Cuando ser local no pesa

El equipo de Fabián Coito se preparó especialmente para jugar en casa y todos los objetivos están intactos a falta de dos fechas

La selección uruguaya sub 20 apronta los pasajes para el Mundial de Nueva Zelanda, se ilusiona con los Juegos Olímpicos y mira de reojo la copa. La presión y la responsabilidad de jugar en casa, lejos de debilitar el potencial del equipo lo agrandó. En el mejor sentido de la palabra.

Un mes antes de comenzar el torneo, el entrenador Fabián Coito le comentó a El Observador: “Es obvio que nos van a pedir el campeonato, pero trataremos de que eso que genera jugar en casa no nos distorsione la preparación y la forma de encarar el torneo. Es una categoría pareja y no hay que enloquecerse”.

Y así fue. Uruguay ganó un grupo que en la previa parecía muy complicado (Brasil, Colombia, Chile y Venezuela) y ahora lidera el hexagonal final junto con Argentina.

La sub 20 se preparó para jugar de local. El tema fue objeto de charlas con psicólogos.

El último antecedente de una sub 20 jugando en casa había sido muy malo ya que en 2003 Uruguay logró clasificarse al hexagonal final, pero quedó afuera del Mundial ocupando el quinto puesto de la ronda decisiva.

Mucha agua corrió debajo de aquel puente. En 2006 desembarcó Óscar Washington Tabárez con un proyecto integrado de selecciones en la AUF.

Y desde entonces, Uruguay no faltó a ningún Mundial sub 20 mientras que en sub 17 solo quedó afuera en 2009.

La campaña de este equipo de Coito no es casualidad. Y el hecho de manejar la carga de ser locales tampoco.

A la celeste le queda enfrentar a Colombia y Argentina, dos durísimos rivales. Con un punto de los seis que le quedan jugar, se clasificará al Mundial. Si es campeón obtendrá boleto para los Juegos Olímpicos. Si es segundo –o es el primero detrás de Brasil– irá a un repechaje para Rio 2016.

La ilusión está intacta. Porque el empuje de la hinchada, lejos de ser agobio es motivación pura.


Fuente: El Observador

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