Cuando el fútbol es la propia vida

El presidente de Peñarol dialogó de todos los tópicos con Referi

Eduardo Espina

En la noche estrellada del 31 de octubre de 1981, Peñarol perdió con Cobreloa 1-0, en el estadio Centenario, por las instancias semifinales, y quedó eliminado de la Copa Libertadores. En las tribunas se respiraba una mezcla de tristeza y decepción, pues las cosas en la cancha no habían salido. Esa noche mi finado padre se fue a dormir sin decir una palabra. Habíamos quedado destrozados. Después del partido fui a entrevistar al presidente aurinegro, Washington Cataldi, con el cual había hablado previamente de la entrevista, y me dijo: "En las derrotas, lo mejor es no hablar. Venga el año que viene, pues de esta derrota nos vamos a recuperar, siempre nos vamos a recuperar". Aprendí mucho esa noche de la respuesta de Cataldi (el fútbol es uno de los grandes sinónimos de la vida), y esperé que el tiempo pasara.

Al año siguiente, Peñarol salió campeón de América, derrotando de visitante, en un partido imborrable, al propio Cobreloa en su cancha de Calama, con aquel gol de Morena en el último suspiro del partido. Peñarol, institución con una historia reconocida a nivel mundial, ha tenido grandes presidentes para quienes el presente no puede estar disociado del futuro. Juan Pedro Damiani (14 de junio de 1958), su actual presidente, es uno de ellos. Es uno de los presidentes, como todos sus ilustres predecesores, en tener una visión dinámica, y con perspectiva, de la historia del club, la cual nunca puede ser traicionada. La gloria no es fácil de alcanzar y aún más difícil es preservarla. En esa línea de incuestionable fidelidad a una historia construida por momentos épicos que le han hecho bien a todo el Uruguay, se sitúa el gran trabajo que Damiani ha venido realizando desde su llegada al cargo más alto de la institución. Hoy, precisamente, Domingo de Pascuas, esa visión viene a quedar coronada por un logro fenomenal: la inauguración del estadio de Peñarol, con el cual el club aurinegro entra en su propio futuro. Es un sueño colectivo que ha quedado cumplido. Es otra de esas cosas con grandeza incluida que le hacen bien a todo el país.

En una de las semanas más ocupadas de su vida, y con una deferencia que mucho se agradece, Juan Pedro Damiani tuvo tiempo para responder a las preguntas de El Observador.

Dijo el escritor Albert Camus que todo lo que sé "acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol". ¿Qué aprendió usted con el fútbol? ¿Qué lecciones que le ha dado?

El fútbol es la vida resumida en 90 minutos. En la vida, como en un campo de juego, hay solidaridad, hay competencia, hay rebeldía, hay egoísmo, hay compañerismo, hay pasión.

¿Cómo fue su infancia? ¿Jugó de chico al fútbol? Me imagino que el hecho de ser hijo de una leyenda de la dirigencia del fútbol uruguayo debe haber tenido una gran influencia en el desarrollo de su pasión por dicho deporte y por el club que ahora preside.

Efectivamente, fui al Colegio Seminario y en todos los recreos y hasta después de hora, jugábamos al fútbol. Al principio éramos solo varones, después se hizo mixto. Fueron mis primeros acercamientos al fútbol. Después jugué en ADIC, siempre de centrodelantero, y en la Liga Universitaria. Diría que era un 9 aguerrido (risas).

¿Qué lecciones esenciales de la vida aprendió con su padre y cuáles les ha trasmitido a sus hijos?

El Viejo me dejó muchas enseñanzas, para toda la vida. En primer lugar, la disciplina. Y tan importante como eso, el trabajo, la excelencia, la honradez y el valor de la amistad y de la familia por sobre todas las cosas. Son valores que me trasmitió, que me grabó a fuego, y que trato de inculcar a mis hijos.

Usted es un hombre de familia. ¿Cree que la familia está en crisis en la época actual y por consiguiente hay una pérdida grave de valores y un aumento pronunciado de algunas lacras sociales, como el uso de drogas y la violencia?

Es muy triste, pero es así. Los valores que nos enseñaron nuestros mayores están en crisis. Vivimos un tiempo de un doloroso relativismo. La familia se va desintegrando. Se pierde el diálogo, el respeto, la educación. Como en el tango de Discépolo, todo da igual, nada es mejor. Hay una tendencia creciente en romper con todo y con todos. Al que intenta hacer al que pegarle, al que cuestionarlo, hay que derribarlo. Las redes sociales y los avances tecnológicos, que nos abren un campo enorme para el conocimiento y el desarrollo personal, son sin embargo utilizadas para denostar, para herir. Reina la inmediatez y lo material, por sobre todo lo que era y debería seguir siendo esencial. Y entonces no hay paciencia para nada. Todo tiene que ser ya mismo y como yo quiero. Y las redes sociales terminan siendo un campo fértil para alguna gente que sólo quiere destruir. Que sólo sabe destruir. Como decía Umberto Eco, en las redes sociales un idiota tiene el mismo espacio que un Premio Nobel.

