Conozca al uruguayo que conquistó Latinoamerica surfeando

El uruguayo Luis María Iturria es el nuevo líder del surfing latinoamericano. Todo sobre él en esta nota

Luis María Iturria nació el 4 de abril de 1981 en Punta del Este. Fue criado frente al mar, su casa compartía la construcción con el conocido restorán de la península, Mariskonea -que tenía un criadero de mariscos propio- en donde “Luisma” pasaba buena parte del tiempo.

A los 10 años, su hermana mayor que hacía bodyboard, lo metió al agua. La tabla, que está hecha para andar acostado, Iturria la usó para pararse una y otra vez hasta que le compraron una tabla de surf. A los pocos meses el talento innato del joven se hizo notar y muchos de los mejores lo destacaron como una de las más grandes promesas del surfing nacional.

Todas estas expectativas vertidas sobre él a lo largo de más de 20 años de surfing, se hicieron realidad ayer, 25 de noviembre de 2012, cuando se consagró Campeón Latinoamericano de Surf de forma adelantada.

Luisma tuvo siempre un gusto especial por las olas grandes y los tubos, a los quince ya estaba deslizándose con estilo por las cavernas de Puerto Escondido. Compitió bastante y entre sus tantos eventos logró meterse en los cuartos de final de una etapa del circuito mundial con 16 años, a los 17 fue Campeón Nacional Open y Junior y en el 99 repitió la hazaña en la Open. Pero la decadencia de las organizaciones de surfing uruguayas lo llevaron a ser un puro free surfer, viajando por las olas perfectas de los más variados rincones del mundo.

Tenía 17 cuando pasó más de tres meses por Indonesia, que incluyó un viaje de más de 40 días en un barco por algunos de los lugares más remotos del mundo. Un año más tarde hizo lo mismo pero agregó Australia y Sudáfrica al itinerario.

Los resultados que no se vieron en los eventos se vieron en varias de las principales revistas del mundo. La Australia´s Surfing Life y la Transworld Surf, lo publicó bajando olas enormes en Ombak Tujuh (ver fotos), un hecho que pocos logras.

Iturria siguió viajando por Indonesia, Australia, Sudáfrica, México, España, Portugal, Francia y un largo etcétera, pero en algún momento tuvo que sentar cabeza.

Y su forma de hacerlo fue competir en el circuito de la Asociación Latinoamericana de Surfistas Profesionales. Una apuesta totalmente pagada por él con sus ahorros. Le dio resultado, compitió en cuatro eventos en 2005 y logró resultados de mitad de tabla, pero por encima de todo se hizo conocer entre los mejores del continente, que reconocieron su actitud y la fineza de su surfing.

En el 2006 se dedicó full time al circuito y finalizó tercero.

Esto le rindió su primer patrocinio verdadero de la multinacional Reef, que desde el 2007 en adelante, le pagó un sueldo por surfear.

La estabilidad en su vida vino también por el lado de la familia. Se casó con el amor de su vida al año siguiente, y poco tiempo después tuvieron a su primera hija.

¿Ser surfista profesional y cuidar de una familia es posible en Uruguay? Iturria probó que era posible.

Desde 2006 hasta el 2012, Iturria compartió su tiempo entre las cosas que más le gusta hacer, viajar para surfear sin presiones, estar con la familia y competir, aunque con menos intensidad.

También, con el renacimiento de la federación uruguaya de surf recuperó terreno perdido en el circuito nacional y ganó dos títulos nacionales más.

El 2012 lo comenzó con el pie derecho y lo obligó a seguir adelante porque aquello que le pareció tan lejano en algún momento, este año se fue haciendo realidad. Ganó la primera etapa, quedó segundo en la segunda, y primero en la tarcera. Con tres etapas tenía más de la mitad de los puntos que necesitaba para consagrarse campeón.

Ayer, en una confusión de cuentas, pues los organizadores no esperaban ver a un ganador anticipado, Iturria no estaba convencido si debía festejar o no. Pero de a poco, cuantas más felicitaciones aparecían, más se daba cuenta de que el sueño podría hacerse realidad.

El comunicación con El Observador, Iturria dijo: “Esto es alucinante, un logro tremendo para mi carrera como deportista profesional y para el surf uruguayo. Estuve en lo más alto del podio Latinoaméricano de principio a fin, es increíble. Llegué a cinco finales este año y me sieto súper feliz por mi nivel y por el apoyo que  tengo de mi familia que es la que más me banca todo y me motiva a más. Mi esposa e hijas son lo máximo y quiero festejar con ellas este título tan importante”.

