Danubio le puso color al campeonato

El conjunto de la Curva se llevó una gran victoria por 3-2 en un partidazo y alcanzó a Peñarol en la punta; el aurinegro tuvo momentos, pero fue superado en el juego

“La euforia aturde”, era una de las tantas frases que acuñaba el expresidente de Peñarol, José Pedro Damiani hace algunos años. Más de 30 mil personas fueron a ver lo que prometía ser un partidazo y que terminó por cumplirse: Peñarol y Danubio salieron a escena y dieron un espectáculo digno de dos punteros del torneo.

El ambiente a euforia era obvio y normal que así sucediera previo al encuentro en el vestuario mirasol y en las propias tribunas. El equipo venía de dos triunfos consecutivos y solo arriba en la tabla. El hincha de Peñarol tiene hambre de victorias como hace tiempo que no sucede.

Y a veces esa ansiedad se transmite por ósmosis a los jugadores dentro del campo. No es la primera vez.

A Danubio eso no le importó para nada. Comenzó a todo tren, hizo un surco por el carril de Albín que no podía en la marca –es cierto que Urretaviscaya no lo ayudaba bajando– y en 9 minutos ya estaba dos goles arriba.

Los grandes equipos se ven en estas circunstancias. Para dar vuelta un partido así, hacen falta muchas cosas. Faltaba muchísimo, pero estaba difícil para el equipo de Pablo Bengoechea.

El primero fue una notable jugada entre Ricca y Leandro Sosa justo por esa zona de Albín y el centro atrás encontró solo a Hamilton Pereira que facturó.

Casi enseguida, un pelotazo dio en el brazo de Viera y Ubriaco pitó penal porque entendió que había intención. Tabárez estampó el 2-0.

Bengoechea trató de rehacerse, de que el equipo funcionara de otra manera. Hizo calentar 10 minutos a Gabriel Leyes y a los 30 entró por Albín que se fue molesto.

Así, Pacheco pasó de volante y Nahitan Nandez al lateral derecho. La idea era tener un tridente con Urretaviscaya –quien empezó temeroso por su lesión y luego se fue “despertando”–, Zalayeta y Leyes.

Fabricio Formiliano, en tanto, daba clases en la mitad de la cancha. Marcaba a pie firme y distribuía juego.

Si bien el cambio le dio otro aire a Peñarol, Danubio se refugió bien atrás y jugaba de contra. Eso sí, cortando el juego con faltas tácticas, tantas, que al final del partido llegaron a 29. Una locura.

Pero estaba Hamilton Pereira, el dueño de la pelota, el creador inconmensurable. De su botín estuvo cerca el tercero, pero Migliore –en una de sus dos grandes atajadas– le sacó el tercero.

Peñarol dejó la ansiedad de lado, los nervios que lo atan al césped, y comenzó a crear. Urretaviscaya dejó solo al Japo –quien sigue sin rendir– y éste marró el descuento. Después, Leyes asistió a Urreta y pese a que estaba sin arquero, la tiró afuera. Pero tras un tiro libre, la pelota llegó a Zalayeta que descontó. Iban 38 minutos y el estadio se le vino arriba a Danubio.

Tanto fue así, que ni bien comenzó el complemento, Diogo Silvestre recibió de Urreta y la clavó abajo, en una de las pocas veces que Torgnascioli no se mostró fino. Era el 2-2, el delirio y muchos pensaron en la remontada.

Pero si hay algo que no tiene este equipo de Peñarol, es justamente eso, saber remontar partidos. Un punto que va en contra de su rica historia.

Leonardo Ramos –un especialista en amargar a Peñarol ya que lleva tres partidos al hilo ganándole cuando juegan en el Centenario– colocó a Agustín Viana por Tabárez, quien jugó un gran partido. Parecía una variante defensiva, pero terminó siendo letal para el aurinegro. Una falta de Píriz derivó en un tiro libre de Leandro Sosa –otra vez asistiendo– y Viana se metió solo. Valdez llegó junto a él y tras la inoperancia total de Migliore quien se quedó clavado en la línea, en plena área chica le dio el 3-2 que sería el del triunfo a Danubio.

Peñarol tuvo el empate con el Japo primero y Urreta después, pero Torgnascioli mostró lo que vale y les tapó el gol.

Danubio se quedó con 10 a los 76’ por la roja a De los Santos, Bengoechea colocó a Olivera y quedó con cuatro arriba. Un calco de lo que pasó ante Sud América: al final fue un desconcierto en la ofensiva y se llevó una derrota.

Fue una lección para Peñarol. Danubio supo cómo jugarle, jugó muy bien y lo superó sin atenuantes para alcanzarlo en la punta y bajarle un poco la euforia.

PEÑAROL 2
Pablo Migliore    4
Emiliano Albín    4
Carlos Valdez    4
Gonzalo Viera    4
Diogo Silvestre    6
Sebastián Píriz    5
Nahitan Nandez    6
Jonathan Urretaviscaya    5
Jorge Rodríguez    4
Marcelo Zalayeta    5
Antonio Pacheco    4
DT Pablo Bengoechea    

DANUBIO 3
Franco Torgnascioli    6
Matías De los Santos    5
Cristian González    5
Federico Ricca    6
Jorge Graví    6
Fabricio Formiliano    7
Hamilton Pereira    8
Marcelo Tabárez    6
Leandro Sosa    6
Matías Castro    4
Bruno Fornaroli    7
DT Leonardo Ramos

CAMBIOS EN PEÑAROL: 30’ Gabriel Leyes (6) x Albín, 77’ Juan Manuel Olivera x Viera y 86’ Hernán Novick x Nandez
CAMBIOS EN DANUBIO: 56’ Agustín Viana (7) x Castro, 77’ Joaquín Pereyra x Tabárez y 87’ Ignacio González x Fornaroli
CANCHA: Estadio Centenario
JUEZ: D. Ubriaco (5)
GOLES: 4’ Pereira (D), 9’ Tabárez (D) de penal, 38’ Zalayeta (P), 51’ Diogo Silvestre (P) y 65’ Valdez (P) en contra
AMARILLAS: Nandez, Píriz, Viera y Valdez (P) y Formiliano, M. De los Santos (2), Sosa, C. González, Torgnascioli y Graví (D)
EXPULSADO: 76’ M. De los Santos (D)

 

"SÉ QUE EL HINCHA SE FUE RECALIENTE"

Pablo Bengoechea admitió que “el resultado fue horrible, más allá de que Peñarol no jugó mal. Pero está claro que cuando no se gana. sé que el hincha se fue recaliente”.

“Creo que hoy, después de los primeros 15 o 20 minutos, fue de nuestros mejores partidos. Jugamos muy adelantados, con mucha gente en ataque y el rendimiento fue bueno, pero el resultado es horrible”, reiteró el DT de los carboneros.

Con relación a la actuación de Migliore –quien resultó determinante al no salir en el tercer gol danubiano– Bengoechea dijo: “El arquero de Peñarol es Migliore; tiene errores y aciertos como todos los jugadores de fútbol”.

A su vez, Bengoechea indicó que “estaba tranquilo en el 0-2. Vi algunas cosas que obviamente no me gustaron, como jugar tan apurados. Pero entendemos al jugador. Hay mucha ansiedad en la gente y muchas veces cuando uno va perdiendo es difícil tener calma”.

El DT danubiano, Leonardo Ramos, dijo a su vez que “mis jugadores son unas fieras, tienen unos huevos gigantes. Había que ganar y así fue”.


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