Coelho: un apellido con el sello tricolor

Fabián y Diego Coelho abrieron las puertas de una casa en tres colores; anécdotas y consejos de un padre multicampeón a un juvenil que tiene el arco entre ceja y ceja
"No sabés el fútbol que se arma los 24 y 31 de diciembre en Artigas. Vamos nosotros pero también están Mario Saralegui, Ruben Paz, Carlos Bueno, varios de los que salimos de Artigas más un montón de jugadores de allá. Jugamos mezclados uruguayos y brasileños y el juez arbitra con una cerveza en la mano. Le reclamás algo y te relaja todo", cuenta Walter Fabián Coelho y suelta una larga risa ante la mirada de su hijo Diego, quien lo acompaña en esos picados sin reloj.

Viven en Montevideo, donde Fabián se dedica a recorrer las canchas para observar nuevos talentos y Diego alterna su tiempo libre entre la Facultad de Ciencias Económicas y los goles en la Tercera División de Nacional.

Si bien se cuentan por miles los padres e hijos que comparten la pasión por un equipo de fútbol, este clan es especial y lleva a Nacional en el ADN con el privilegio de defenderlo dentro de la cancha. Inconscientemente, a padre e hijo los marcó el mismo partido.

"El primer clásico que jugué él tenía dos años y entró a la cancha conmigo. Por eso, Diego es más que un hincha. Fue por la Libertadores de 1997", recuerda Fabián sobre el triunfo 2-0 con goles de Mario Barilko y Álvaro Recoba.

Distinta ruta, mismo objetivo

El camino de los dos fue diferente. Fabián llegó solo desde Artigas y se fue a vivir al Gran Parque Central en busca de la oportunidad de su vida. Diego tuvo que pelear contra los prejuicios del camino fácil por portar el apellido y tuvo que dejar el club de sus amores para demostrar: "De chico me complicaba el apellido, creían que estaba por mi viejo y me fui a Fénix, donde fui goleador en todas las categorías. Cuando volví a la tercera de Nacional está claro que somos todos maduros como para dejar esas cosas", dice quien ya pudo festejar bajo el mando de Rudy Rodríguez y tras la llegada de Alexander Medina.

"Samantha Rodríguez en Fénix fue un técnico que me marcó. Tenía anécdotas, mucha calle y teníamos charlas todas las prácticas. Se aprendía mucho", Diego Coelho.
Rápido de reflejos, Fabián define a Diego con similitudes y diferencias: "Yo era derecho, él es zurdo, Diego es más rápido y se desenvuelve mejor en el área. La visión y los pases largos son la única similitud que tenemos. En Quinta jugaba de enganche y es preciso. Hablo mucho con Diego porque todos los jugadores tenemos virtudes y defectos. Las virtudes se entrenan para perfeccionarlas y los defectos para superarlos".

Diego asiente con la cabeza. Tiene a su ídolo en casa y lo disfruta: "Mi viejo es mi ídolo y es muy compañero. El apoyo pasa por su experiencia. Tengo un amor por Nacional que me lleva a ponerme nervioso por querer ascender, por tener una posibilidad para demostrar, pero mi viejo me aconseja; me dice que no me apure y que cumpla las etapas".

Diego y Fabian Coelho
Diego y Fabián Coelho, con la tricolor tatuada a la piel, en la producción de Referí
Diego y Fabián Coelho, con la tricolor tatuada a la piel, en la producción de Referí
Si se habla de etapas, Fabián tiene un posgrado. Tocó el cielo con las manos en la selección juvenil de Víctor Púa, fue Campeón Uruguayo con Nacional seis veces, jugó en equipos chicos y en España luego de sortear obstáculos por el pasaporte comunitario: "Jugué en estadios llenos y en canchas con 10 personas. Me bañaba con agua fría y estuve en Europa, estuve en selecciones juveniles y en mayores. Viví mucho en el fútbol y por eso siempre le remarco a Diego que los éxitos y los fracasos son por méritos propios".

Diego corre con algo a favor, ya que la evolución en las metodologías de entrenamiento lo tiene más contenido que a su padre: "Yo llegué en 1995 a vivir en el Parque. Nunca nos faltó nada, teníamos comida, pero entrenábamos en la cancha de Albion que era horrible o en un cuartel militar. Era imposible jugar ahí. Hoy las formativas tienen psicólogos, médicos, podólogos, asistentes sociales y nutricionistas. Eso te da herramientas para que puedas formarte mejor. Cada año que pasa mejoran las condiciones en formativas; Nacional invierte mucho dinero y eso se nota en los jugadores que saca".

