Cinco deportistas que desafiaron la muerte

Hacen deporte para celebrar la vida y viajan a Málaga para competir en el Mundial de Trasplantados

Era una noche cálida como cualquier otra de un martes de carnaval cuando sonó el teléfono. Parecía una llamada de rutina. Pero no. Del otro lado una voz pronunció las palabras que de tanto esperar se habían convertido en un nudo en la garganta.

"Tenemos un órgano que puede servirte, venite ya al hospital", fue lo único que pudo escuchar antes de que los ojos se convirtieran en cataratas.

Sergio Miranda

"Esperar una llamada telefónica de la que depende tu vida te genera una incertidumbre muy grande, por eso hay que estar fuerte psicológicamente", le cuenta Sergio Miranda a Referí.

Sergio tiene 59 años y es trasplantado hepático tras recibir un hígado luego de estar un buen tiempo en lista de espera, cuando todos los tratamientos para combatir su hepatitis C habían dejado de ser efectivos.

Sin embargo esa condición está lejos de ser una limitante ya que lo encuentra en plena preparación para el Mundial de Trasplantados, que será en Málaga, en junio y julio, junto a Gustavo Vera Ocampo (tenis), Miguel Yelos (ciclismo), Gastón Valfre (lanzamiento de bala y jabalina) y José Fernández (atletismo).

Supo que tenía hepatitis de forma accidental cuando un auto atropelló a su hijo y fue a donar sangre a su mutualista. Su hijo se salvó pero los problemas recién empezaban: "Luego de algunos estudios confirmaron que tenía hepatitis C. Cuando me diagnosticaron ya tenía una cirrosis virósica y ahí empezó un largo camino hasta que me dijeron que iba a terminar en un trasplante. Tuve que elegir entre la vida y la muerte".

Casado y padre de dos hijos, Sergio Miranda le debe el ciclismo al trasplante y las circunstancias que tuvo que atravesar. A los pocos meses de recibir el órgano en 2010, una medicación le generó una reacción que derivó en una parálisis neuromuscular. Sin embargo, lejos de deprimirse, encontró en su esposa y en la bicicleta el refugio perfecto para salir adelante.

"Increíblemente recuperarme de eso fue más difícil que el trasplante. Había perdido mucha musculatura, no podía correr, entonces me subí a una bicicleta para acelerar el proceso de recuperación. Mi primer personal trainer fue mi señora. Para recuperarme muscularmente empezamos a andar en bicicleta y ella era la liebre, yo solo la seguía. Ella me motivó a iniciarme en este deporte. En la bicicleta me empecé a sentir bien y de ahí el vínculo tan especial que tenemos ahora", agrega antes de salir a entrenar. Poco le importa el frío que cae sobre la rambla de Atlántida y que pocas horas después debe subirse a una camioneta para salir a trabajar.

La vida de Sergio parece una cadena de situaciones angustiantes que salieron bien. Del accidente de su hijo al Mundial hubo una enfermedad, un trasplante y la parálisis en el medio: "Una vez escuche una frase que siempre utilizo. Lo más importante no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con los que nos pasa. A partir de ahí podemos convertir las cosas malas en situaciones positivas".

Convencido de que "el deporte es una medicina", Sergio tuvo que luchar también contra un sistema regido por laboratorios que manejan sus propios parámetros: "Los laboratorios que tenían las patentes originales comenzaron pidiendo U$S 80 mil por un tratamiento de 12 semanas. Estipulan los precios por el ingreso per cápita del país. El mismo medicamento que en Egipto y en India sale US$ 500 en Estados Unidos sale U$S 60 mil. Luego bajaron a la mitad, pero el Fondo Nacional de Recursos no los brinda porque no entra dentro del Formulario Terapéutico Médico y me tuve que ir hasta India para conseguirlos previa autorización del Ministerio de Salud Pública".

Los actuales antivirales de acción directa que toma Sergio lograron eliminar el virus sin efectos secundarios cuando un paciente sin la posibilidad de acceder a la medicación debe conformarse con ingerir Interferón y Ribavirina. ¿Qué produce esta sustancia? Desde la escasez de células sanguíneas pasando por la fatiga, gripe y dolores de cabeza hasta un cuadro de depresión.

El trasplante le enseñó a Sergio a valorar afectos: "Luego de pasar por un trasplante uno comienza a valorar aspectos de la vida que antes pasaba por alto. Por más dinero o éxito que tengas nada te puede salvar. Estás ante la vida o la muerte y lo único que te contiene es el afecto de tu familia. Yo estuve nueve horas en el quirófano, la familia te ve entrar y no saben si vas a salir para un abrazo o para un funeral".

