Chile se sacó una mufa de 99 años

Chile fue superior a Argentina en la final pero no le alcanzó para romper el cero; terminó ganando por penales y se sacó una mufa de 99 años de historia
En el fútbol hay leyes no escritas que hacen la diferencia una vez que se conocen los resultados y una de ellas dice que en el deporte no hay justicia y que no existen los merecimientos.

La final de la Copa América de ayer mandó al diablo los manuales, porque luego de 120 minutos de un partido intenso que rompió el letargo generalizado del certamen, Chile, el que hizo más méritos para sacarse la mufa, pudo gritar algo que tenía atragantado desde hace 99 años: Campeón.

El valor de la propuesta
A la final llegaron los equipos que mejor jugaron durante el certamen y que más propusieron.
El último capítulo del torneo continental regalaba la incógnita de ver como se iban a prestar la pelota dos equipos que hacen un culto de la posesión y el juego ofensivo.

Luego de 30 minutos de ritmo acalambrante donde ambos equipos intercambiaron golpe por golpe, Chile asimiló bien la presión de un público que reclamaba a gritos una victoria y empezó a inclinar la cancha.
No hay mejor receta defensiva que tener la pelota y el equipo de Sampaoli decidió cuidar el útil, hacerlo circular de forma lateral en la zona media del terreno y eso obligó a Argentina a replegarse en el desorden propio de un equipo acostumbrado a ser protagonista.

Chile entendió que el fútbol es un juego colectivo y que se juega con una pelota. Quienes no la tienen desgastan físico e ideas a la hora de la recuperación.

Ante tanta demanda de posesión, los intérpretes entendieron que debían ser oferta y aparecieron los triángulos chilenos en todos los sectores del campo.

Para lograr ese cometido es clave una línea medular que se ofrezca como opción de pase y sea aplicada a la hora de retroceder defensivamente.

En ese escenario, Chárles Aránguiz y Marcelo Díaz fueron obreros de lujo. Con Jorge Valdivia y Arturo Vidal controlados, los volantes de contención debieron desdoblarse para asistir a Eduardo Vargas y Alexis Sánchez.

16 Disparos. Tuvo Chile sobre el arco de Sergio Romero contra los 6 que apenas pudo conectar Argentina ante Claudio Bravo.

Pero someter a un equipo como el argentino no es cosa de todos los días y Chile demostró que atacar con superioridad numérica y tenencia del balón y replegarse para defender en bloque son tareas compatibles.

Vargas y Vidal hicieron sonar las alarmas del fondo albiceleste y Sergio Agüero respondió con un cabezazo que hizo volar a Bravo.

427 Pases correctos. Chile se destacó por ser el equipo que mejor trató a la pelota en toda la Copa. Ante Argentina dominó ese rubro. El equipo de Martino acertó 337.

A Messi le pasó lo mismo que en el duelo ante Uruguay. Fue bloqueado en la calle central y obligado a retroceder para entrar en contacto con la pelota.

Con Sergio Agüero solo arriba, quien debió bajar y hacer el desgaste fue Ángel Di María, quien volvió a salir antes de una final por una lesión muscular.

Sin opciones de ataque y con una de sus principales armas en sanidad, Martino entendió que Chile imponía condiciones y resignó poderío ofensivo para equilibrar la zona media.
A la cancha Ezequiel Lavezzi y todas las cámaras del mundo se posaron sobre la mirada de Carlos Tevez.

El Apache no siente el retroceso como algo natural y se quedó en el banco, esperando una oportunidad que nunca llegó.

Rengo por el sector izquierdo y obligado a una genialidad de Messi, Argentina jugó lejos del arco rival, resignó a la pelota y se aferró al manual de la contra para hacer daño.

52% Posesión. Con Messi como abanderado de la tenencia del balón, Argentina ni siquiera pudo superar a Chile en ese rubro. Los albicelestes tuvieron el ueron el 48% del balón contra el 52% de los chilenos.

Chile no aprovechó la salida de Di María y erró pases en la transición defensa-ataque que dinamitaron los caminos al gol.

El complemento no modificó los actores ni la tónica del partido. Chile volvió a escalonar al rival, aisló a Messi del juego y fue aún más agresivo para ganar metros sobre el arco de Romero.

Martino y Sampaoli buscaron revulsivos desde el banco de suplentes y dieron ingreso a Gonzalo Higuaín por Agüero y Matías Fernández por Valdivia.

En el negocio de los cambios, como en el trámite del partido, salió ganando Chile. La Roja se hizo protagonista del juego ante una Argentina que fue al frente con más corazón que ideas.

Argentina tuvo la última e Higuaín, aún con la sombra de perderse un gol increíble en la final del Mundial ante Alemania, dilapidó el gol del título sobre el segundo palo.

En una salida rápida de Bravo y tras un error de Mascherano que terminó el partido en una pierna, Sánchez tuvo el gol a los 82 minutos con un remate cruzado apenas sofocado por el esfuerzo de Pablo Zabaleta.

La película del partido terminó con varios jugadores acalambrados, foto perfecta del alto ritmo que se vio en el césped del Estadio Nacional de Santiago.

En los penales las características cambian. La planificación, los nervios, el cansancio y la presión juegan su partido y en ese escenario, Chile, el equipo hasta ayer vírgen de América, dio una muestra de valentía y jerarquía para ser mejor.

El equipo de Sampaoli, con la semilla de Bielsa, se sacó la mufa.

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