Danubio, modo aplastante

La mejor versión del equipo de Leo Ramos redujo a la mínima expresión el atildado fútbol de Wanderers forzando dos finales más por el Uruguayo

El fútbol es una cuestión anímica. Más allá de lo conceptual y de lo táctico. De lo estratégico y de lo estrictamente físico. Si un equipo es una conciencia única -por encima de sus 11 individualidades- determinada a ganar, dificilmente pueda ser vencido. Y si el plan que ejecuta desde esa premisa surte efectos, la confianza se ensancha. Y el fútbol inevitablemente aflora.

Eso fue Danubio ante Wanderers el domingo, en lo que fue semifinal y no final del Campeonato Uruguayo 2013-2014.

El equipo de Leonardo Ramos goleó 3-0 al bohemio y forzó una serie al mejor de dos partidos para definir al campeón.

Fácil explicarlo. Difícil de ponerlo en práctica. Sobre todo cuando enfrente estaba un rival que llegaba entonado por su título en el Clausura y jugando un fútbol vistoso a la vez que ganador.

Danubio afrontó esa realidad desde la raíz. Salió a atacar el asunto desde su génesis. Y fue a buscar el triunfo en la salida misma de su rival, allí donde nace el fútbol bohemio.

Ramos dispuso una red que presionó a su rival en el mismo momento en que Cristóforo sale del fondo, los centrales se abren sobre el área y el volante tapón baja a darle forma a la salida, al inicio del ataque. Al fútbol de posesión.

Los puntas Martiñones y Fornaroli fueron sobre los centrales, el enganche, Ignacio González, sobre el tapón, Guzmán Pereira y Gonzalo Porras sobre el otro volante que arma el juego desde atrás, Santiago Martínez.  

Presionado hasta el límite de la asfixia, Wanderers jamás pudo salir limpio desde atrás y fue forzado por la vía de los hechos a tirar pelotazos.

En esos balones largos fue clave la presencia táctica de Formiliano, el otro volante central, por presencia y equilibrio cada vez que sus compañeros salía como fieras en busca de su presa.

La pelota larga que Wanderers tiraba volvía por abajo, rápida y bien jugada. Danubio no solo fue a maniatar al rival. Lo salió a lastimar. Con velocidad por afuera, con Mayada y Sosa, pelota bien pasada con la distribución de Porras y habilidad a alta velocidad, con el Nacho González.

Pero por encima de las formas estuvieron las ganas. El plus de la motivación. Actitud, actitud y más actitud.

El Nacho no solo fue el que se la pisó en una baldoza a Olivera para generar el centro perfecto de Sosa para el cabezazo con el que Ricca abrió el camino del triunfo.

Fue también el que se tiró a los pies del rival un par de veces para llevárselos puestos. Jugar y meter, la imagen idílica del futbolista uruguayo. 

En ese rubro Danubio fue infinitamente superior a Wanderers. Ahí el 3-0 le quedó cortísimo. En cada pelota, la franja le hizo sentir a la botijada rival que esto era una final. Que para ellos no había mañana. Que para ser campeón se precisa algo más que jugar -o intentar jugar- lindo. Ergo: todas las divididas fueron franjeadas.

La ventaja, que llegó a los 19', trajo confianza. La confianza precisión y la precisión encendió el modo aplastante del equipo. Más allá de la escuela histórica del club y el paladar del hincha donde el reclamo del buen juego es una máxima innegociable.

Y allá corrió el Nacho por derecha dejando a Guzmán Pereira lesionado en el camino, en un esfuerzo inútil por contenerlo. Su centro cruzó toda el área y Sosa la empujó para el 2-0.

Wanderers fue tibio hasta en sus intentos: un tiro libre de Gastón Rodríguez que se fue cerca y un centro rasante de Blanco donde Ichazo dio rebote y la zaga se mostró atenta para el despeje. Nada menos en todo el primer tiempo.

Alfredo Arias reaccionó con cambios ofensivos para el complemento que hicieron que Ramos modificara su 3-4-1-2 inicial por un 4-4-2 cuando Formiliano se sumó a la zaga. La presión danubiana le dejó lugar a la contención zonal. Pero a la hora de atacar, el equipo siguió siendo más peligroso que su rival al hallar espacios muy bien explotados por la mejor versión de Fornaroli desde que llegó al club.

El telón cayó muy temprano. Cristóforo falló en una pelota quieta y Formiliano la empujó para sellar la goleada. Al partido le sobraron 37 minutos.

Wanderers, desahuciado, se la dio a Gastón, el habilidoso. Y el botija intentó. Con moñas y quiebres de cintura. Pero Danubio respondió siempre. Con solidaridad como sostén del orden defensivo y con tranques desmoralizadores. Esa fue la metáfora del partido.

La ficha
Danubio 3-Wanderers 0
Danubio: Salvador Ichazo; Emiliano Velázquez, Matías De los Santos, Federico Ricca; Camilo Mayada, Fabricio Formiliano, Gonzalo Porras, Leandro Sosa; Ignacio González; Diego Martiñones y Bruno Fornaroli. DT: Leonardo Ramos.
Wanderers: Federico Cristóforo; Mauricio Gómez, Gastón Bueno, Martín Díaz, Maximiliano Olivera; Diego Riolfo, Guzmán Pereira, Santiago Martínez; Rodrigo Pastorini, Sergio Blanco y Gastón Rodríguez. DT: Alfredo Arias.
Cambios en Danubio: 73' Guillermo Cotugno x F. Formiliano, 80' Hugo Soria x B. Fornaroli y 87' Gastón Faber x I. González
Cambios en Wanderers: 40' Nicolás Albarracín x G. Pereira -lesionado-, 45' Javier Cabrera x D. Riolfo y 88' Adrián Colombino x S. Martínez
Goles: 19' F. Ricca (D), 37' L. Sosa (D), 53' F. Formiliano (D)
Cancha: Parque Franzini
Juez: Daniel Fedorczuk
Amarillas: Formiliano, Ricca (D); S. Martínez, Blanco, Bueno (W)


 


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