Cheika, el artífice del cambio

El entrenador generó una transformación en la mentalidad de Australia y lo puso en la final
La clasificación de Australia a la final del Mundial de rugby es el resultado de una pequeña revolución en el rugby de los Wallabies. Y el responsable de ello es su entrenador, Michael Cheika, que llegó para cambiar la cultura alrededor del seleccionado, por años acostumbrado a los divismos y luchas internas.

Australia no fue siempre una potencia. De hecho, hasta mediados de la década de 1980 estaba varios escalones por debajo de las otras dos potencias del sur Nueva Zelanda y Sudáfrica. Fue en esa época que se afianzó como potencia, con el Mundial 1991 como gran estandarte, a lo que luego se le sumó el por el entonces Tri Nations, hoy Rugby Championship.

Pero en los últimos años, tras aquella final de 2003 en el Mundial que organizó como local, Australia se fue desinflando: dejó escapar una gran generación de jugadores, en el medio de escándalos, llegadas tarde y hasta renuncias al equipo.

Cheika llegó y puso orden. En primer lugar, se propuso recuperar la mística y para eso promovió un cambio en la reglamentación de la Australia Rugby Union, que había ido drenando a la selección de algunas de sus mejores figuras: una flexibilización de la norma por la cual solo los jugadores que militan en Australia (contratados por la ARU) podían defender a los Wallabies. Así, se estableció que quienes tuvieran más de 50 partidos por la selección pudieran volver al equipo, independientemente de que militaran en Europa.

En realidad la medida tenía nombres y apellidos: Drew Mitchell y Matt Giteau, dos jugadores que tenían el juego suficiente, pero también la personalidad, para aportarle un cambio de mentalidad al equipo.

Además Cheika logró convencer a Dean Mumm y Kane Douglas, dos segundas líneas que también militaban en Europa, a que volvieran a suelo australiano para poder defender al equipo.

Cheika ha dicho muchas veces que lamenta haberse marchado como jugador a Francia e Italia, lo que le impidió luchar por una plaza en la selección australiana, aunque también afirma haber aprendido mucho de su experiencia en el extranjero.

"Ha sido un poco parte de mi vida. No hay duda sobre ello", afirmó el DT, el único en ganar los máximos títulos de clubes del Hemisferio Norte (con Leinster) y del Sur (con Warrathas).

"Me ayudó mucho aprender sobre gente diferente, con diferentes experiencias, diferentes culturas y ver cómo te adaptas y sacas lo mejor de la gente y de uno mismo. Nunca cambiaría esa parte de mi vida", concluye.

La lección

Con esos retornos, Cheika reforzó a los Wallabies, pero además, le mandó un mensaje a algunos que hasta allí aparecían como estrellas intocables, como Kurtley Beale o Quade Cooper, que en el pasado habían protagonizado varios incidentes.

También, cuando asumió el cargo de seleccionador hace un año, trató de devolver la moral al equipo. "El trabajo físico y psicológico fueron de la mano", afirma Cheika. "Nada construye mejor un equipo que trabajar duro juntos, sudando un poco y derramando un poco de sangre juntos, lo que crea un respeto entre todos. También hay un poco de trabajo mental", afirma.

"Queremos que nuestros jugadores disfruten, aunque no ganemos todo el tiempo. El estilo de juego que tenemos es el australiano, pero tratamos de hacerlo bien", indica.

En esa construcción de mística, además, Cheika colaboró incluyendo en el equipo a Mario Ledesma, el argentino que como hooker hizo historia al conseguir la medalla de bronce en 2007 con Los Pumas.

Ledesma fue clave para crecer como nunca antes en el scrum, el gran punto flojo del rugby australiano, pero además para insistir en esos valores del sacrificio y de la unidad que parecían abandonados por los australianos. De hecho, en el partido del fin de semana por semifinales –y en el medio de las dudas de muchos medios australianos por tener al enemigo en casa– le pidió a Ledesma que cantara el himno argentino, para revalorizar sus orígenes.

"Él es uno de nosotros y si nos fijamos en el equipo, tenemos chicos de todos los lados; Fiyi, Samoa... Mis padres son irlandeses y Cheika tiene un origen diferente (hijo de inmigrantes libaneses)", explicó.

"Creo que todos nos inspiramos en nuestros padres. Cuando tienes a alguien que deja su país con nada, heredas ese factor de no tener miedo a nada y espero haber pasado eso a mis jugadores", explicó el entrenador, al frente de un cruce de culturas, con el zimbabuense David Pocock, a su capitán Stephen Moore nacido en Arabia Saudita de padres irlandeses y a algunos jugadores procedentes de islas del Pacífico, como el medioscrum Will Genia, nacido en Papúa Nueva Guinea.