Cuevas, el título y el increíble operativo para recuperar su raqueta

El uruguayo contó a Referí secretos de su consagración en San Pablo
Había tenido que esperar tanto para jugar por una suspensión por lluvia?
Me pasó algo así en la primera final que gané, en Bastad. Era al mediodía y termine jugando a las 6 de la tarde. No había ni cancha para calentar, entonces fueron 10 minutos de peloteo en vez de cinco. Pero en Bastad una vez que empezó el partido ya no se paró. En San Pablo fue la primera vez que un partido se haya extendido tanto. Eso va sumando una carga de tensión, más todavía por ser una final. Tenía poco margen, me fui a dormir con un set abajo, 3-3 en el segundo, y en el primero había tenido muchas chances, incluso set point. Sabés que si el otro mantiene su saque estás complicado Pero también sabía que él no había podido descansar, que la tensión también la tenía.

¿Cómo se maneja ese momento?
Vas aprendiendo. Pero no deja de ser raro. No es como cuando te dicen: 'Llueve, pero jugás en tres horas'. Nos decían: 'Cuando pare, jugamos en 40 minutos'. Entonces tenés que estar todo el tiempo ahí. Entraba en calor y se volvía a largar. Me pasó tres o cuatro veces. No sabía si comer liviano o un poco más. Te vas cargando de tensión. Por momentos estás con mejor energía y querés salir ya, y en otros no. Pero por suerte lo pude controlar, arranqué bien, enseguida tuve un quiebre y pude cerrar el set. No fue un gran nivel de tenis si lo comparo con otros momentos del año pasado. O la semifinal. Creo que los dos estábamos más tensos y la espera lo hizo más cansador. Seguro fue la final en la que terminé más agotado.
Es que fueron más de 24 horas. Nosotros estamos acostumbrados a jugar dos horas y media, o tres. Pero a esa tensión no estamos acostumbrados. Te cansa. De hecho tenía un malestar en el estómago que lo arrastro hasta hoy. Cuando estaba set abajo, en el 3-1 me sentí débil, mareado, con el estómago revuelto. Quizás fue por comer medio forzado durante el día. Se hizo muy cansador.

Dijo que necesitaba recuperar la convicción y la agresividad. ¿Lo cumplió?
Fue una semana rara. Empecé con incertidumbre, con ansiedad de si iba a controlar la bola o no. En San Pablo la pelota vuela un poco más por la altura, o sea que no era el mejor lugar para agarrar confianza. Pero arranqué con todo el primer partido. En el segundo jugué más o menos, estuve abajo y lo remonté. En semis jugué muy bien. Fue una semana que tuve que luchar internamente bastante para ir encontrando mi juego. En la final no lo encontré, pero lo que sí encontré fue comodidad, ganas de luchar, de salir de la situación que venía.

¿La remontada con Diego Schwartzman en cuartos de final fue un click de confianza?
Luché contra mí mismo, para seguir, mantenerme en partido. En el 1-4 estaba convencido que tenía que seguir. Si bien no estaba jugando bien tenía que buscar. Me mantuve sin gran tenis pero salió, y al siguiente partido jugué más tranquilo.

Fue agresivo desde el fondo de la cancha. ¿Buscó eso?
Me faltó un poco de confianza en casi todos los partidos para estar cerca de la línea después de una buena bola, pero desde atrás me sentí fuerte, tuve agresividad, y devolví bien, cerca de la línea. Terminé jugando agresivo, pero más atrás de lo que me hubiese gustado.

¿Esta racha negativa también sirve para el hincha valore lo difícil que es el circuito?
No me quiero poner en el lugar del espectador, cada uno tiene derecho a opinar. Tengo claro los momentos difíciles que hay que atravesar en el año. Todos tenemos rachas mejores y peores. Vengo teniendo años espectaculares, en los últimos tres años ya tengo un torneo adentro en febrero. Estoy contento. Soy el primero que me exijo más, pero disfruto el lugar privilegiado en el que estoy y el esfuerzo que hago para lograrlo. Y esas ganas me mantienen la esperanza de seguir mejorando.

¿Le hubiese gustado seguir jugando sobre polvo?
Como gustarme me gustaría jugar todo el año en polvo de ladrillo (risas). Cada vez hay mas torneos sobre cemento, el año que viene hay grandes chances que Río sea sobre cemento, y eso hace que cada vez sea más difícil que se mantenga esta gira de Sudamérica. Ahora me voy a Estados Unidos, donde el año pasado no jugué bien, pero llego con envión y no tengo nada que perder.