¿Cuál es el secreto para mantener al matrimonio vigente y a la familia unida?

La paciencia, la tolerancia y la comprensión. No hay otra fórmula.

¿En qué contribuye el fútbol al mejoramiento de una sociedad?

Creo que permite a mucha gente, en un mundo en que la vida producto de las frustraciones genera ese mundo artificial, vincularse a un colectivo que pretende ser siempre exitoso. El sentido de pertenencia.

¿Qué problemas hay en el fútbol uruguayo que no se han solucionado, que nadie ha sabido solucionar y que deben ser solucionados?

Primero que nada, la violencia. Es un flagelo terrible, y estoy cada día más convencido de que tenemos que estar todos unidos y trabajar en conjunto, los Clubes, las autoridades, la justicia y la sociedad globalmente, para poder enfrentar y derrotar a los violentos. Si se logra realmente sancionar a quienes causan los disturbios, vamos a empezar a mejorar. Pero es una tarea impostergable, y de todos.
En segundo término, la viabilidad económica del fútbol, que en el mundo es una industria en alza.
Y por último la mejora en la infraestructura en todos los niveles, como lo ha hecho Peñarol. Hemos invertido mucho en mejorar nuestra infraestructura en todos los niveles. Hicimos un estadio que es orgullo para Peñarol pero también debe serlo para el país. Pero además levantamos un Centro de Alto Rendimiento, mejoramos nuestros campos de entrenamiento y nuestro local de concentración. Trabajamos duro para dar a los jóvenes que estamos formando todo lo que necesitan para desarrollarse en plenitud. Ese es el camino.

El otro día vi una foto reciente suya, parado en el césped de la cancha del nuevo estadio de Peñarol y su rostro denotaba una felicidad y una paz propia de quien ha logrado algo importante. ¿Cree que la construcción del estadio es el gran legado que usted le deja a Peñarol, o hay algo que todavía no ha conseguido y que le gustaría lograr durante su tiempo como presidente de la institución?

Efectivamente, es un sueño al que le pusimos mucha energía y mucha pasión. Creo que es el máximo legado, sin olvidarnos del Centro de Alto Rendimiento, la mejoría en Los Aromos y el Palacio Peñarol, y en la transformación en todos los ámbitos del Club. Obviamente en el tiempo que me resta, siempre uno sueña con los máximos logros deportivos. Pero se equivoca el que cree que son cosas que pueden andar separadas. Hay que ordenar al Club en todos sus aspectos para poder aspirar, en este mundo en el que vivimos, a cosas importantes.

En las elecciones de Peñarol siempre ha ganado por amplio margen. En las semanas previas a los comicios parece imponerse la percepción de que algún otro candidato lo va a derrotar, pero siempre termina ganando usted, y de manera cómoda. ¿A qué le atribuye la constante vigencia de su imagen, de su credibilidad?

Primero, el agradecimiento a los socios de Peñarol que en situaciones a veces deportivamente adversas, han confiado en mi conducción y en el equipo de trabajo que me acompaña.
Si tuviera que buscar una razón para lo que usted plantea diría que el socio, al momento de votar, tiende a mirar más allá de los 90 minutos de un partido. Tiene la obligación de evaluar una gestión de tres años y de proyectar otros tres años de la vida del club.
Soy un eterno agradecido por el apoyo que los socios me han dado.

¿Qué es lo más difícil de ser presidente de una institución con prestigio mundial como Peñarol? ¿Mantener equilibradas las finanzas, ganar campeonatos, producir jugadores destacados, saber a quién contratar y cuando despedir, qué?

Todo, porque en definitiva uno gobierna el colectivo más importante del país y además maneja emociones y pasión, y debe compatibilizar las mismas con escasos recursos y a veces nos es fácil conjugar la pasión y la razón.

Cincuenta años después, aún recuerdo como si fuera ayer la felicidad que me trajo el triunfo de Peñarol contra River Plate argentino en la final de la Libertadores de 1966, o el gol de Morena contra Cobreloa, en el último minuto de la final de la Libertadores de 1982. Los momentos de felicidad absoluta asociados a un partido de fútbol son eternos. ¿Por qué cree que es así, por qué el fútbol nos genera sentimientos tan poderosos?

Por su emoción y porque es lúdico. Los colores son algo tan fuerte... uno se puede cambiar de nacionalidad, estado civil, trabajo, pero no de los colores, eso es una relación indestructible.

Desde que tiene memoria como hincha de Peñarol, ¿cuál es el momento de gloria aurinegra que más recuerda y que no cambiaría por ningún otro?

