Cuevas íntimo: “Me saqué el signo de interrogación con que vivía”

El uruguayo Pablo Cuevas habló con El Observador y contó detalles de su nueva vida personal y tenística

Se da cuenta de que está entre los 30 mejores?
El esfuerzo es casi el mismo siendo el 30, el 80 o más atrás. Creo  que plasmé cosas en el juego que me permiten estar donde estoy y me doy cuenta que es para poquitos. Tengo 29 jugadores adelante y, aunque parezca una bobada, me doy cuenta las pocas veces que miro el ranking. Antes tenía que abrir la web y mirar para abajo. Ahora digo: “opa que cerquita que estoy”. Y esto es estar cerca de del sueño de algún día ser top ten, que no deja de ser un sueño pero mucho más cerca de la realidad. Hay un montón de puntos (ndr: 2.823) de diferencia y hay 20 jugadores adelante que no se lo puede alcanzar en uno o dos torneos; pero en la visual está mucho más cerca. Eso va para todo: en el ranking, en el juego, en el torneo donde cruzás a esos jugadores. Uno está en los torneos necesarios para conseguir esos puntos importantes.

El ranking lo pone en situación de sumar más puntos porque le permite tener más unidades en juego.
Claro, pero creo que para lograr las cosas uno las tiene que haber soñado un poquito. Eso me pasó también en el período de recuperación de la lesión. Si las cosas no las soñás, no las conseguís. Por eso tampoco me sorprende tanto haber llegado hasta acá. Es algo que me imaginaba, en algún momento consciente y en otros no tanto. Y en realidad no me cambia nada ser el 30, y si mañana ojalá me toca ser el 20 no me voy a sentir tan distinto. No me pasa de no poder creer lo que conseguí o de no entender cómo hice para llegar. Tengo bien claro cómo hice, me lo imaginé en la recuperación y entendí cómo era.

¿Qué es lo que entendió?
Que entrenarme no es solamente con la raqueta en la mano y adentro de la cancha. He mejorado por adquirir cosas fuera de la cancha que se ven reflejadas adentro.

¿Qué cosas, por ejemplo?
La madurez. Si bien estuve con buenos entrenadores desde que volví, no estuve el tiempo en el que me pudieran dar consejos imponentes. Pero, sin embargo, lo que tuve siempre fueron buenos equipos de trabajo. Hoy, más maduro, con otra cabeza, sabiendo que tengo menos tiempo que antes, he podido plasmar todas las cosas que aprendí desde chico; los mensajes que me dieron. Eso también me ha llevado a animarme a hacer más cosas en la cancha, ser más agresivo y dudar menos. Justamente, creo que una de las cosas que hice muy bien este año es haberme sacado el signo de interrogación con el que vivía afuera como adentro de la cancha.

¿Cuáles son esos signos?
Adentro de la cancha, por ejemplo, me decía a mí mismo: “voy a hacer saque y red” y antes de hacerlo, en esos 20 segundos que hay entre un punto y otro me preguntaba: “¿y si (el rival) me pasa, si me devuelve de tal o cual manera, si erro la volea?”. Ahora no me pasa. Pienso si voy a hacer saque y red, decido sí o no y hago lo que decido. Eso me ayudó porque aunque sea una elección equivocada, sirve más tomarla rápido que jugar con duda.

