Danubio le dio otro cachetazo

La franja le pegó en el inicio de los dos tiempos; Nacional terminó desfigurado, sin identidad futbolística y apelando al pelotazo
El fútbol atildado y dinámico que Nacional intentó jugar y que por momentos consiguió en las primeras fechas del Apertura ya no existe. Las buenas intenciones de Gustavo Munúa fueron sepultadas por la necesidad. El liderazgo del torneo se desbarrancó y las esperanzas de conseguir el título, después de la derrota 0-2 frente a Danubio, quedaron más que nunca en manos ajenas.

Pero aunque Peñarol pierda frente a Wanderers, el juego que está desplegando Nacional no le da ni para ilusionarse en las últimas dos fechas. Este sábado terminó siendo una caricatura de equipo, defendiendo solo con Polenta y Malvino y amontonando delanteros cerca del área de Danubio. Para colmo de males, terminó con 10 jugadores porque en el tramo final se lesionó Alonso y ya no tenía cambios para hacer.

De los últimos 12 puntos disputados Nacional malgastó 10. Demasiado changüí. Perdió contra Sud América y Danubio y empató frente a Racing y Peñarol.

También se olvidó de jugar. Porque por más que tuvo la pelota, que empezó mejor que su rival, el destino que le dio fue de terror. No hubo uno que metiera un centro como la gente, falló Alonso en dos oportunidades frente al arco donde suele ser infalible, careció de desborde, de picardía, de generación de juego.

Fracasó en defensa, uno de los males que lo aquejó durante todo el semestre. Los dos goles de Danubio lo dejan en evidencia. El primero, de Grossmüller, nació en las manos de Torgnascioli. El golero atrapó el balón y lo sirvió hacia Ignacio González que picó por derecha. La jugada cambió hacia la izquierda donde prosiguió Saracchi. Y terminó en el medio con un remate de Olivera y un toque de Grossmüller. La velocidad de Danubio fue letal.

El segundo surgió de un tiro libre ejecutado por Grossmüller. La pelota se le escapó de las manos a Conde y frente al descontrol defensivo tocó Olivera. Los goles llegaron en el inicio de cada uno de los tiempos.

Nacional tuvo una oportunidad al minuto de juego. Pero Alonso cabeceó afuera un centro de Abero. Después intentó llegar por las bandas, pero poco a poco fue perdiendo el perfil. Espino y Abero no conseguían el objetivo por izquierda y Fucile tampoco lograba aparecer con libertad por la derecha.

Nacho González no tenía con quien jugar. Fernández y Alonso estaban bien controlados en el área. Todas los proyectos ofensivos terminaban en pelotazos sin un destino fijo. Antes, cuando la pelota partía de los pies de Polenta o de Porras, siempre buscaban a un delantero destapado; ahora van al borbollón, a lo que salga.

Para el segundo tiempo Munúa intentó darle profundidad con el ingreso del argentino Barbaro. Pero entre que el delantero que llegó para sustituir a Carlos De Pena no alcanza ni cerca el nivel de éste y que Danubio hizo enseguida el segundo, la idea sucumbió.

El tercer cambio ya fue un manotazo de ahogado, porque ingresó Barcia por Espino y el fondo quedó expuesto.

Si Danubio no convirtió un par de goles más fue porque Barreto no estaba en su tarde. Era imprimir velocidad y los franjeados llegaban solos frente a Conde.

Grossmüller apiló gente y dejó en camino a Ignacio González que remató afuera; el Bola Pablo Lima tuvo dos tiros libres a pedir de su zurda y no definió bien; Barreto contó con otra oportunidad en el área chica pero malogró el zurdazo.

El despliegue de Saracchi por izquierda y de Nacho González por derecha fueron un suplicio para Nacional. El toque de distinción lo puso Grossmüller. Atrás, la fortaleza de Ricca que cerró el lateral y la potencia de De Los Santos, que terminó jugando de volante. También Torgnascioli brindó seguridad.

Danubio consiguió la ventaja y se agrupó atrás. Nacional se sintió herido, bajó la cabeza y fue al choque. Con Barcia bien abierto por derecha, con Barbaro por izquierda, con Nacho González tratando de ordenar los avances, con Papelito Fernández y Alonso buscando una buena pelota en el área y sin ideas.

Barcia metió un centro y Alonso cabeceó suave; Nacho González tuvo un tiro libre en la medialuna y levantó el disparo; Fernández cabeceó afuera otro centro de Barcia y así se desvaneció el tiempo. Entre la inoperancia de Nacional y la tranquilidad de Danubio.

El camino se hizo cuesta arriba para el equipo de Munúa. No estuvo en la cancha Santiago Romero, un pilar del mediocampo que en el clásico encendió la ilusión con un zapatazo al ángulo. Pero lo más grave es que Nacional perdió su identidad. Terminó jugando a lo que surja, impreciso, desfigurado. Bajó la guardia y lo cachetearon.


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