Da Silva lleva una mochila al clásico

Los hinchas de Peñarol miran de reojo el arco, fustigan la salida de Raguso y la insistencia del DT con Torres en medio de un clima donde los dirigentes echaron leña y se incrementa el run-run de la salida

Basta encontrarse con los hinchas de Peñarol para darse cuenta de una realidad: Da Silva no logró tener feeling con la gente.

Hay algo que es claro y que forma parte del sentimiento popular:  al entrenador que no defendió al club como jugador le costará el doble ganarse un lugar. Partiendo de esa base, todo lo que hizo Da Silva fue observado con lupa.

Su insistencia por la incorporación de un golero y el mal debut de Enrique Bologna abrieron un eterno signo de interrogación en el arco.

Para colmo de males la noticia de que Juan Castillo volvía a Uruguay generó otro revuelo. Como será la cosa que la gente hasta se ilusionó con Danilo Lerda en algún partido en el que tuvo que sacar las castañas del fuego. Bologna no es mal golero, pero carga con ese karma.

Después los hinchas se irritaron con Carlos Grossmüller. De pasar a ser figura preponderante en el Apertura pasó a los silbidos del Clausura. La última vez que lo puso Da Silva lo tuvo que sacar porque la gente se la caía arriba cada vez que perdía la pelota. Lesionado terminó perdiendo su lugar.

Y el último capitulo de las broncas de los aficionados con el entrenador está relacionado con el lateral izquierdo.

La insistencia de Da Silva con el paraguayo Aureliano Torres generó la bronca de los hinchas.

La situación se agravó con la aparición del jugador de la cantera Nicolás Raguso. El botija rindió y entusiasmó. Pero salió por razones que nunca fueron claras.

Entonces Da Silva probó con Walter López, pero la gente tampoco lo quiere y lo fustiga. Es la realidad que se palpa y se vive en la tribuna.

Todas estas situaciones marcan una clara realidad: la mochila que llevará Da Silva al clásico del domingo está cargadita.

Pero no es el único peso. Además, en uno de los bolsillos laterales se sumó el clima de irritación que se vive a nivel dirigencial.

Dirigentes que quieren hablar con el entrenador después de perder con Defensor. Llegan al vestuario y el plantel ya se había retirado. Entonces arman una reunión en la semana pero resulta que la oposición se quejó porque les avisaron tarde. A eso se agregó el incidente de Fernando Morena, que ingresó a la cancha para increpar a un línea.

Todo dentro de una misma mochila que en las últimas horas sumó el run-run de que si Da Silva no gana el clásico su ciclo se termina. Con estas perspectivas, el entrenador tomó la determinación de alejarse del ruido y los problemas. El plantel viajará el viernes con destino a Maldonado donde se concentrará en Solanas a la espera del clásico.


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