Cuevas tuvo un salto a la elite

El uruguayo se metió en la mejor historia del tenis celeste. El puesto 23 del mundo, que alcanzó tras el título conseguido en San Pablo, puede ser el trampolín para lograr el objetivo de ser top ten

El tercer título del curcuito ATP llegó para Pablo Cuevas con muchas implicaciones. Ganar la final el domingo le significó conseguir el mejor ranking de su carrera, convertirse en el mejor latinoamericano del momento y se el uruguayo mejor rankeado de la historia. Pero si bien eso era una carga emocional bastante pesada, su mayor objetivo está más arriba: llegar a ser top ten.

Y para eso no hay otra cosa que recorrer el camino que, por ahora, viene muy bien. Ayer apareció en el número 23 del ranking (Diego Pérez había alcanzado el puesto 27 en 1984) y más allá de avanzar nueve posiciones, lo que dio en un salto de calidad, porque cuanto más arriba, más difícil es escalar un peldaño. Incluso, mantenerse.

Si no es fácil conmensurar lo que es ser el 23 del mundo, cabe decir que jugadores como el francés Richard Gasquet o el español Fernando Verdasco, quedaron relegados por el uruguayo. Y que a la vista, en el puesto 21, está otro grande, el francés Gael Monfils.

Por esto y por las posibilidades de seguir mejorando que quedan por delante, es que lo de Cuevas fue histórico el domingo y que el partido -que ganó por 6-4, 3-6, 7-6 (4) frente al italiano Luca Vanni- estuvo cargado de nervios.

 

¿Qué pasó luego de un primer set redondo, en el que no perdió un solo punto con su saque?

Me puse a pensar un poquito y dejé de jugar y de moverme.  Me quedé un quiebre abajo y desde entonces Vanni sacó mejor que nunca. No pude recuperar el quiebre y en el tercero tuve alguna chance pero no estuve preciso. Es como que él estaba disfrutando que estaba en la final y jugando suelto y yo pensando mucho.

 

¿Parecía como que tuviera experiencia en finales y no que fuera la primera de su carrera?

Hasta que sacó para partido. Pero se la bancó súper bien la presión. En el partido de semifinales contra el brasileño Joao Souza, en el que le gritaban de todo desde la tribuna, aguantó estoico. Y en el partido del domingo, cuando sacó para partido metió un passing cruzado y yo no podía creer que el tipo no festejara ni en ese momento. “¿Qué le pasa por esa cabeza?” me preguntaba, porque estaba entero. Por suerte después dudó, pero  hasta que sacó para partido no le erró a la cancha casi nunca.

 

Incluso cuando terminó el partido tuvo gran entereza. Fue un logro importante para él también ya que hasta San Pablo nunca había ganado un partido de cuadro principal en su carrera. ¿Qué le dijo al final?

Cuando habló estaba por lo menos igual de contento que yo. Sus palabras fueron increíbles. Pocas veces después de perder un partido y habiendo sacado para ganar, uno mira la mitad del vaso llena. Fue una semana increíble para él pero haber estado tan cerca de conseguir un título, te puede frustrar un poco. Sin embargo, en todo momento habló sobre lo que había ganado en la semana y no lo que había perdido. Todo el tiempo vio el lado positivo. Mientras hablaba yo pensaba lo bueno que es poder ver las cosas de esa manera, porque me ha tocado perder  y no he podido ser lo suficientemente inteligente para poder disfrutarlo y quedarme con lo mejor.

 

Pero usted viene con 100% de efectividad en finales de torneos ATP: tres jugadas y tres ganadas.

Si vengo lindo, pero la de San Pablo fue la primera que jugaba con chapa de favorito y fue la que más costó.

 

¿El primer set lo ganó sin perder un solo punto con su servicio, luego apareció como desconcentrado en el segundo set y no recuperó el nivel hasta el final del partido. ¿Cuál fue el momento en el que pudo volver a la concentración necesaria?