“Hace unos años veía a mis amigos Martín Passeri, Magnum y Kalle  ganando eventos y yo no podia, y este año se me dio todo, gané dos etapas y en otras tres quedé segundo; es algo impresionante”, sentenció el puntaesteño.

La siguiente es una transcripción de una entrevista que Luis Iturria dio a la revista continental, OLAS, en 2007. Su nombre recién comenzaba a oírse en América Latina, acababa de terminar en cuarto lugar en el circuito y la revista dedicó su espacio central al uruguayo, lo tituló:

El casi irresponsable Luisma Iturria
Viniendo de uno de los países más futboleros del mundo, el uruguayo Luis María  Iturria ha logrado una hazaña de proporciones enormes: ganar dinero por surfear. Para el lector, que ve una buena cantidad de fotos de surfistas profesionales por todos lados, puede que esto no suene como gran hazaña. Pero hay que ponerse en los zapatos de un uruguayo;  ahí decir “surfing profesional”, es más o menos como que alguien te hable en japonés. ¿Cómo lo logró? Siendo casi un irresponsable –para los estándares uruguayos-, pero, principalmente surfeando muy bien.

Luisma Iturria es un surfista completo, se destaca en olas pequeñas pero principalmente cuando están medianas y tubulares y va para adelante cuando está grande. Sabe leer la ola, tiene un estilo elegante, es fluido y elástico. Sabe adaptar su cuerpo a lo que la ola le pide, sea para meterse un tubazo o doblándose todo para completar una maniobra.

Luego de pasarse buena parte de su vida viajando para surfear olas perfectas -en las que hizo buena escuela-, compitiendo poco y haciendo algún que otro trabajo por aquí y allá, Iturria invirtió en el Circuito Latinoamericano de Surf y no decepcionó, ubicándose sexto en su primera recorrida latina, ganándose un buen patrocinador principal y el respeto de los mejores de nuestro continente.

En los siguientes párrafos, Luisma cuenta su historia.

Creciste en una ciudad-balneario bastante famosa mundialmente por la fiesta, las casas millonarias y los veranos con las mejores mujeres del mundo. ¿Cómo es crecer como surfista en un lugar así?
Punta del Este es un lugar hermoso, la verdad que estoy muy feliz de haber crecido y vivido siempre ahí. Es un lugar que tiene playas increíbles, capaz que no las mejores olas, pero cuando éstas entran se pone buenísimo. Me gusta porque todavía somos pocos, el surfing está tranquilo; creciendo pero de a poco. Hay buenas olas, buen ambiente y el lugar es lindo.

Cuenta más detalles sobre Punta del Este.
Es un balneario buenísimo en el que la gente vive principalmente del turismo, es chico pero que tiene todo lo que uno quiera. Joda en verano, olas a lo largo de todo el año, mujeres increíbles, buena comida, paisajes buenísimos, mucho verde, playas lindísimas, qué se yo…

El lugar cambia mucho dependiendo de la estación. En verano está lleno de gente, repleto de turistas y el invierno es todo lo opuesto, no hay nadie y se pone bien frío. Ahí  es cuando hay que mantenerse ocupado, hay que tener cosas para hacer porque la cosa es muy tranquila.

De alguna forma, siempre tuviste una relación bastante estrecha por el mar. ¿Cómo es eso?
Mi familia tenía un restaurante que quedaba frente a la zona de olas de Punta del Este, el lugar era increíble, yo crecí ahí adentro y creo que fue una de las mejores cosas que me pasó. La verdad es que siempre comí muy rico –risas-, mucho pescado y mariscos.

El restaurante lo construyó mi abuelo con sus propias manos, él era vasco y junto a mi abuela que era gallega se vinieron para acá en la época de Franco y al principio hicieron un barcito que fue creciendo y creciendo hasta ser un restaurante bastante grande. Hasta llegó a tener una piscina que usaba el agua del mar para mantener fresca toda la comida. Yo jugaba en esa piscina, me caí varias veces también –risas-, estuve todo el tiempo frente al mar y de alguna manera relacionado con él.

Influyó mucho en mí el vivir frente al mar y que toda mi familia se basara en un negocio relacionado. Me dio una relación más íntima que cualquier otra persona. Fue algo que me favoreció en el momento que empecé a surfear. Por ejemplo, una de las mejores olas del Uruguay, que se llama La Virgen, quedaba frente por frente al restaurante y a mi casa.  

