Cuando la pasión se lleva en la sangre

Walter Pandiani y su hijo Nicolás, quienes ya jugaron juntos en España, defenderán a Miramar Misiones; a lo largo de la historia muy pocos padres se dieron semejante gusto

Dedicarse al fútbol, llegar a Primera, jugar en un grande, anotar en un clásico, ser campeón uruguayo, pasar a Europa y permanecer por años en el alto nivel. Walter Gerardo Pandiani alcanzó todos esos logros en su carrera. Pero jugar profesionalmente junto a su hijo tal vez sea el logro más gratificante de su rica trayectoria. 

Desde la semana próxima, el Rifle y su hijo Nicolás jugarán juntos en Uruguay. Sí. A los 37 años, después de 13 temporadas de jugar en el fútbol español, el Rifle pega la vuelta para jugar en Miramar Misiones. Con el nene.

“Está todo arreglado”, dijo ayer a El Observador el presidente de los cebritas Hugo Casada.

“El domingo 3 de noviembre debutarán frente a Peñarol”, agregó. Ambos futbolistas arribarán a Uruguay entre viernes y sábado de esta semana.

Padre e hijo ya llevan un año compartiendo equipo pero tienen un solo partido jugado juntos.

A mediados del año pasado estuvieron en Villarreal, que venía de perder la máxima categoría.

El padre jugó varios partidos pero el hijo no estuvo en ninguno ni en el banco de suplentes.

Pandiani, que al llegar anunció que quería marcar entre 15 y 20 goles para devolver a Villarreal a Primera, fue habitualmente suplente y anotó solamente dos.

Nicolás ni siquiera fue tenido en cuenta en la Copa del Rey, donde el equipo quedó eliminado en el primer partido. 

Eso llevó a la familia a cambiar de aires y en febrero de este año se fueron a Atlético Baleares, de la Segunda B, tercera categoría del fútbol español.

En el semestre, solo jugaron un partido juntos. Fue el  12 de mayo cuando Baleares perdió 2-1 ante Sant Andreu.

Para el Rifle fue motivante: anotó su único gol en el equipo y en la temporada, ya que en el Submarino Amarillo no marcó.

Era la penúltima fecha y el equipo ya no tenía chances de ascender, ya que terminó undécimo en el Grupo 3.

Nicolás había estado en otros dos partidos en el banco y en ese encuentro salió a los 64’.

En Miramar, con Gonzalo De los Santos como entrenador, esperan escribir una historia juntos pero con más minutos en cancha.

Los Pandiani serán los segundos futbolistas padre e hijo en jugar juntos en el fútbol uruguayo.

En el camino de los Morales
El antecedente es bastante cercano en el tiempo: los Morales. El hecho ocurrió el 24 de agosto de 2008 en la cancha de Wanderers en la derrota 2-1 ante Peñarol en el arranque del Apertura.

Morales, quien venía de jugar en Danubio (tras un gran pasaje por Defensor Sporting) fue titular y su hijo Juan Manuel (actualmente en El Tanque Sisley) ingresó a los 10’ del segundo tiempo. El padre tenía entonces 38 años y su hijo contaba con 19 primaveras.

El hijo comenzó a dar sus primeros pasos futboleros en River Plate, equipo del que surgió su padre y al que retornó en 2007, tras 15 temporadas en el exterior. 

“En River no sabían que era mi hijo y fue como uno más. Luego se alejó del club porque viste cómo es el tema, empiezan a pensar que jugaba porque era mi hijo, y se fue a Wanderers, donde realizó toda su carrera”, contó entonces el padre a El Observador.

“No esperaba esto del fútbol. Uno cuando empieza lo hace pensando en hacer una carrera, marcar historia y que tu familia disfrute y hoy, que un miembro de la familia forme parte del mismo equipo, es un logro importante”, dijo Morales padre, quien dirigió este año a San Luis de México tras iniciarse en la conducción técnica en River Plate.

Poco después, Morales tuvo que remarla en Segunda División, en Sud América, y el equipo que los privó de ascender, El Tanque Sisley, lo contrató en Primera.

Pocos en el mundo
Tres meses antes de que los Morales jugaran por primera vez juntos, en Perú se dio la misma situación entre Juan Carlos (40) y Carlos Alonso Bazalar (18), en Cienciano.

A nivel mundial, el caso más emblemático es el de Eidur Gudjohnsen, el goleador histórico de la selección de Islandia (exChelsea y Barcelona) que se estrenó con su país a los 17, en 1996, sustituyendo a su padre Arnor (35), en un caso inédito en la historia del fútbol.

Otros casos
Lo que sí es frecuente ver, tanto en el fútbol uruguayo como en el internacional, es a un entrenador dirigiendo a su propio hijo. Pasó años atrás con Raúl y Ricardo Moller, en Cerrito, y con grandes del fútbol mundial como Johan Cruyff y su hijo Jordi en Barcelona o Cesare Maldini y Paolo en el Milan.

Otros deportes
Fuera del mundo del fútbol, un recordado caso de padre e hijo juntos en una cancha fue el de Luis Eduardo Pierri y Marcel en el plantel de Bohemios en 2007.

“¿Cuándo me voy a retirar? Cuando juegue con mi hijo”, decía Pierri cuando con más de 40 años a cuestas seguía jugando como si nada en el medio local.

Y al final se le dio, en el Metropolitano de 2007 donde el albimarrón, dirigido por Ramiro De León, terminó siendo campeón. Pierri padre tenía 44 y el hijo, un alero de 1,98 metros, 15.

Mucho menos conocido es el caso que se dio en un deporte de los más chicos que se juegan en Uruguay: el hockey sobre patines.

Cuando Uruguay organizó en el Cilindro el Mundial B de 2006, un padre e hijo integraron la selección uruguaya: Ramón Liébana, arquero suplente entonces de 45 años, y el defensor Francisco, de 18, ambos jugadores de Cesope.

Ahora la historia la escribirán los Pandiani.  


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