El juego de saque que perdí en el segundo set fue un gran bache que tuve en el partido y después no creo que me haya desconcentrado tanto. Lo que sucedió es que a partir de que Vanni se puso un quiebre arriba sacó muy bien y ganó muchos puntos fáciles sin darme demasiadas posibilidades para pelearle los puntos. Tuve ese bache y lo pagué carísimo. Después, en el tercer set, estaba enfocado pero no había margen de error. Eso me puso un poco más tenso. Trataba de estar lúcido, pero no estaba tan suelto y eso me dificultaba para ganar mis juegos de saque. Además, Vanni seguía firme. No me estaba sintiendo tan cómodo con mi juego y no vi en ningún momento el partido ganado. Cuando sacó para partido me la vi negra y en ese momento pensé que en la primera ronda me había pasado lo mismo y lo pude dar vuelta. Eso me dio una pequeña ilusión, pero sabía que, como fuera, tenía que poner la pelota en juego con la devolución, algo que no estaba pudiendo hacer en muchos puntos, ya  que el italiano estaba sacando muy bien.  Como pude lo logre y eso que, excepto uno, él acertó los primeros saques. Por suerte pude devolver y ahí se mostró como un jugador normal, porque hasta ahí él parecía una máquina, sin fallas.

 

En ese juego usted se metió unos pasos adentro de la cancha para devolver. ¿Fue la estrategia para poder acortar el ángulo de saque de su rival aunque quedara más expuesto a la velocidad de la pelota?

Me metí un poquito más, pero a bloquear, ya que  tenía que meterla en la cancha como fuera. Acercándome pude cortar los ángulos cuando sacaba abierto. Si bien él venía sacando mucho a la T (al centro de la cancha) pensé que podía cambiar para desconcertarme. El primer punto me sacó abierto y la tiré afuera, pero después lo logre. Lo que me exigí fue no darle puntos gratis en ese juego.

 

¿En algún momento le pasó por la cabeza que si ganaba se convertía en el tenista uruguayo mejor rankeado de la historia y que esta semana sería el mejor de América Latina?

Lo tengo presente porque me lo preguntan un montón de veces, pero ni era mi objetivo ni es lo primero que está en mi mente dentro de la cancha. Sabía que momentáneamente me ponía como número uno de América Latina y tenía también en la cabeza lo que significaba para Uruguay. Pero también pensaba que era mi primera final como favorito y no porque mi rival haya jugado mal en la semana, sino porque era responsabilidad mía ser protagonista. Tenía varias cosas en la cabeza porque el objetivo de esta gira (San Pablo, Río de Janeiro y Buenos Aires) era meterme cerca de los 20 del ranking, ya que no tengo muchos puntos para defender.

 

¿Era mucha carga para un solo partido?

Sí. Y en las finales siempre hay mucho en juego. Había jugado dos y  las había ganado; no quería perder porque la diferencia de puntos es importante. Lo quería ganar como sea, pero por pensar mucho terminé sufriendo más de la cuenta. Justamente, antes del partido me mentalicé en jugar punto a punto y enfocarme en el partido para no pensar en todas esas cosas.

 

Una nueva batalla ganada ayuda al temple y el ranking es un aliado para próximos torneos. ¿Cuál es el mayor provecho directo de esta situación?

En esta gira vi que era el preclasificado número cinco y tanto en Brasil como en Buenos Aires los cuatro primeros preclasificados salen adelantados (ya en segunda ronda). En muchos torneos de Europa también y eso es una ventaja enorme.

 

Usted dijo que quería ser top ten antes de fin de año y muchos pensaron que era una exageración. Hoy va por buen camino. ¿Cómo enfoca ese objetivo?

Lejos de querer ser polémico, sigo pensando igual porque creo que para lograr las cosas primero hay que soñarlas. Sin embargo no lo quiero tener tan presente porque pensar mucho no ayuda. Después, cuando termine la carrera será momento de mirar hacia atrás, pensar y disfrutar lo ganado y los logros obtenidos. Pero mientras uno está en el camino, cuando menos piense esas cosas es mejor. Ahora tengo que seguir soñando en grande pero sin pensar en números y posiciones, sino ser consciente de la realidad y pensar partido a partido. Eso es lo que me va a ir dando mejor ranking y estar más cerca de ese sueño.

 

Ahora vienen un ATP500 y otro ATP250 con la presencia de los españoles Rafael Nadal y David Ferrer. De confianza llega en alto nivel, ¿cómo se encuentra físicamente?

Se suman Nadal y Ferrer, pero los cuadros son más o menos parecidos a San Pablo. Físicamente llego muy bien, pero cambian las condiciones. En San Pablo había mucha humedad, pero en Río el calor pega fuerte.

 

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