Celos, peleas y traiciones: la locura argentina del tenis

Del Potro se bajó por lesión el domingo; aunque la prensa se enteró antes que el capitán Jaite, lo que provocó una crisis; al final Berdych venció a Berlocq en tres sets y República Checa clasificó a la final

Tomas Berdych, quien participó en la consecución de los tres puntos decisivos ante Argentina en Buenos Aires, ha llevado a la República Checa a la final del Grupo Mundial de la Copa Davis de tenis, al vencer este domingo al debutante Carlos Berlocq por 6-3, 6-3 y 6-4. El número seis del mundo neutralizó fríamente el entusiasmo del argentino, número 45, quien sustituyó en la última jornada de la serie a Juan Martín del Potro, baja por una lesión en su muñeca izquierda.

Del Potro había vencido el viernes a Radek Stepanek (6-4, 6-4 y 6-2) y Berdych a Juan Mónaco (6-1, 4-6, 1-6, 6-4 y 6-4), mientras que en el dobles Berdych y Stepanek derrotaron a Berlocq y Eduardo Schwank (6-3, 6-4 y 6-3).
 
Era una chance inmejorable de Argentina para llegar a la final de la Copa Davis, para tomarse revancha de la derrota ante España en 2008 en Mar del Plata. Pero pocos días antes llegó la primera mala noticia: David Nalbandián no podía jugar por lesión. El centro pasó a ser la situación de Juan Martín del Potro, N°8 del mundo, quien arrastraba una lesión en la muñeca y el médico le había recomendado que no jugara. El tandilense no hizo caso, y aún con un fuerte dolor en la muñeca venció a Radek Stepanek en tres sets, lo que provocó una ovación del Estadio, y las lágrimas del jugador, que dijo que lo hacía "por la gente", sin mencionar a sus compañeros.

Del Potro era héroe. Pero todo se acabó a las pocas horas, cuando en la previa al partido de dobles empezó a correr el rumor de que Del Potro había decidido no jugar el domingo porque el dolor en la muñeca había recrudecido. La versión corrió veloz por los medios y las redes sociales. Pero el capitán Martín Jaite lo negaba. Con el correr de la tarde se pudo saber que el jugador ya lo tenía decidido, sea como sea se filtró y llegó a la opinión pública antes que a oídos de sus compañeros.

Con eso se confirmó lo que los medios manejaban con cautela hasta allí: que el jugador de Tandil no tiene una buena relación con el capitán del equipo, Martín Jaite, un asunto que el tenis argentino padece desde hace décadas y que hasta el año pasado tuvo como protagonistas a David Nalbandian y al excapitán Tito Vázquez.

Así, Del Potro pasó de ser el héroe al malo de la película. Y el domingo de la mañana, el que había sido ovacionado por el parque Roca fue silbado cuando apareció en el estadio para ver el partido de Carlos Berlocq ante Berdych, el que debía haber jugado él para mantener al equipo en carrera.

El viernes, esta había sido la ovación una vez que ganó el primer punto ante Stepanek.

Del Potro

La serie
El equipo checo volverá a disputar una final desde 2009, cuando cayó derrotado ante España por 5-0 en el Palau Sant Jordi, de Barcelona, con Berdych y Stepanek en los individuales ante Rafael Nadal y David Ferrer.

Con Del Potro a media máquina y sin David Nalbandian, fuera del equipo por una rotura fibrilar padecida durante el Abierto de Estados Unidos, Argentina perdió por primera vez en la Davis en el polvo de Ladrillo del Parque Roca de Buenos Aires.

Pocos minutos después del 1-2 logrado por el equipo de Jaroslav Navratil el sábado, los checos comenzaron a hacer planes para la final con España al anunciarse la baja de Del Potro para la jornada decisiva de la serie.

Navratil había hecho ese día una movida clave al dejar en los vestuarios a Ivo Minar y Lukas Rosol, a quienes había anunciado en forma estratégica durante el sorteo del orden de juego de la serie, el jueves, y mandar a la pista a los dos puntales del equipo.

Los checos liquidaron en tres mangas a Berlocq y Schwank y quedó en manos de Berdych, un jugador que cosechó numerosos aplausos en su paso por Buenos Aires, el pasaje a la final. Berlocq mantuvo al público local en estado de efervescencia por sus reacciones espasmódicas frente a un rival de múltiples recursos y de una gran frialdad para tomar decisiones.

Berdych esperó que el bonaerense se quemara con su propio fuego y, en cuanto éste intentó ser más intenso y obtener ventajas con su servicio, le echó agua.


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