Tú, de niño tuviste un par de golpes, bravos: la muerte de tu padre y la de tu hermana. ¿Cómo consideras que eso te afectó?
Bueno, en el 91 mi hermana falleció, fue gracias a ella que yo me metí al agua por primera vez. Es ella la que estaba más metida en todo el ambiente surfero de aquella época y yo la seguía. Luego unos años más tarde falleció mi padre. Frente a esas cosas malas yo intento protegerme, no me gusta estar sufriendo.

Yo lo que creo que cambió en mí vida fue que si mi padre estuviera aquí yo no sería lo que soy ahora. No sé si estaría tanto en el agua y tan metido en el surf; mi padre era bastante más estricto con el estudio y el trabajo. En cambio, yo creo que mi madre, al haber tantas pérdidas en la familia, nunca nos privó de nada ni a mí ni a mis hermanas y siempre nos dio para adelante en todo, eso fue lo que me ayudó a hacer lo mío, a dedicarme a mi carrera; si tenía que hacer un viaje, ella siempre me ayudaba, ése tipo de cosas.

Me he puesto a pensar en eso, y yo creo que si mi padre estuviera no sería lo mismo, yo sería otro. Capaz que ahora estaba con camisa y corbata y atendiendo un negocio.

¿Cómo fueron esos primeros pasos en la tabla?
Era el comienzo de los noventa, mucha gente surfaba en Punta del Este, especialmente en verano. Mi hermana, como ya dije, además de dos primos míos, el novio de mi otra hermana era Josepe Pereira –Ex Campeón Uruguayo de Surf-, todos surfeaban y me llevaban a surfear. Después me hice amigo del Buly, el hermano de Josepe e íbamos a surfear juntos.

Y el enamoramiento con las olas se fue dando con el paso del tiempo, fue creciendo cada vez más y más. Ya llega un punto que si no me mojo con agua salada, me siento raro; me pica el cuerpo y me sale caspa –risas-.

¿Cómo era el ambiente del surfing en Uruguay cuando comenzaste?
Había bastante gente, había muchos surfistas, muchos campeonatos. El ambiente era motivante, todavía no estaba formada la USU –Unión de Surf del Uruguay-, pero había un ambiente de esperar el próximo campeonato, estaba lindo el tema de competir.

En un momento, en Uruguay se te comenzó a considerar como la gran promesa del surfing. ¿Vos cómo veías eso?
Eso fue en 1997, yo tenía 16 años y en Uruguay se comenzaron a hacer año a año los Reef Classics y los medios empezaron a prestarle atención al surfing y de repente a mí también. Yo no me sentía que surfeaba durísimo, había mejores que yo, lo que pasa es que yo era un pendejo; estaba en mis comienzos.

Y… Yo lo pasaba con mis amigos, de fiesta. No pensaba en patrocinadores ni en nada de eso, pensaba en surfear y más en el presente y no tanto a futuro. No me imaginaba el surfing profesional. Ni se me pasaba por la cabeza esas cosas, simplemente estaba copado por los resultados, por vivir los momentos y estaba con ganas de mejorar y ganar campeonatos.

Incluso con todos los brasileros y gringos que venían para los WQS a quienes les ganaste un par de veces, a vos, ¿no pensabas en ser profesional?
No, para nada. Estaba fuera del alcance en Uruguay, yo tenía el patrocinio de Reef y de Flesh y estaba contento con eso, pero no me hacía tanto la cabeza. En el 96 fui al Mundial de Huntington y quedé entre los primeros 50 de 120 competidores. Yo quería ser Pro, pero no había tanta “fisura” con el profesionalismo como hay hoy en día.

¿Cuándo hiciste tu primer viaje de free surf? 
En el 97 nos fuimos a Puerto, con Josepe, el Chancho, el Vita y una banda de amigos. Llegamos y estaba gigante y ahí di con la verdura, con olas de verdad. Empezamos surfeando La Punta que es una izquierda buenísima, me compré una 7´3 y de a poco nos empezamos a meter en esos tubos. Había tremendas olas, me cagué a palos, me rompí la rodilla, me jodí los oídos, me metí tubazos, me traje tremendas fotos.

¿Y cómo hacías con el colegio si te ibas de viaje un par de meses?
Yo estaba en quinto año del Liceo –Bachillerato- y cuando llegué de Puerto no fui más, lo dejé.

¿Por qué?
Porque creo que iba a dar los exámenes y al final no di nada y quedo por esa y… ¡A la verga con el liceo! Y ahí está donde digo que mi padre no me hubiera dejado abandonar el liceo, mi madre sí me dejó.

¿No pensaste cómo ibas a sobrevivir cuando seas grande?
Y, “ya veré me”, me dije, veré qué pasa...

