Carlitos en el país de las maravillas

Grossmüller volvió a ser feliz en Danubio tras etapas de incertidumbres y depresión
"Mi primera camiseta fue la de Danubio; la del Polillita Da Silva. En la escuela y en el barrio era el único hincha de Danubio". Carlos Grossmüller es Danubio. El fútbol como le gusta al hincha de la franja. Ahora, que los caminos del futbolista y el equipo volvieron a unirse, Jardines es distinto. Vuelve a tener esencia de potrero.

A los 32 años, Maravilla volvió a sonreír: "Este retorno significa mucho. Estoy feliz en Danubio. Me levanto feliz, voy feliz a entrenar, hacía tiempo que no lo sentía. Me siento como en casa. Me lo hace sentir la gente".

Como el sábado cuando la rompió ante Nacional (2-0) para encarrilar el cuarto triunfo consecutivo de la franja tras un comienzo a los tropezones.

"De los últimos partidos, contra Nacional no jugamos tan bien, pero seguimos la racha ganadora y con el arco en cero. Merecimos mejor suerte en otros partidos pero estábamos en una situación donde llegábamos y no hacíamos los goles y los rivales nos convertían en una o dos ocasiones que tenían. Nos pasó con El Tanque, Sud América, Peñarol y con River Plate. Lo dejamos escapar nosotros, podríamos estar un poquito más arriba", dijo.

Grossmüller nació en el barrio Bella Italia: "Solo tenía la pelota para jugar y divertirme. Hoy los chiquilines con esto de la tecnología se pasan adentro", dice mirando de reojo a Bastian, de cinco años, uno de sus hijos junto a Luna, de 12.

Carlitos, que entonces se apellidaba Grosnile hasta que en 2005 se corrigió el verdadero apellido que trajo su abuelo de Alemania, hizo el baby en Ombú y todas las inferiores en Danubio hasta debutar en Primera en 2002, en el Estadio contra Peñarol.

Pero en 2004 se tuvo que ir a préstamo a Fénix: "Me dolió irme de Danubio, había salido campeón recientemente (Clasificatorio), pero Pelusso me dijo que no iba a contar conmigo, fue sincero", recordó.

Enganche por naturaleza, fue de los primeros en retrasar su talento creativo a la función de doble cinco. El responsable: Gustavo Matosas.

"Me encaraba todos los días por el asunto de mi peso, un crack, hace poco cené con él. Estaba en 90 kilos, muy pasado. Bajé a 76 k. Mi peso ideal era 80 k. Gracias a Gustavo no subí más, ahora engordo un kilo ya me pongo a pensar y me traumo. Fue un entrenador que me marcó mucho, fue el primero que me dio la confianza. Después el equipo anduvo bien y tuvo un gran funcionamiento".

Se refiere al Danubio 2006-2007, campeón uruguayo tras arrasar en el Apertura y ganarle la final del Clausura por penales a Peñarol.

Después le llegó la aventura por Alemania, en la Bundesliga y en un equipo importante: Schalke 04.

"Llegué un miércoles y el sábado jugué el clásico contra Borussia Dortmund, ganamos 4 a 0. Después jugué Champions y estuve en rodaje todo el semestre, pero en el segundo semestre el nuevo entrenador (el holandés Fred Rutten) no me tuvo en cuenta. Ahí ya empezó la depresión, estaba fuera del país, quería jugar, no me di cuenta que tenía que esperar mi momento. Si hubiese ido más maduro capaz que estaba allá", afirma.

Ahí jugó con Manuel Neuer, Ivan Rakitic y Mesut Özil además de los uruguayos Darío Rodríguez, Gustavo Varela y Vicente Sánchez.

Tras un retorno Danubio, jugó dos temporadas en Lecce: "De los equipos donde estuve afuera fue donde me fue mejor. Estaba Giacomazzi de capitán, el Pollo (Olivera) que somos amigos desde que nos criamos, Chevantón, Nacho Piatti que era argentino pero se sumó al grupo. Eso nos llevó a disfrutar mucho el fútbol y si bien en Italia el juego es cerrado, nosotros jugábamos 4-3-3 y cumplimos el objetivo de zafar del descenso".

En Peñarol, para la temporada 202-2013, salió campeón del Apertura pero después se lesionó en el Clausura. Sufrió una hernia de disco que lo tuvo siete meses sin jugar.

"Ahí se me cerraron muchas puertas que pensé que tenía abiertas. No tenía equipo, no sabía si iba a poder volver a jugar, fue un tiempo de incertidumbre, la pasé fea, difícil, muchas veces estuve deprimido porque no tenía trabajo", reveló.

Pero apareció Cerro. "Entrené una semana para ver si podía volver a jugar, sino iba a dejar. Si me preguntás un equipo donde me gustaría jugar después de Danubio es Cerro. Siempre va a ocupar un lugar especial por abrirme las puertas en un momento complicado para mí".

En Universitario de Perú le fue mal, pero el retorno a Danubio le devolvió el alma al cuerpo. "El hincha de Danubio es complicado, me costó volver a ganarme el cariño de la gente. Pero la gente me demuestra siempre cariño, incluso cuando jugué en contra". Palabra de Maravilla

La frase

"Con ese equipo entrabas a la cancha sabiendo que ganabas; se juntaron un montón de jugadores que están o estuvieron afuera".
Carlos Grossmüller sobre el Danubio campeón uruguayo en la temporada 2006-2007

El enojo de Nacional

El sábado, algunos jugadores de Nacional quedaron enojados con sus pares de Danubio y Grossmüller dio su explicación: "Lo hablé con algunos compañeros, creo que abusamos un poco del toque y confundimos jugar bien con jugar lindo y tal vez por hacer alguna de más perdimos chances de hacer algún otro gol. Contra un grande hasta el final nunca se sabe y pecamos de hacer alguna de más". Grossmüller es madurez pura: "La vida te va haciendo madurar, hoy disfruto más, lo hablo con Juan (Olivera). Mucha gente no puede trabajar de lo que le gusta, somos afortunados y hay que valorarlo".

Jugador insignia

Debutó el 1º de diciembre de 2002 en Danubio en el estadio ante Peñarol (1-3) y esta es su cuarta etapa en la franja donde lleva disputados 149 partidos con 32 goles.
Danubio (2002-2004)
Fénix (tres meses en 2004)
Danubio (2005-2007)
Schalke 04 (2007 hasta setiembre de 2009)
Danubio (2009-2010)
Lecce (2010-2012)
Peñarol (2012-2013)
Cerro (2013-2014)
Universitario (2015)
Danubio (2015)
Selección uruguaya: Sudamericano sub 20 en 2003, Preolímpico sub 23 en 2004 y algunos amistosos en selección mayor durante el arranque del proceso de Óscar Tabárez. También había sido convocado antes por Juan Ramón Carrasco.



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