Cuando la imagen no lo es todo

La tenista rumana Simona Halep debió someterse en 2009 a una operación de reducción de senos para mejorar su juego: en 2013 fue la jugadora más evolucionada de la WTA y esta semana goza de su mejor ranking histórico

Simona Halep va a contramano de las tendencias. En la era de la silicona, la tenista decidió enderezar su carrera reduciendo el tamaño de sus pechos. La operación fue un éxito: la jugadora nacida en Rumania está en su mejor momento deportivo.

“Mi capacidad para reaccionar rápido era mala y mis pechos me hacían sentir incómoda”, dijo a los medios ingleses durante su primera aparición en Wimbledon, en 2011.

Mide 1,68 metros y sus dolores de espalda eran constantes. Además, Halep, no se sentía cómoda con su figura exuberante: “No me gustaban en mi vida diaria. Me hubiera hecho la cirugía aún si no fuera deportista”, agregó.

Su imagen de 2011 ya contrastaba con la que había mostrado en su primer Grand Slam, Roland Garros 2010, donde debutó con triunfo en primera ronda ante Darya Kustova y logró avanzar hasta octavos de final cayendo ante Samantha Stosur.

Esa misma temporada, a los 17 años, Halep se sometió a la operación y estuvo 56 días afuera de las canchas.

Los resultados comenzaron a aparecer. Tal vez muy lentamente para quien fuera campeona de Roland Garros en categoría junior, en 2008, número uno del ranking de la categoría y ganadora de seis títulos ITF.

En 2010 llegó a su primera final WTA en Fes, Marruecos, pero cayó ante la checa Iveta Melzer.

Un año más tarde y por el mismo torneo perdió con la italiana Alberta Brianti.

En Bruselas 2012, la tercera no pudo ser la vencida porque chocó con la polaca Agnieszka Radwanska en la definición.

Pero Halep no se rindió. Y a partir del segundo semestre del año pasado comenzó a remontar vuelo. ¿Dónde? En Roma. ¿Por qué? Le ganó a cuatro importantes jugadoras del circuito: Svetlana Kuznetsova, Radwanska, Roberta Vinci y Jelena Jankovic antes de caer ante Serena Williams en semifinales.

Llegó como 64 WTA y salió 44. “Fue una semana increíble para mí. Es difícil pensar en hasta dónde puedo ir ahora, porque es un trabajo duro y cada semana es difícil para todas las jugadoras, así que solo hay que seguir adelante y trabajar y esperar a ver qué pasa”, declaró entonces al sitio web de la WTA.

Hasta Roma, que se juega en mayo, la rumana tenía un récord de ocho partidos ganados y 10 perdidos en la temporada.

Desde ese torneo en adelante su racha fue impresionante: 45-8, ganando seis de los 14 torneos a los que se presentó.

Su primer trofeo lo levantó en Nuremberg al vencer a la alemana Andrea Petkovic, luego de su decepcionante pasaje por Roland Garros, donde cayó en primera ronda ante la española Carla Suárez Navarro.

Posteriormente se impuso en Hertogenbosh (contra Kirsten Flipkens), Budapest (a Yvonne Meusburger), New Haven (a Petra Kvitova, campeona de Wimbledon 2011). Moscú (a Samatha Stosur, campeona del US Open 2011) y Sofía (otra vez a Stosur).

Terminó el 2013 en el 11º puesto del ranking y la WTA la condecoró como la jugadora más evolucionada del año.  

“Ojalá que pueda jugar el próximo año, como he jugado este”, expresó.

Y así lo hizo: llegó a cuartos de final del Abierto de Australia en su mejor actuación en un Grand Slam, ganó el torneo más importante de su carrera, Doha, y saltó al top 10.

La alemana Angelique Kerber fue su rival en la final del Qatar Total Open, el trofeo más pesado de los que ganó. Los que obtuvo en 2013 repartían US$ 800 mil en premios, este fue de US$ 2.440.070.

Eso le permitió llegar al noveno puesto WTA y esta semana trepó al séptimo, alcanzando la mejor clasificación histórica de una rumana.

Ahora debe consolidarse. 


Fuente: El Observador

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