Cuevas, caído en batalla

Aunque peleó, Cuevas no encontró la vuelta a un partido impreciso y perdió con Mónaco

Fue una batalla intensa como el sol que cayó ayer sobre Buenos Aires. Pablo Cuevas intentó todo lo que pudo para vencer al argentino Juan Mónaco y meterse en semifinales del ATP250 de Argentina, pero no hubo manera de redondear un partido con muchos altibajos, parejo, en aciertos y errores:

Fueron dos horas y 38 minutos dramáticos, en los que el argentino logró sacar una cabeza y quebrar el último juego de saque de Cuevas para luego cerrar con su servicio un partido que parecía ir al tercer tie break. Mónaco logró la ruptura en el momento justo, cuando el uruguayo aparecía en su mejor momento, y bajó el telón con cifras 7-6(1), 6-7(4), 6-4.

 El primer set estuvo plagado de imprecisiones de ambos lados. Mónaco tomó la iniciativa, pero tres quiebres por lado llevaron un sufrido set al desempate, en el que Cuevas no pudo con la energía de su rival y la mayor movilidad que el argentino mostró en la cancha.

Los tres quiebres no fueron grandes obras de las devoluciones, sino que cada sacador ayudó muchísimo para que su rival tomara esa carta.

Cuevas inició el partido con quiebre abajo, porque de movida cedió su servicio. Se hizo cuesta arriba y cada vez que empardó, Mónaco evitó que pudiera confirmarlo al juego siguiente.

Pero la devolución de favores fue el denominador común. Tanto que el octavo, noveno y décimo juego se fueron para quien recibió. Recién tras el quiebre para 5-5 pudo confirmar 6-5, pero Mónaco hizo lo propio y estiró el parcial al tie break, donde se vivió un resumen de lo sucedido en el set. La diferencia fue que los errores de Cuevas fueron más que los de su rival y solo pudo robar un punto de los ocho jugados.

Pese a que no se estaba viendo un juego de mucha calidad, la tensión y los nervios dentro y fuera de la cancha lo hicieron un encuentro dramático.

Al uruguayo le costó meter sus primeros servicios (apenas el 59% contra 80% de su rival) y nunca se vio cómodo con el juego de Mónaco. También los puntos largos que planteó el argentino le fueron difíciles a Cuevas.

Pero en el segundo set llegó su reacción casi heroica. Cuevas mantuvo su andar dubitativo hasta quedar 2-5 abajo y con el saque el argentino, pero aún con un dolor de espalda encima empezó a mostrar la agresividad en su juego que hasta allí había faltado. Así logró dar vuelta el partido y forzó el tie break , en el que dominó con su servicio hasta llevarse el desempate 7-4, para pasar a tener una leve ventaja anímica en el tercero, pese a que el físico le daba cada vez más señales de agotamiento.

Volver a empezar
Todo empezaba de nuevo: después de sufrir tanto calor y desgaste, estaban empardados. Y Cuevas por fin pudo ponerse por primera vez arriba en el partido cuando ganó su juego de saque e inició 1-0 la tercera manga. De todas maneras, nunca logró estar un quiebre arriba y eso significó tener siempre la responsabilidad de darlo vuelta.

La tensión había aflojado, pero al llegar la recta final del partido, fue a todo o nada. Cuevas intentó variar la velocidad de bola, buscó ser más protagonista y en parte lo logró, pero en el noveno juego se desmoronó el esfuerzo. Porque en dos pelotas hipotecó la posibilidad de obligar a Mónaco con su servicio. Con el marcador 4-4, una doble falta le dio el break point al argentino y una derecha afuera de Cuevas la ventaja de 5-4.

Esa vez ya no hubo más chance de recuperación, porque Mónaco cerró el partido plasmando el 6-4 que desató la ovación del grueso del público que llegó en gran número al estadio del Buenos Aires Lawn Tennis Club.

Para Cuevas se terminó la gira sudamericana en polvo de ladrillo y, después de jugar Copa Davis ante Colombia en Montevideo, será turno de las canchas de cemento de los Master 1000 de Indian Wells y Miami. Mostró un gran nivel en el arranque, y en Buenos Aires dejó la sensación de que, aún con altibajos, pudo estar más cerca de otro gran triunfo. l


Fuente: enviado a Buenos Aires

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