Confianza

A los aurinegros les había quedado una materia pendiente del Apertura; la superaron el miércoles ante Nacional

En enero de 2008, Juan Pedro Damiani le restó importancia a una derrota clásica en un torneo de verano y patentó aquel partido con una célebre frase: “Nacional puso toda la carne en el asador y Peñarol las achuras”. Esa noche, los albos vencieron 3-0 y Gustavo Matosas vivió sus últimos días como entrenador mirasol. El miércoles, cinco años después, los tricolores no jugaron con sus mejores hombres porque el equipo se reforzará para el actual semestre con tres futbolistas de primer nivel para el torneo local (Albín, Abreu y Alonso), y los aurinegros con todo su poderío, el partido le sirvió a Peñarol para demostrar que futbolísticamente sabe lo que quiere, que está fuerte anímicamente y que quebró el mito de que no podía ganarle al rival de todas las horas.

En cualquier otro partido, lo que sucedió por la Copa Bimbo en el Estadio Centenario, sería un detalle menor, pero en el momento que atraviesa Peñarol es una señal muy fuerte que consiguió el equipo que orienta Jorge Da Silva.

Una demostración del lugar que ocupan los aurinegros en el fútbol uruguayo de la temporada 2012-2013 y la convicción de que transitan por el camino que querían hace siete meses, cuando comenzó el año futbolístico.

Esto no quiere decir que por haber ganado el partido clásico del miércoles, Peñarol se consagró, porque por delante tiene el Clausura para confirmar su aspiración de conquistar el Campeonato Uruguayo. Sin embargo, brindó las señales que le faltaban y que habían quedado inconclusas por el empate en el choque ante los albos en el Apertura.

El clásico de la Copa Bimbo dejó para Peñarol un aspecto sustancial: sabe a lo que juega, y esa es la clave de este negocio. Con Estoyanoff o sin él, con Grossmüller o con el paraguayo Torres. Podrá hacerlo mejor, con los que son titulares, pero lo desarrolla igual. Así sucedió el miércoles en el Centenario, en donde con un planteamiento táctico con dos volantes centrales y dos por afuera, encontró la fórmula para alcanzar la victoria. Aunque le costó casi 40 minutos encontrar el punto futbolístico. Después, se fue soltando a medida que transcurrieron los minutos.

Eso que mostró Peñarol es el premio por haber recorrido el mismo camino desde que comenzó el año.

Así como el fútbol de los aurinegros se sostienen en una estructura que fue afinada durante siete meses y recibió el barniz que le dan los triunfos, cuenta con el valor agregado que le brinda el delantero Marcelo Zalayeta, que con el gol el miércoles y con sus rendimientos a lo largo del Apertura marcó el rumbo de Peñarol.

Es por la propuesta futbolística, por el nivel de sus individualidades, por la convicción de los jugadores y por los triunfos, porque en definitiva son los que marcan los momentos, que los dirigidos por Da Silva recogieron la confianza que necesitaban con el triunfo ante Nacional.


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