¿Y qué hiciste entonces?
En el 98 salí Campeón Nacional en la Open y en la Junior, ese mismo año me fui a Costa Rica tres meses y después me fui al Mundial de Portugal, quedé 32 o 33 en la Junior de unos 120 competidores. Y ahí sí estaba un poquito más enfocado; se corría el Mundial Pro Junior en Hawai y me acuerdo que me habría gustado ir. Estaba Fred Patacchia, Dean Morrison, Jason Shibata; todos se iban para ese Mundial… Pero todo quedó por ahí, era carísimo irse a Hawai y yo no podía hacerlo.

Entonces, ¿se puede decir que en ese momento empezaste a pensar en la posibilidad de ser un profesional?
Sí, pero me acuerdo que al año siguiente salí Campeón Nacional Open y me fui tres meses a Indonesia. Una vez más, junté dinero en verano y me fui todo el invierno.

¿Cómo te financiabas los viajes?
Me tocó hacer de todo un poco, cuando era más chico mi madre me ayudaba y me hacía trabajar en el restaurant de la familia, pero era medio de mentira. Luego, ya más grande tuve que trabajar de verdad durante los veranos; de cocinero, en la recepción y además  vendía ropa que me daban los patrocinadores, vendía lo que podía; vendía porquerías. Luego se cerró el restaurant y trabajé de Salva Vidas, hubo un año que pusimos una escuelita de surf, todo para financiar los viajes.

¿Y qué pasó con la posibilidad de ser profesional?
Nada, no tenía muchas opciones. Ir a un WQS era tirar la plata y no tenía ganas de competir, yo tenía en mi mente olas y tubos. Lo único que quería era surfear olas perfectas, salir del frío del invierno de Uruguay y correr olas increíbles. Por ejemplo Indonesia, que desde el primer año que fui, me encantó o el Oeste de Australia o Sudáfrica; en mi mente habían tubos y nada más.

Un poco irresponsable, ¿no?
No pensaba en eso, pensaba en surfear. Tenía casa y comida y aprovechaba para viajar.

Y entonces, ¿cuándo llegó el momento en que pensaste que tenías que hacer algo para ganarte la vida, sea de lo que sea?
Sigo sin pensar en eso –risas-.

OK, de todas formas es difícil de creer, porque hoy en día, mal o bien, eres una persona responsable, patrocinada por marcas a las que le cumples con sus exigencias y sé que están contentos por tenerte. ¿En qué momento te propusiste encontrar esos patrocinadores?
Bien, en el 2003 Uruguay estaba pasando por una crisis económica grande, había poca plata y como mi hermana me debía dinero, me lo pagó con un pasaje a España y me fui para allá con 500 dólares en el bolsillo, medio regalado. Yo tenía unos amigos ahí y además sabía que iban a haber unos WQSs, pensé en competir ahí e intentar algo en el mercado europeo. Pero bueno, empezó el verano y fui muy irresponsable y me di cuenta que Europa es carísimo –risas-, los 500 dólares que me había llevado no eran nada.

Me tuve que poner a trabajar con un amigo, hicimos trabajos fáciles que dejaban mucho dinero; para algunas fiestas nos hicimos un carrito y vendíamos panchos –hot dogs- y cerveza. En el concierto de los Rolling Stones nos compramos 200 latas de cerveza, las vendimos en la puerta y nos tomamos la mitad –risas- y entramos gratis a ver a los Rolling.

Después conseguí otro trabajo en una escuelita y ahí sí se pareció más a un trabajo e hice algo de dinero. Fui para Francia a correr los WQS pero no había olas y yo no estaba para tirar dinero. Llegué a competir en un WQS y me fue bastante bien, llegué a los cuartos de final y el campeonato se canceló por falta de olas. Yo quería correr más campeonatos pero era muy caro, era difícil.

Ese plan fracasó entonces.
Es que estaba fuera de mi alcance, es muy caro correr un WQS, yo prefería invertir esa misma cantidad de dinero en buenas olas, en mí, y en gozar.

Entonces, ¿cuándo fue que procuraste ser un profesional del surfing?
En 2005 puse una escuelita de surf con dos amigos y nos fue muy bien. De ahí me fui para Chile a correr olas buenas y competí en el Héroes de Mayo y yo ya sabía del ALAS hacía un tiempo, algunos surfistas que conocía me hablaban del Circuito y como se venía una seguidilla de cuatro campeonatos, me fui solo para Costa Rica a ver qué pasaba.

Me di cuenta que el nivel de ALAS era accesible, que estaba buena la organización, empecé a conocer a los muchachos y al mundo de la competencia. Ahí cambió la cosa, me di cuenta que era una puerta que estaba abierta y podía aprovecharla y bueno, en eso estoy...

