Cuando los de traje son dueños de la copa

Ya está en Uruguay en medio de extremas medidas de seguridad; descansa en una suite fuertemente custodiada y no puede ser tocada por nadie más allá de quienes la ganaron y el presidente de país

La Copa del Mundo llegó a Uruguay. Se montó un terrible dispositivo de seguridad. El trofeo descansará en una suite y es poco menos que la corona de la reina. ¡No se imaginan lo que fue el descenso de la copa del avión! Un protocolo inimaginable. Y pensar que esto es fútbol…

Vivir esta experiencia permite diferenciar claramente que existen dos copas del mundo: la de los dirigentes y la de los futbolistas.
 
La copa de los dirigentes

Viaja en avión, encapsulada y bajo estrictas medidas de seguridad. Cuando la nave aterrizó en el aeropuerto de Carrasco se montó un dispositivo increíble. Decenas de personas aguardaron en la pista más de media hora hasta el momento de bajarla. Dicen que no puede salir nadie del avión antes que el trofeo. Allá a lo lejos se veía una tarima de la FIFA en la que depositaron la copa dos minutos. Luego la taparon, como el mejor de los tesoros.

El trofeo fue llevado en un cortejo pocas veces visto al hotel Sofitel Carrasco, donde descansó en una suite, al mejor estilo de un jefe de estado. Su custodia estuvo a cargo de hombres de la FIFA, un policía en la puerta de la habitación y otro apostado en el pasillo, además de guardias de una empresa especialmente contratada distribuidos por todas las inmediaciones del hotel.

La copa del mundo de los dirigentes solo puede ser tocada por futbolistas que la hayan ganado y presidentes. Para el resto de los mortales está prohibida. Si el presidente José Mujica no concurre a la ceremonia de presentación y cede su lugar al vicepresidente Danilo Astori, éste no podrá tener el trofeo en sus manos.

El viernes, 14 mil uruguayos podrán sacarse una foto. Pero no con su cámara. Se dispondrá de una máquina que sacará la foto y la entregará en el momento. Se les permiten seis segundos para posar.

La comitiva de la FIFA se alojó en el mismo hotel del trofeo. Solicitaron remises individuales a su disposición a lo largo de toda su estadía en Montevideo.

La Copa de los jugadores

El técnico de Uruguay, Oscar Tabárez, tiene una frase de cabecera que pinta de cuerpo entero lo que es este deporte: “el fútbol es cosa de futbolistas. Todo lo que uno pueda hacer queda de lado. Lo resuelven ellos dentro de la cancha”.

Cuando termina la final del Mundial el trofeo es entregado al capitán del equipo que, con su camiseta empapada en sudor, el rostro desencajado y a veces embarrado con las huellas del partido, la levanta y la besa.

Enseguida se la pasa al resto de sus compañeros que la hacen de goma. Aquel protocolo empleado para sacarla del avión en Uruguay se va al diablo. En momentos como esos la copa recorre la cancha de mano en mano, la depositan en el pasto, la tocan los jugadores, los entrenadores, los ayudantes y hasta el que maneja el ómnibus que trasladó al plantel a lo largo del Mundial.

Después la meten en un vestuario, nada de andar descansando en una suite de hotel. La mojan cuando todos se tiran agua en la locura del festejo. Y finalmente el campeón la trae en un avión. La suben a un bus y la pasean por toda la ciudad en medio de la algarabía de la gente. Más tarde es probable que vaya a la casa presidencial y la toque desde el presidente hasta el último de los políticos.

Qué simple es el fútbol. Qué protocolar pretenden hacerlo algunos.


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