Con el ciclismo en la mira con pruebas de contrarreloj y fondo, Sergio tiene claro sus objetivos: "En los Mundiales hay un perfil competitivo. Es lindo subirse a un podio porque es la culminación de todo el sacrificio y del entrenamiento, pero todos los que vamos a un Mundial sabemos que vamos a celebrar la vida. Ninguno de los trasplantados que estamos ahí perdemos la óptica de que la mayor medalla ya la llevamos puesta".

Un vínculo para toda la vida

Gustavo Vera Ocampo tiene 58 años y es otro de los deportistas de la delegación uruguaya. A diferencia de Sergio, Gustavo es tenista y tiene un trasplante renal con la particularidad de que fue su propio hermano menor quien le brindó la posibilidad de seguir viviendo.

Deportista desde niño, a los 24 años le detectaron su enfermedad y estuvo otros 20 años entre tratamientos, controles, dietas y medicinas. "Tengo el estómago perforado", dice a Referí antes de sentarse en un banco del Carrasco Lawn Tennis Club, minutos antes de comenzar su entrenamiento.
Hace 11 años recibió el trasplante de riñón de su hermano para mejorar la calidad de una vida que venía en picada: "Surgió naturalmente. Somos cuatro hermanos y el único que estaba en condiciones de donar era él. Mis otros dos hermanos tampoco podían y eso habla de lo difícil que es el sistema a veces. Él no puso nada en consideración y así como yo tengo que ir al médico frecuentemente hace 30 años, él en 30 años solo fue a sacarse el riñón para dármelo a mí (risas)".

De niño jugó al fútbol universitario, fue fundador del equipo del Carrasco Lawn Tennis en un plantel que tenía a Diego Forlán como mascota y a Pablo Forlán como entrenador, también hizo rugby y básquetbol de forma recreativa hasta que la pérdida de masa muscular por su enfermedad lo radió de las canchas.

"Cuando rompí los ligamentos cruzados me pidieron que parara. Tuvo que abandonar todos los deportes de desplazamiento y lo único permitido fue el tenis pero no sabía jugar. Tuve que aprender a los 45 años. Trato de entrenar todos los días", agrega.

Hacer deporte para celebrar la vida
Gustavo Vera Ocampo es trasplantado de riñón y juega al tenis.
Gustavo Vera Ocampo es trasplantado de riñón y juega al tenis.

Director de un estudio de arquitectos, casado y padre, Gustavo encontró en Alonzo Mourning su espejo y fuente de inspiración: "Cuando estaba recién trasplantado estuve aislado un mes, encerrado en mi casa mirando la televisión porque no podía tener contacto con nadie por las infecciones. Justo se daba que volvía a jugar Alonzo Mourning. Ese año ganó el anillo de la NBA y ese día entendí que si ese tipo podía jugar luego de un trasplante a nivel NBA, yo podía hacerlo a mi ritmo. Esto no tiene límites. Se pueden hacer un montón de cosas pero a la escala de cada uno".

Con la motivación intacta para entrenar y someterse al desgaste físico de la rutina de ejercicios, Gustavo sabe que el poder está en su cabeza y la intención de difundir un mensaje pesa más que nada: "No me considero distinto a nadie, no pongo lo que me pasó como una limitación. Lo más importante para mí es poder difundir mensajes para que a la gente le lleguen. El Mundial es una competencia muy sana, todos queremos ganar una medalla y terminar lo más arriba posible pero nunca se pierde el significado de todo eso. La medalla es la donación y haber recibido el órgano que necesitábamos para seguir viviendo. Aprendemos a vivir con responsabilidad porque las personas que te permiten continuar la vida tuvieron un acto de una generosidad enorme. Es tu responsabilidad no estropearlo".

El aporte de la Secretaría Nacional de Deportes

Parte del presupuesto total para viajar y hospedarse en Málaga fueron absorbidos por la Secretaría Nacional de Deportes. Fernando Cáceres, director del organismo, aseguró que se trata de una organización que quieren potenciar por su gran trabajo.

“Empezamos a integrar sectores de la población con características especiales en su actividad física y en ese marco el grupo de los trasplantados nos pareció importante por su sentido de pertenencia, su organización y dinámica de participación en eventos importantes. Para nosotros es un grupo de referencia dentro de la competencia deportiva que nos gusta destacar por la superación que demuestran”, dijo Cáceres a Referí.

El aporte del SUNCA

Miguel Yelos, uno de los integrantes de la delegación, es albañil y el SUNCA fue fundamental para su participación en el Mundial ya que absorbió los costos de su participación en Málaga.

La delegación completa

Irineo Rocha: Team Manager

Sergio Miranda: Ciclismo (Trasplantado hepático)

Gustavo Vera Ocampo: Tenis (Trasplantado renal)

Miguel Yelos: Ciclismo (Trasplantado renal).

Gastón Valfre: Lanzamiento de bala y jabalina (Trasplantado renal).

José Fernández: Atletismo (Trasplantado renal)


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