¿Qué me puedes decir de estos últimos dos años de ALAS? ¿Se puede decir que fue un paso más hacia la responsabilidad?
Sí, claro, lo que pasa es que yo siempre trato de mantener mi vida muy simple y complicarme lo menos posible, de atarme lo menos posible. Siempre fui muy de viajar e irme; muy irresponsable. Pero al final me di cuenta que me gusta competir y fue esto lo que me ayudó a conseguir cosas que quería, como un patrocinador que me paga mes a mes.

Es distinto a los viajes, estamos en un ambiente más cálido, con gente, amigos, lugares increíbles, otras culturas, olas nuevas, aunque siempre me quejo de las olas. Pero bueno, en el primer año que me dediqué de lleno al ALAS obtuve logros que no había obtenido antes, porque no competía. Mostré mi surfing y mi persona a Latinoamérica; surgieron cosas distintas, las revistas, entrevistas, la televisión, el entrenamiento, etcétera. Es otra cosa...

Ahora, todo ese dinero que invertiste en ir a los campeonatos podrías haberlo puesto en seguir yendo a Indonesia, como hacías antes, ¿qué puedes decirme de esto?
En realidad me gustaría hacerlo, me gustaría irme a Indonesia –risas-. Pero bueno, me propuse hacer el ALAS para buscar un patrocinio y lo conseguí. Aparte el dinero te motiva, ganar plata en los eventos es como un trabajo y te motiva. Tiene sus pro y sus contras, cuando ganás todo es bueno, pero cuando perdés...

Entonces, aquel nene irresponsable, se hizo finalmente responsable...
¡Claro! Firmé un contrato, hay que cumplir ciertas cosas, hay que entrenar, me muevo en la parte de la Prensa, hay que moverse, hay que viajar, meter campeonatos, sacar buenos resultados, hay que ganar dinero.

¿Y qué pasa si todo lo que tu decidiste apostar en esto sale mal? ¿Te da miedo?
Sí, claro que sí. 

¿Tenés un Plan B si no te va como querés que te vaya?
Sí, tengo planes y cosas que ya marchan bien.

Perfecto, llevó bastante tiempo, ¿no?
Y bueno, me costó, en realidad siempre fui muy boludo y soy muy boludo. Yo sé que hay que hacer cosas, hay que trabajar, pero no lo quiero hacer. Yo no quiero pensar en el futuro, la mayoría de la gente piensa en que hay que guardar el dinero para la familia del mañana y yo no quiero hacer eso, yo quiero vivirla ahora.

Hablemos de surfing un poco. ¿Cuánto aplicas la escuela que te dieron tantos viajes de olas perfectas en los campeonatos?
La verdad que bastante, yo trato de aplicarla lo máximo posible...

Pero en campeonatos con olas chiquitas no te sirve para nada.
Y no, no me sirve para nada. Me defiendo un poco, no soy el mejor, pero trato de hacer lo posible en olas chicas. Pero cuando las olas se ponen buenas siento que me destaco, en mi último vijaje a Ecuador, según me decían los fotógrafos y los camrógrafos yo me había metido los mejores tubos del día.

Qué te parece todo el tema de que te filmen y que todo el tiempo haya una cámara detrás tuyo.
Me gusta que haya una cámara, me sirve para mejorar mi surfing, para corregirme, para tener imágenes buenas para mostrar imágenes buenas de mi surfing, para compararme con otros surfistas, para mejorar, para surfear mejor.

Entonces, al día de hoy eres completamente un profesional, al final de cuentas eso es lo que hacen todos los surfistas del mundo.
Sí claro, quiero profesionalizarme. Sinceramente yo no me siento un profesional. Para ser pro habría que ganar más, habría que viajar con la plata que ganás y no sacar dinero de tu bolsillo. A mí me encantaría lograr eso pero al día de hoy realmente no siento que soy un profesional.

Y de ese giro radical que hiciste en tu vida, dejando un poco las olas perfectas de lado para poder competir, ¿tienes algún arrepentimiento?
No, talvez tengo algunas quejas, pero estoy muy contento. He logrado cosas que no había logrado antes, casi que estoy viviendo del surf, gano plata de lo que me gusta hacer, soy reconocido por lo que hago... Son lindos logros, verte en la TV, en las revistas, en los diarios, eso a uno lo llena de orgullo.

Y hoy en día piensas que tu padre desde allá arriba está orgulloso de que el nene se divierte pero gana plata...
Sí, yo creo que estaría orgulloso, pero –risas- estaría más contento si me viera trabajando o estudiando o con una carrera...


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