Cuando se rompen los códigos

Carmelo Anthony acusó a Kevin Garnett, en un partido de NBA, de ofender de palabra a su esposa; para sacar a un rival del juego, ¿vale todo o hay límites?

Carmelo Anthony estaba sacado. Y en el último cuarto se le fue al humo a Kevin Garnett. Después lo corrió hasta el vestuario. Y finalmente lo esperó a la salida.

El lunes, Boston Celtics derrotó como visitante a New York Knicks 102-96 y Garnett fue clave al tomar la marca de Melo, como apodan a Anthony, cuyo poderío goleador se vio reducido a seis dobles en 26 intentos.

Pero no fue la impotencia de la derrota lo que sacó a Anthony, un 2,03 metros de 103 kilos.

Fueron ciertas palabras de Garnett, veterano de 36 años, 2,11 metros y 114 kilos, las que motivaron la bronca de la estrella de los Knicks.

“Hay ciertas cosas que uno simplemente no le dice a los hombres, a otro hombre. Siento que rebasamos un límite, pero, como dije, ambos tuvimos ahora mismo un entendimiento, lo manejamos de una manera u otra. Nadie necesita saber qué se dijo a puertas cerradas, así que esa situación fue resuelta”, declaró Anthony a los medios.

El alero no reveló cuál fue el insulto que motivó su molestia.

¿Por qué? Porque en el deporte hay una regla no escrita que dice que lo que pasa en la cancha se termina en la cancha. Es el primer artículo de los códigos deportivos.

Para contrarrestar ese silencio que impide repartir culpas y conocer los valores morales que se esconden debajo de las camisetas están los rumores.

Black Sports Online publicó que Garnett le dijo a Anthony: “Tu esposa sabe a Honey Nut Cheerios”, una marca de cereales estadounidenses.

El sitio web, además, publicó que Garnett tiene fama de malhablado y recordó un episodio patético: “Feliz día de la madre”, le dijo a Tim Duncan, poco tiempo después de que el ala-pívot de San Antonio Spurs perdiera a su madre a causa de una enfermedad terminal.

Este tipo de incidentes plantea el maquiavélico interrogante del fin y los medios en el ámbito deportivo.

Con tal de ganar, ¿un deportista puede hacer cualquier cosa en contra de un rival?

Aplicar todo tipo de artimañas físicas fue una metodología que hizo grande a Estudiantes de La Plata en la década de 1960. Desde pinchar con alfileres a los rivales hasta rellenar bidones con narcóticos para convidarles agua.

Pero, más allá de lo físico, dar el paso hacia el terreno psicológico para atacar al rival puede ser más violento que un codazo o un golpe a traición.

En 2004, jugando por Cagliari, Nelson Abeijón recibió una provocación de parte de un rival que se refirió despectivamente a la discapacidad de un familiar.

En la final del Mundial de 2006, Zinedine Zidane le dio el cabezazo más famoso de la historia a Marco Materazzi porque este insultó a su hermana o a su madre, según distintas versiones.

En 1998, Robert Lima corrió por toda la cancha a Marco Vanzini tras perder un clásico. Siempre se dijo que el volante de Nacional –gran ganador de clásicos– lo provocó refiriéndose a su esposa.

José Luis Chilavert justificó algunos exabruptos en la cancha –como el escupitajo ante Roberto Carlos– alegando haber recibido insultos raciales. Pero por su condición de provocador nato casi pierde una pierna en una entrada de atrás de Óscar Ruggeri.

La lista es mucho más larga. Siempre hay quienes están dispuestos a todo con tal de ganar un partidito. Sin medir la bajeza en la que pueden caer.



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