Con la mejor inversión

Juan Manuel Olivera fue la contratación más desnivelante en el período de pases: lo demostró con sus 13 goles y su rendimiento, a pesar de que en el clásico quedó en el debe

El 10 de julio de 2011 Juan Manuel Olivera estampó su retorno a Peñarol un año después de partir a Al Wasl, de Emiratos Árabes Unidos. El Observador tituló entonces: “El gol del período de pases”. También fue el gol del campeonato porque cinco meses más tarde, Peñarol conquistó el Apertura.

Y Olivera fue clave en la campaña aurinegra: anotó 13 goles y fue el máximo artillero del campeonato con dos tantos de ventaja sobre Héctor “Romario” Acuña.

Pero además fue una pieza muy importante en la estructura ofensiva que diagramó el entrenador Jorge “Polilla” Da Silva.

Fue el cabeza de área, una amenaza constante con sus movimientos en la zona de riesgo, un cabeceador implacable y un definidor muy preciso.

En los primeros partidos, dejó la sensación de que se superponía con Marcelo Zalayeta.

Pero cuando lograron acoplarse y Fabián Estoyanoff se hizo de la titularidad, tras recuperase de una lesión, el equipo empezó a rodar. Y a golear.

Olivera le anotó su primer gol en la segunda fecha a River Plate tras recoger un rebote.

Después marcó cinco de penal (uno a Bella Vista, Cerro Largo y Central Español, y dos a Racing), cuatro de cabeza (Bella Vista, Central, Cerro Largo y Juventud), uno de zurda (Cerro Largo) y uno de poesía, el lunes ante Liverpool, picándola desde afuera del área.

Contra El Tanque Sisley estrelló un penal en el palo.

En el debe
A partir de la décima fecha, el delantero surgido en Danubio sufrió un bajón en su producción.

Contra Defensor Sporting, Nacional, Progreso y Wanderers se quedó en blanco.

En el balance final le queda en el debe su actuación clásica donde fue totalmente anulado.

Recién se recuperó en la penúltima fecha con un cabezazo ante Juventud, que valió el título.

La comparación
Peñarol también apostó para el Apertura a reforzar el arco (Enrique Bologna), le medio de la cancha (Aureliano Torres, Ignacio Nicolini, Sebastián Vázquez) y la delantera (Sebastián Gallegos). En comparación, el aporte de Olivera fue muy superior al de estos nuevos compañeros. 

Si la comparación se traslada al resto de los equipos, bien podría decirse que Peñarol empezó ganando el torneo en el período de pases.

Nacional apostó por Adrián Luna quien aportó tres goles y tuvo un rendimiento bastante irregular.

Sebastián Taborda aportó un par de goles pero siempre fue suplente de Alexander Medina. Jonathan Ramírez casi ni jugó.

De los otros equipos que se reforzaron para pelear arriba (Defensor Sporting, Danubio y Liverpool), solo el violeta acertó con Aníbal Hernández, volante procedente de Racing.

La revelación fue Romario Acuña en El Tanque Sisley, un equipo que al final terminó peleando el título. Llegó de un descendido Cerrito, marcó 11 goles y fue un martirio para todas las defensas rivales. 


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