Con orgullo no alcanza

Después de un pobrísimo primer tiempo en el que se quedó con nueve hombres, Peñarol jugó de dientes apretados y aguantó el empate ante River Plate

El hincha de Peñarol, por más joven que sea, ya se acostumbra desde chico a que el orgullo, el tesón, la entrega son marcas registradas del club, por eso es una de las cosas que más aplaude.

¿O el lector no se percató del “¡¡Bieeeeeeen!!” que baja de la Ámsterdam cada vez que Marcel Novick gana un tranque?

Pues bien. Cabe aclarar que esa es una de las tantas materias que tiene el fútbol.

Si el partido ante River Plate hubiese sido un examen, se puede decir que esa materia fue aprobada por Peñarol, pero solo esa, no busquen más.

Esa garra que el seguidor aurinegro aplaude a rabiar en realidad nació con el propio fútbol uruguayo hace añares y si bien en este club se le da mayor trascendencia, todas las instituciones de este país –pobres o con algún dinero– juegan con esa fórmula que patentaron los próceres quienes hicieron grande a este deporte con la selección en el mundo. 

Pero lo otro, lo que falta, es lo que hace al fútbol un deporte hermoso de ver y disfrutar. Toques, moñas, transiciones, estrategias, amagues, goles...

Peñarol pagó un precio carísimo en un partido para el olvido luego de un primer tiempo en el que no existió su juego colectivo, no hubo prácticamente llegadas al arco rival y en el cual jugó a otro deporte. Ese otro deporte al que juega Peñarol que, obviamente, no es fútbol.

Muchas son las preguntas que surgen para intentar desgranar este (nuevo) mal momento de los mirasoles.

¿Fue una semana complicada? Sí, sin dudas. La fractura de Pacheco pegó fuerte, pero ya pasó una semana. La situación con el hijo de Enrique Bologna, también.

¿Peñarol fue más con 10? Sí. No se sabe cuál será la respuesta contundente a esta pregunta, pero fue así.

La pelota quieta en contra, ¿la trabajan en Los Aromos? Por supuesto. Pero claramente algo no funciona. No funcionó en gran parte del pasado Clausura y en este inicio del Apertura, tras dos encuentros, de cinco tantos que le anotaron a los de Da Silva, tres fueron por esa vía, incluyendo el del domingo (a los 3 minutos y con Macaluso tomando descaradamente a Kily González quien igualmente le convirtió. Es uno de los verdaderos karmas de este plantel.

¿Es Da Silva el único culpable de este mal momento? No, para nada. Los jugadores son los que juegan, pero seguramente aún no han comprendido la idea del DT. Y eso que realizaron la mejor pretemporada de todas con dos meses y pico de trabajo.

Peñarol, ¿ya empezó a despedirse del Apertura? Sería un disparate decir eso, pero deberá cambiar radicalmente su apuesta a otro juego más preciso, con mayor llegada, y estos 15 días que tendrá para trabajar seguramente le vendrán muy bien.

¿Ganó un punto Peñarol el domingo o perdió dos? Como se dio el partido, ganó uno. Pero en lo que va del torneo, de seis, perdió cinco.

Si se toma en cuenta que el plantel atravesó una semana complicada, el hecho de comenzar 0-1 abajo a los 3 minutos puede desmoralizar a cualquiera aún más.

A eso hay que agregarle que Damián Macaluso fue perfectamente expulsado a los 13 tras un enorme pase de Mario Rizotto para el pique de Leandro Rodríguez. El zaguero se encontraba mal parado y lo derribó al borde del área. Era demasiado el castigo para Peñarol que parecía dormido ante River que era todo lo contrario.

De allí en adelante, los aurinegros intentaron llegar. El debutante Carlos Grossmüller –a quien le falta fútbol– fue uno de los que más buscó, pero la pelota no le llegaba limpia a las dos torres de arriba: Olivera y Zalayeta.

Pero tras un tiro libre (sí de pelota quieta, Peñarol también anota), Olivera tras un rebote en Darío estampó el empate a los 38.

Y a los 41 llegó otro sablazo al alma carbonera. Fue expulsado Zalayeta por una fuerte entrada a Carrera. Al aurinegro lo venían tomando y fue con todo. Si bien es discutible la roja, el delantero se regaló mucho.

Entonces Peñarol debió afrontar todo el segundo tiempo con dos hombres de menos. Surgió el amor propio típico, las ganas y cero fútbol, como se esperaba.

A River, sinceramente, le quedó grande el segundo tiempo. Debió ser el protagonista y no pudo hacer nada. Valdez creció en la marca y así, Peñarol aguantó como pudo con Olivera solo arriba.

La obsesión nunca es buena consejera y el mirasol está obsesionado con ganar. Cada vez más. Y al fútbol, deberá encontrarlo algún día.


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