“Como mascota quería salir con Pablo”

Hernán Novick, que mantuvo en la punta al equipo con su golazo de tiro libre en el clásico, admitió que Bengoechea era su ídolo y que estuvo a punto de salir a la cancha con él, pero lo cambiaron por el Pato Aguilera

Hernán tenía su día libre. Lo quería aprovechar con sus hijos Dominique de seis años y Luca de dos. Y como la tarde estaba linda los llevó con su esposa Jilly a una plaza en pleno corazón de Carrasco. Con Jilly se conocen desde que estuvieron juntos en segundo de liceo en la Scuola Italiana, por lo que el amor llegó muy temprano a su vida.

Entre hamacas y toboganes, Novick hizo la labor que más le gusta antes que el fútbol: ejerció el lunes como papá. De esos ratos que no se olvidan nunca, como seguramente tampoco se olvidará del gol clásico del domingo ante Nacional. De este momento futbolístico y de su vida, habló un rato con El Observador.

La del domingo fue la tarde soñada.
Sí, era algo que tenía pendiente. Primero que nada, hacer un gol con Peñarol que no había hecho y justo se dio en un clásico. Fue el sueño que tenés de chico.

No es la primera vez que le hizo un gol a Nacional.
Se me había dado con Fénix en el último partido del Uruguayo en que Nacional tenía que ganar para salir campeón y lo dimos vuelta en el Parque Central.

¿Son comparables?
Cada uno tiene su cuota. Aquello para mí había sido algo muy lindo porque le pudimos sacar el campeonato a Nacional y al día siguiente me llamaron para arreglar en Peñarol, así que fue algo muy lindo. Y el de ahora fue algo espectacular.

Como contó tras el clásico, se abrazó a Rodales porque le había dicho que iba a hacer un gol. ¿Le hubiera gustado que estuviera su hermano Marcel en el banco para hacer lo mismo con él?
Sí, obviamente. Hubiera sido un recuerdo muy lindo por el momento que viví.

Pero después del partido algo le dijo…
Sí, después justo tuvimos una cena en la casa de mi abuela y fuimos todos para ahí y él estaba muy contento.

¿Y qué le dijo su abuela?
Estaba muy emocionada, es de pocas palabras, pero me felicitó mucho. Fue muy emocionante estar con ella.

¿Y es manya?
Sí, el marido de la abuela Rita –le decimos Popó–, mi abuelo Héctor, era manya a muerte y no me pudo ver con la camiseta de Peñarol. Sí pudo ver a su otro nieto, a Marcel, así que creo que estaría muy orgulloso.

¿Piensa que hubiera tenido alguna chance con Pacheco en la cancha para patear el tiro libre?
Sí, porque él me tiene mucha confianza. Siempre entrenamos tiros libres juntos y si yo se la hubiera pedido como se la pedí al Canario (Aguiar) con tanta confianza que me tenía, no tengo dudas que me lo hubiera dejado.

¿Le sorprendió que algunos futbolistas de Nacional hayan declarado tras el clásico que el juez no había pitado?
La verdad es que me sorprendió mucho. Primero porque yo escuché el silbato y ahí miré al Canario y él me hizo la seña como diciendo “pateá vos”, o sea, los dos lo escuchamos. Y segundo, porque viendo la repetición después, ni el golero ni ningún jugador de Nacional fue a reclamarle enseguida al árbitro. Si fuera al revés, lo primero que haría sería ir a hablar con el árbitro. Mismo el juez si no hubiera tocado el silbato, habría hecho patear de nuevo el tiro libre. Así que no sé de dónde salió eso.

Pacheco, quien hizo varios goles clásicos, ¿le dijo algo después del partido?
Sí, me felicitó y me dijo que fue un golazo. Él, Marcelo (Zalayeta) y el Canario Aguiar me vinieron a felicitar en el vestuario. En realidad, todos mis compañeros. Fue un momento muy lindo.

Y Pablo (Bengoechea), ¿habló algo con usted?
Sí, lo mismo. Saludó uno por uno y cuando llegó a mí me dijo: “Felicitaciones por el gol”.

¿Era su ídolo Pablo?
Me acuerdo la primera vez que salí como mascota de Peñarol, yo quería salir con él y me dijeron que sí. Después vi que ya tenía más de una mascota y terminé saliendo a la cancha con el Pato Aguilera. Obviamente que era un ídolo para mí.

¿Gritó algún gol de él en clásicos?
El quinquenio lo viví con todo. Recuerdo el gol de cabeza que hizo en el clásico que ganó Peñarol 4-3, un centro del Pato y Pablo la cabeceó, pegó en el palo y entró. Después en ese clásico hizo dos centros de pelota quieta para dos pases de gol para dar vuelta aquel partido famoso.

Y salvo el del domingo, como hincha, ¿cuál fue el gol que más gritó en un clásico?
El de (Juan Carlos) De Lima en ese mismo clásico que fue para el 4-3 final. No me olvido más. Estaba en la América con mi abuelo, mi hermano y mi padre. Nos abrazamos entre todos y fue una alegría de esas que no se te olvidan nunca más.

Para un jugador que haya vivido eso como hincha, ¿no vive de una manera insólita el hecho de estar jugando con dos de esos jugadores que estuvieron en la cancha ese día (Pacheco y Zalayeta) y que otro lo dirija?
¡Es increíble! Cuando íbamos el domingo desde Los Aromos al Estadio y veía a la gente que nos saludaba se me pasaba por la mente y pensaba: “Pah, ¡qué lindo sería poder hacer un gol y darle una alegría a toda esta gente como cuando me la daban los jugadores a mí cuando era hincha!” Que haya pasado, la verdad es que todavía no caigo. Ese clásico lo jugaron los tres y es el partido que más disfruté.

Como la vida, el fútbol da revanchas. Usted tuvo una fractura importante ante Cerro y estuvo un tiempo sin poder jugar.
Sí, choqué contra el arquero de Cerro y me fracturé la clavícula en cuatro partes. Me operaron y estuve cuatro meses afuera. Me ayudó mucho el hecho de estar en Peñarol porque te dan ganas de estar ya jugando y se te hace más fácil.

Con 26 años ya tiene dos hijos, algo que no se ve asiduamente con hombres de su generación. ¿Cómo le cambiaron la vida?
A mi hija Dominique la tuve cuando yo tenía 19 años y me cambió mucho porque no sabía bien qué hacer. Estaba jugando al fútbol, había debutado en El Tanque pero no estaba seguro de lo que quería, no tenía mis metas, no sabía bien qué hacer de mi vida y cuando la tuve, me ayudó mucho para decir “bueno, ¿qué quiero hacer?”, para planificarme bien la vida. Y creo que eso me dio un empujón para meterle más a fondo al fútbol y me llevó a estar en donde estoy hoy. Luca está todo el día jugando a la pelota, no se cansa, le encanta. Me salió zurdo, no le pega con la derecha. El otro día estuvieron los dos en el Estadio. Dominique lo disfrutó mucho y después cuando la vi estaba muy emocionada, la verdad es que no me lo esperaba porque a veces no entienden mucho, pero ella sí y me emocionó mucho. Luca se asustó por el griterío de la gente, pero seguro que en algunos años va a poder disfrutarlo.


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