Se dice que en un punto es mejor no tener ninguna idea a tener dos. ¿Es así?
Totalmente. Y en mi caso no es que tenía dos, tenía 20. A veces uno se pregunta qué le aporta un entrenador a un jugador de elite y estoy convencido de que no es tanto lo que tenga que ver con el juego, sino palabras o frases en una cena o un almuerzo que te marcan. Lógicamente para que existan esas palabras tienen que conocer al jugador, verlo entrenar. Mi kinesiólogo, que me hace acupuntura, me ayudó muchísimo, sacándome la ficha y conociéndome, no tanto en cómo le pego a la pelota, sino conociendo a mi familia, mis amigos, y atacando los temas de raíz. Me terminó dando consejos que me sirvieron un montón para la confianza. Quizás encontró la manera que mejor me iban a hacer esos consejos, teniendo un timing claro para saber cuándo insistir, cuándo no sobrecargar con la presión. El tipo que tenés el lado tiene que leer eso. Creo que por ahí pasa el buen entrenador o un buen equipo de trabajo. Facundo (Savio) quizás no me haya aportado cosas de tenis como puede ser cambiar la empuñadura o agachar más las piernas en tal o cual tiro, pero me sacó un montón de problemas que tengo a diario. Es decir, tengo la confianza plena de decirle lo que sea, de contar con él. No es un tema menor. Conocerse ayuda muchísimo y eso creo que es lo que más ha dado resultado con el equipo de trabajo. Facundo me conoce desde chico y creo que empezamos a darle en la tecla en un montón de cosas.

¿Cuál es esa tecla?
Andar y hacer las cosas con naturalidad. Sacar ese signo de interrogación y que fluya un poco la cosa. Pero decir “que fluya” no significa hacer las cosas a lo loco y que todo haya sido de casualidad, sino trabajar, conocerse, charlar. Naturalidad sí, pero no desprolijidades y que  digan “andá, divertite, cerrá los ojos y pegale fuerte”. Con trabajo, pero con naturalidad.

¿Eso redunda en disminuir la presión?
Sí, muchas veces sabés que no estás en un buen día de entrenamiento y terminás entrenando peor porque estás pensando en que el entrenador te va a marcar los errores y te va a presionar. Y a la hora de los partidos también hay muchas cosas que cuentan para esa tranquilidad. Con Facundo todo es más distendido. Si me olvido, por ejemplo, de mandar a encordar una raqueta y faltan 10 minutos para el partido a Facundo le puedo pedir que la lleve a encordar. Si es con otro y te olvidás te vas a jugar con una raqueta menos y eso ya te trabaja en la cabeza.

¿Cómo incidió el nacimiento de Alfonsina en esos aspectos de maduración de afuera hacia adentro de la cancha?
Con el nacimiento de mi hija siento que eliminé un montón de problemas que no eran importantes, ya que hay una sola preocupación que te hace dejar de lado las cosas menores. Si bien no pienso que tengo que hacer tal o cual cosa por Alfonsina, el nacimiento de ella hizo que me enfocara mucho más en el objetivo. Sobre todo antes de que nazca. Ni bien nació me distraje un poco, porque quería estar más en casa. Cuando entraba a la cancha me daba cuenta de que no podía enfocarme y concentrarme por completo en la pelota. Entrenaba, corría, me agitaba, me cansaba, pero no tenía esa concentración que sentí que había conseguido durante el año. Mientras estuvo en la panza me ordenó muchísimo, después me desconcentró un poquito por unos 20 días. Incluso contra Leonardo Mayer (a quien venció en el Master 1000 de París-Bercy) me sentí como un poco perdido o desconcentrado en la cancha.

¿Ya sabe cómo hacer para cumplir con su carrera y con su rol de padre?
Sí. Hay varios tenistas que son padres y uno va viendo que no es tan complicado. Claro que hay que pensar en viajar y moverse bastante. No es imposible.

Había programado un calendario que contemplaba el nacimiento de su hija pero se adelantó, ¿Cómo lo vivió?
Durante el embarazo me lo tomé con calma porque sabía que iba a estar 10 o 15 días en Uruguay antes que naciera . Tenía pensado ocuparme de todo en ese período, pero todo fue diferente. Llegué un jueves a lahora 23.30 a Buenos Aires desde Shanghái y al otro día tenía el barco a la hora 8.30 para Montevideo. Cuando subí recibí el llamado de Clarita para decirme que estaba yendo al sanatorio, pero ni me imaginé que era para que naciera Alfonsina. Ni bien llegué a Colonia me llamó de nuevo y me avisó que no pasaba de ese día. Por suerte llegué en una hora y media y a las dos horas  nació.

