Cuevas contó la intimidad de su triunfo

Sereno, pero con mucha alegría, Pablo Cuevas celebró un nuevo título, junto a su novia y su entrenador hasta las 2 de la mañana

Llegó a la final tras tres partidos de clasificación y cuatro del cuadro principal, incluso jugando la semifinal en la mañana del mismo día de la definición.  ¿Cómo llegó a la final tan entero?
Ya desde el año pasado lo que mejor sentía era el feeling con la pelota. Ahora me estoy moviendo muy bien y, según me dijeron los que me ven, estoy muy rápido. Yo también lo siento así. El físico está espectacular y jugando me siento cada vez mejor. En la final me sentí agresivo y me iba dando cuenta porque muchas veces lo dejé parado o lo pude mover de un lado a otro. Eso ayuda por la motivación. Además, estar jugando un poquito más cerca de la línea me está permitiendo hacer las cosas mejor y me va a ayudar para dar un saltito más en cuanto al nivel de tenis.

Desde afuera también se lo ve más paciente para trabajar los puntos, más allá de esa agresividad. ¿Lo sintió así?
Sí. Es un conjunto. Uno se pone más agresivo en el juego y eso no quiere decir que esté más impaciente y empiece a tirar para definir en cada pelota. Al ser más agresivo muchas veces ayuda a estar más regular y cometer menos errores. Eso me lo digo yo mismo y le digo siempre a Bebu (el hermano). Ser agresivo no te tiene que llevar a errar más. A veces pegarle fuerte a la pelota te hace tener más control y al ganar algún punto rápido, ayuda a estar más descansado cuando vienen los puntos largos. Todo eso hace que uno esté mejor preparado y más predispuesto. Ser agresivo y estar cerca de la línea hace que el rival fuerce un poco más su juego. Con ese estilo de tenis, estando bien plantado, uno fuerza al rival y este termina errando más.

¿Qué cambio en Umag con respecto a Bastad, donde ganó el título hace 15 días?
Quizás la tranquilidad porque ya sabía de qué se trataba ganar un torneo. Me sirvió para la final, además de venir con impulso de confianza y saber que podía lograrlo. Eso ayuda a olvidarse de la categoría del rival, la instancia que está jugando y focalizarse y pensar solo en el punto y la táctica a emplear. Creo que manejé mucho mejor los momentos en que vienen esos pensamientos propios del espectador y que perjudican para definir.

¿Cuando Robredo recupera uno de los quiebres, pensó que se podía complicar el set y que cabía la posibilidad de tener que remar de nuevo?
Todavía tenía un quiebre, pero obviamente que iba a estar más tranquilo si no perdía el saque. Pero no sé si llegué a pensar en perder el set. Incluso en mi siguiente juego de saque arranqué 30-0, se me complicó 30-40 y lo pude salvar. Veía sí que se había complicado un poco, pero pude cerrar con tranquilidad y lo hice sin perder un punto en el último juego. Sin dudas que la semana de Bastad ayudó a la tranquilidad que necesitaba.

En la final de Bastad dijo estar tan enfocado que casi no pudo festejar. Esta vez se lo vio más consciente del momento.
Sí. Estuve más consciente de la situación y sabía que estaba, incluso, ante un rival de mayor nivel. Además sentía las reacciones del público que, si bien me alentó en todo el torneo, quería ver un poco más de tenis y que el partido fuera al tercer set. De todas maneras nunca se me fue la táctica de la cabeza.

Después que le cayó la ficha, ¿cómo celebró?
Con mi novia, con Facu (Facundo Savio, amigo y entrenador) y como casi todos los partidos, fui al mismo cuartito donde estuve haciendo bicicleta y estirando y festejamos ahí sacándonos algunas fotos con la copa. Después llegamos a la habitación y nos mandaron una torta y champagne y todavía estamos acá en la habitación celebrando y cada uno con su teléfono contestando todos los mensajes que mandaron desde Uruguay.


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