

No sé si la llave porque hay que buscarla todos los días. Pero uno de los grandes secretos es el conocimiento que tenemos el uno del otro, eso que nos permite saber cuándo se puede apretar y cuándo aflojar. Con un simple gesto entendemos un montón de cosas que entre otras personas cuesta mucho. Creo que el secreto es lo natural que se da la relación jugador-entrenador. Si bien en el aspecto técnico-competitivo tengo que aprender mucho más, en lo que respecta al conocimiento de la persona y a sacar lo mejor ella, tengo tiempo ganado gracias a la relación de amistad que tenemos.

 

La motivación y confianza en el tenis es fundamental, ¿a ese aspecto se refiere?

Sí. En ese sentido confío mucho en Pablo porque sé que tiene una cabeza (mentalidad) de acero. No se le rompe el espíritu así nomás y eso quedó demostrado con todo lo que pasó. Es capaz de levantarse de lo peor. Como entrenador no tenía miedo en ese aspecto, pero sabía que eso debía enfocarlo en sacar su mejor tenis.

 

El cambio para Cuevas fue en lo deportivo y también en lo personal, dado que hace poco nació su primera hija. ¿Cómo repercutió la paternidad en su dirigido?

La paternidad le ha dado otro temple y le ha ayudado a relativizar situaciones adentro de la cancha. Momentos en que se ponía nervioso, ahora los toma con otro enfoque. Eso ya lo había logrado luego del revolcón grande que la vida le dio cuando puso en vilo su carrera, pero el nacimiento de Alfonsina fue un nuevo espaldarazo para encarar situaciones en la vida, el deporte y dentro de la cancha. Pablo tomó la paternidad con gran alegría y responsabilidad y eso lo pudo canalizar positivamente en su carrera deportiva. En eso fue muy importante el apoyo Clara, porque ser la esposa de un tenista no es cosa fácil debido a la cantidad de viajes y a lo demandante de este deporte.

 

¿Cuál es el avance más importante que ve en Cuevas para que haya alcanzado el nivel de este segundo semestre de 2014?

Mejoró algo en todos los aspectos, pero para dar los pasos gigantes que dio, lo más importante es lo mental. Pablo superó pequeñas barreras mentales que permiten tener cierta tranquilidad para algunos momentos del partido. Tiene otra consistencia en ese sentido y, hoy, en puntos claves y calientes del encuentro, es otro jugador. Un partido de tenis se define en pocos puntos y ahí es donde se ve la clase de un jugador.

 

Títulos de Cuevas en el año

30/3. Challenger de Barranquilla (Colombia)

8/6. Challenger de Mestre (Italia)

13/7. ATP 250 de Bastad (Suecia)

27/7. ATP 250 de Umag (Croacia)

15/11. Challenger de Guayaquil


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