¿Qué enseñanzas lleva a Estados Unidos?
Después de perder en Río volví a mi vieja y querida raqueta. Buscaba lo que conseguí con la otra (NDR: en enero dijo a Referí que buscaba más velocidad con una raqueta más corta), pero no sabía que al conseguirlo iba a perder control y sensaciones en la mano. Terminé ganando el dobles de Río con la raqueta vieja. Desde que la cambié agarré una linda racha. De todos modos no me salieron muy bien los segundos saques. Hice muchas dobles faltas. Necesito recuperar precisión con el servicio. Lo mejor que hice fue devolver, buscar esa agresividad desde el fondo.

¿Que pensó al sacar de abajo en el match point?
Venía de 12 dobles faltas, tenía la sensación de que con el segundo saque no tenía control. Siempre me he caracterizado por darle efecto. No lo venia sintiendo y en el segundo pensé que si hacía doble falta era un problema. Pensé en sacar de abajo, pero que por ahí no está tan bueno y menos en match point. Pero después me dije: 'No lo analices más'. Salió rápido. Y por suerte salió bien.

Ya muchos lo comparan con la picada del Loco Abreu.
Sí, vi que alguno lo dijo. Por lo que sé del Loco, estaba atento a cómo se iba tirando el arquero. Acá fue en el momento, me dije 'dale, no pienses mas'. Me terminó saliendo más corto de lo que pensaba, y tuve un revés para ganarlo, con un paso dentro de la cancha. No lo pude ganar con esa pero sí a los dos golpes, así que queda como una anécdota.

¿Le dijo algo Ramos-Viñolas?
No me dijo nada. Tengo buena onda con él y pienso que ni ahí lo tomó mal. Se daba cuenta que mi saque no era bueno, y que incluso los segundos habían ido muy despacio. No creo que haya pensado que lo hice sobrándolo.

¿Ese punto también va por aquello que quería de no pensar tanto y actuar?
Esta semana se hizo complicado, tenía un poco de dudas debido a que no venía de la mejor manera. Pero al volver a mi raqueta tradicional siento más control. Si bien en algunos tiros puede salir menos la pelota, sé lo que va a pasar. No fue de las semanas que he ganado con el mejor tenis, pero lo valoro mucho y me quedo contento. Ganar el título sin jugar bien incluso es más meritorio.

El insólito operativo para cambiar de raqueta

¿Cómo se dio el cambio de raqueta? ¿Lo habló con sus entrenadores Facundo Savio y Luli Mancini?
Después de Río salí de la cancha molesto, y ellos saben lo que siento. Luli (Mancini) se dio cuenta por un gesto. Me dijo: 'Si querés volver a la otra, tenemos que hacerlo ya'. Mi mujer esa misma noche buscó el primer vuelo, que era a las 3:30, y se fue al aeropuerto. Vio a un muchacho con buena onda, y le pidió si podía llevar el raquetero a Río. Le dijo que sí, un amigo fue a buscarlo al aeropuerto y al otro día a las 3 de la tarde ya estaba entrenando con la vieja raqueta.

¿Le quedó el contacto? ¡Le debe un premio!
No me lo quedé, pero le debo un regalo o una juntada con él (risas). Por suerte mi amigo tiene el contacto.

¿Cómo fue su reacción?
Me contó mi mujer que quedó sorprendido. Era un chico de 20 años. El padre decía: 'Obvio, llevásela', y el decía: '¡Qué vivo! Vos porque no tenés que cargarla', porque iba con una tabla también. Pero por suerte salió todo bien, entrené toda la semana con la raqueta. Todos pusieron su granito de arena.

¿Se trajo el trofeo que ganó?
Es una réplica un poco mas chica. Me dijeron que me lo llevaban, pero viajé a las 3 de la mañana así que quedó allá. ¡Lo voy a tener que reclamar! En realidad me vino bien porque me vine con un peso menos, siempre y cuando me lo manden. Pero no sería el primero que perdería. En un Challenger en Mestre gané y me dieron una copa de cristal, divina, pero en el viaje el cristal se hizo añicos. Era la más linda que había ganado. Se la llevé a un ingeniero y me dijo: 'Es imposible. Es más fácil que la ganes de vuelta'. Pero respecto a la de San Pablo, en el peor de los casos ya tengo dos, así que sé cómo es. Lo que importa son los recuerdos que quedan.

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