Después de solo una semana de vacaciones retoma la temporada. ¿Cuál es el plan?
Toda la primera quincena de diciembre voy a entrenar en Buenos Aires con Del Potro, Leonardo Mayer, Carlos Berlocq y en el medio hago una exhibición en Corcordia, este sábado, con Berlocq. Después estaré unos día en Punta del Este y en enero vuelvo a Buenos Aires, sin parar de entrenar porque tengo que estar mejor que este año.

¿Cuál es la diferencia de entrenamiento para poder encarar los partidos con los mejores del mundo, como será en la próxima temporada?
La diferencia es que los que están entre los mejores 20 del mundo, todas las semanas juegan entre ellos dos o tres partidos porque se encuentran de cuartos de final para adelante en los torneos. Yo jugué tres partidos en el año con jugadores de ese nivel. Y es difícil poder mejorar de esa manera. Por eso tengo que estar en Buenos Aires, entrenando con los buenos jugadores que hay allá. No quiero dar ventajas el año que viene.

¿Con qué jugadores de primer nivel ha entrenado?
A veces pasa que en los torneos me viene a pedir (el español Rafael) Nadal  para entrenar y le digo que no, porque de pronto tiene tres días antes de jugar y quiere entrenar dos horas y media, lo que no me favorece si juego al otro día. O quizás quiere entrenar volea dos horas y una vez que aceptás no le podés decir que eso no lo querés hacer. No se puede manejar como uno quiere. Pero por otro lado esos entrenamientos son los que te sacan algunos problemas, porque entrás a la cancha de otra manera, no con admiración, ni sorprendido; entrás más dispuesto a ganarle. Tiene que ver con estar en contacto con los mejores.

¿Cuáles son las principales diferencias a la hora de enfrentar a uno de los mejores del mundo?
Los mejores te ponen quizás las mismas dificultades que los otros, pero en lugar de tener un segundo para resolverlas, tenés medio. Encima, si necesitás tres pelotas para dejar parados a otros jugadores, para ellos necesitás cinco. Entonces, para ganarles hay que entrenar con ellos todos los días.

¿Ha entrenado con Nadal, Federer o Djokovic?
Este año no, pero con Nadal he entrenado unas 10 veces, igual que con Federer. Con Djokovic no.

¿Cómo es el relacionamiento con esas grandes estrellas?
Con Djokivic es, de casualidad, un “hola” y nada más, pero con Nadal y Federer es distinto. Una de las cosas de las que más me arrepiento es hablar poco inglés, porque me he perdido charlas con Federer. Este año fui a jugar Interclubes a Suiza y cuando Federer me vio en EEUU se acercó a charlar y a preguntarme si me había gustado su país. Increíblemente, a los pocos minutos terminé cortando la conversación porque ya no sabía cómo más hablar en inglés. En esos momentos estoy deseando que se termine la charla y cuando se termina me quiero matar. Federer siempre es re atento conmigo y debe preguntarse por qué no quiero hablar. Con Nadal es más fácil.

¿Qué le producen cuando se los cruza?
Nadal es más terrenal y no me corta la respiración cuando está en la vuelta. A Federer cada vez que pasa por al lado te das cuenta de que tu cabeza se detiene a pensar en lo que está haciendo. Te deja uno o dos minutos pensando de dónde vendrá, que hará después o en el golpe que le viste hacer un rato antes. Es distinto, no hay dudas y eso que es un tipo muy simpático, buena onda. Además se maneja como uno más. Si tiene que hacer la fila, la hace como cualquiera. Claro que también tienen sus momentos reservados porque no se puede salir de su concentración en el momento que lo requiere. No se puede ser un ganador y tener la misma vida descontracturada de cualquier otra persona.


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