El gol de Diego Aguirre contra el América de Cali en 1987.

En 2009 Peñarol fue declarado como el Club del Siglo de América del Sur, por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS). Supongo que cuando comenzó el siglo XX los dirigentes de entonces no pensaron que tal logro sería conseguido. A usted le ha tocado comenzar el siglo XXI al frente de Peñarol. ¿Cree que en este siglo será posible emular el logro del siglo anterior?

Estamos sentando las bases para que Peñarol tenga un siglo XXI muy importante, pero va a ser más difícil, producto de la globalización. Lo que sí sentimos es que estamos poniendo los cimientos para que en este siglo Peñarol pueda ganar como en el siglo pasado a nivel local, y encontrar en sus formativas las estrellas que en el futuro nos darán alegrías a nivel internacional. Es un trabajo duro, que lleva mucho tiempo y muchos recursos, y que seguramente disfrutarán otros dirigentes. Pero había que sentar esas bases y sentimos que lo estamos haciendo.


Uruguay es un país en el cual el fútbol hace un gran aporte a la sociedad. ¿Cree que debería haber un ministerio dedicado exclusivamente a este deporte, así como en países petroleros hay un ministerio de petróleo?

Creo que todo lo que genera el fútbol en la sociedad uruguaya, ingresos, las publicaciones de los medios que ocupan sus espacios deportivos más con el fútbol que otras actividades y además, el fútbol es la marca más importante que tiene el país. Creo que sería bueno cuidarlo más y ojalá que la nueva Secretaría Nacional del Deporte pueda incidir en su beneficio.

El fútbol es también una veta para la industria editorial. Hay muchos libros sobre fútbol, algunos incluso con éxito mundial, como El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano, creo yo, su mejor libro. ¿Le interesa el fútbol como tema? ¿Lee libros sobre fútbol?

He leído varios libros de fútbol. Uno que recomiendo es "La pelota no entra por azar" de Ferrán Soriano, que no tiene desperdicio y es aplicable no solo al fútbol, sino en otros ámbitos, asimilándolo a lo que es, una gran empresa.

Así como hay gran cantidad de libros sobre fútbol, casi no hay películas. ¿Por qué será? Hay infinidad de muy buenas películas sobre el boxeo, sobre el béisbol, sobre el fútbol americano, incluso sobre el básquetbol y sobre el hockey (Rollerball), pero ninguna memorable sobre el fútbol. ¿Por qué será? Parece increíble que en un país como Uruguay a nadie hasta la fecha se le haya ocurrido hacer una película sobre Maracaná, un tema que tanto da para imaginar y fabular, o una para recrear algún momento mítico, como el gol de Diego Aguirre en el minuto 120 contra el América de Cali en Chile.

Primero, hay dos películas de Peñarol, una que se ocupa de lo que es la pasión por el Club, sobre la Copa Libertadores, que es muy conmovedora por lo que genera Peñarol. Y la otra, sobre la hinchada de Peñarol. Sin embargo, cuando prenda el deporte en Estados Unidos, que es la meca del cine, seguramente habrá muchas más, porque es pura emoción y pura pasión.

Usted es un hombre de fe, católico; ¿es difícil mantener la fe y la creencia en valores trascendentes en un mundo material, en el cual la superficialidad es recompensada? ¿Cómo se puede?

Creo mucho en Dios y realmente la pregunta sintetiza lo difícil que es, pero la base siempre es la misma, la fe, creer sin pruebas a la vista.

¿En dónde encuentra a Dios en la realidad?

En la naturaleza.

Si le dijera, "quiero hacer una biografía sobre su vida, con la condición de que contara todo y no hubiera temas vedados", ¿qué me diría?

No tengo problema, faltan inversores.

La lápida del boxeador Jack Dempsey dice: "Una persona gentil y un caballero". La del escritor Francis Scott Fitzgerald: "Así seguimos, golpeándonos, barcos contracorriente devueltos sin cesar al pasado". La del actor Peter Finch: "Actor distinguido, / Marido y padre amado/Siempre en nuestros corazones". ¿Qué le gustaría que dijera la suya?

Que a todo lo que emprendí en la vida le puse mucha lucha y pasión, pero fundamentalmente que soy un muy buen amigo de los amigos.


Juan Pedro Damiani: En una frase

Un gol inolvidable: Diego Aguirre, en 1987

Un entrenador: Don Roque Máspoli

Un futbolista: Fernando Morena

Otro club aparte de Peñarol: Real Madrid.

Su día más feliz: El nacimiento de mis hijos y nietos. Y el día de la inauguración del Campeón del Siglo, un gran sueño que logramos volver realidad.

Su día más triste: Dos, el del fallecimiento de mi padre y el de mi madre.

Un recuerdo que ha vencido al olvido: Mis padres.

Una pregunta que nunca le han hecho: No se la cuento, para que no me la pregunten.


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