"César Vega me descubrió y le debo mucho, Víctor Púa y Daniel Enríquez me hicieron cambiar para jugar acá porque yo venía con toda la ingenuidad del interior", Walter Fabián Coelho.
Diego aún no debutó en Primera y espera ese momento con ansiedad. A su padre le tocó darse a conocer en pleno quinquenio de Peñarol, por lo que el desafío fue mayor: "A mí me tocó ascender en 1996 en pleno quinquenio de Peñarol pero con Gustavo Munúa estábamos muy abocados a la selección juvenil de Víctor Púa y con tantos viajes no sentimos el clima en Nacional después del Mundial de 1997. El quinquenio fue un golpe durísimo, la presión era terrible sobre el equipo y nosotros no teníamos la dimensión. La muestra más fiel fue que en 1998 de todo el plantel solo quedamos Gustavo, Gianni Guigou y yo".

En 1998, con Hugo De León, Nacional dio la vuelta olímpica y volvió a sonreír luego de cinco años de festejo rival. Esa temporada, Coelho demostró sus credenciales de volante técnico, preciso y de gran panorama.

Sin embargo, como buen constructor de grupos, no recuerda un gol suyo sino que se queda con el rol de todo el plantel: "En 1998 cuando cortamos la racha de Peñarol fue una satisfacción enorme porque el grupo era muy bueno. Era un plantel de jugadores maduros con muchos juveniles. Me acuerdo que estaba el paraguayo Luis Alberto Monzón, que había sido campeón de América, acá jugaba pocos minutos y siempre tiraba muy buena onda. Estaban Jorgeao, Cecilio de Los Santos, había jugadores de mucha experiencia y una base que se mantuvo desde 1998 hasta 2002; entonces la confianza era mucha".

Diego lo mira e imagina. Quiere llevar sus goles de juvenil a Primera División y bucea en Youtube en busca de algún truco de su padre. Ese mismo que lo llevaba de la mano al baby fútbol y con quien se prendió a jugar un cabecita en el jardín de su casa ante la cámara de Referí.

Diego y Fabian Coelho
El jardín de la casa de los Coelho es una cancha improvisada para un reto tricolor.
El jardín de la casa de los Coelho es una cancha improvisada para un reto tricolor.

La carrera de Fabián Coelho en cinco frases

Su tardío pase al exterior

"En un momento estaba convencido en que había cumplido todas las etapas, hice selecciones juveniles, salí campeón en Nacional y jugué en la selección mayor. Después hubo muchas propuestas, algunas que no salieron pero hubo problemas con el pasaporte que me trancaron muchas transferencias. A Diego siempre le digo que intente estar un par de años acá para generar una base que le permita adaptarse luego a un fútbol diferente, a una cultura diferente, idiomas, todo. Si se va muy joven lo puede sufrir.

La relación con los dirigentes luego de tantos años en Nacional

"La relación jugador-dirigente tiene que ser una relación de respeto. Los dirigentes defienden sus derechos y los dirigentes al club, cuando estaba Dante Iocco, Óscar Magurno y Jacinto Muxi pasamos tres meses sin cobrar y estuvo muy complicado. En Nacional, salvo algún encontronazo, siempre tuvimos una relación muy buena con los directivos".

La relación el hincha

"No es tan positivo estar muchos años en un club. En la última etapa en Nacional me convertí en un referente por edad y cuando las cosas no iban bien era el culpable de todo. Pasar tanto tiempo en un club te desgasta un poco la relación con el hincha, yo estuve 10 años y ningún equipo puede ganar 10 años seguidos".

Un hincha especial

"Cuando lo voy a ver a Diego soy muy tranquilo, manejo muy bien la euforia, cuanto más lejos esté de la gente que grita mejor. El futbolista tiene que manejar las emociones porque a veces te toca jugar un partido donde no te salen las cosas, el rival te insulta, vas perdiendo y el árbitro te cobra en contra. Si no se controlan las emociones le das una piña a uno y condicionas a tu equipo".

Un amigo en el fútbol

"Con Gustavo (Munúa) nos une una relación de muchos años, somos amigos, nuestras familias son amigas e hicimos gran parte de la carrera juntos. En su etapa como entrenador me sorprendió positivamente, no es fácil dar un paso tan grande de un día para el otro y hacerlo tan bien. Me gustó como llevaba al grupo, los jugadores les respondían y tenía una propuesta de juego que a mí en lo personal me gustaba. Le faltó tener más tiempo para que su laburo se consolidara más".


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