Canosa, entre la muerte y el horror

En Manta, el jugador uruguayo pensó que moría y que su esposa y su hijo habían sido aplastados
De pronto la tierra se sacudió. El piso se movió. Las paredes del edificio se quebraron. El techo se rompió. Afuera gritos y desesperación. Rodrigo había terminado de hablar con su familia. Se despidió de su mamá y se disponía a tomar mate con su compañero, el argentino Maxi Barreiro, cuando sintió algo que no era normal. La concentración del club Delfín de Manta se sacudió por el peor terremotos de la historia de Ecuador. Y en medio de la locura y el drama se encontró este uruguayo que fue a jugar al fútbol y jamás pensó sentir la muerte tan cerca.

Rodrigo Canosa imaginó lo peor. Que moría, que su señora y su pequeño hijo habían sido aplastados por un edificio. Fue testigo de la locura. Escuchó gritos desgarradores de gente atrapada en los escombros. Se quedó sin comida. Hasta que lo invadió el olor de los cuerpos descompuestos y decidió salir de la ciudad.

Referí pasó dos días para contactar a Canosa. La ciudad está devastada. Las comunicaciones son complejas. La noche que fue contactado pidió un tiempo. Estaba saliendo de Manta en un taxi que lo llevó toda la madrugada a Guayaquil. Una historia desgarradora. Una historia de vida.

"Terminé de hablar con mi mamá, corté y me puse a tomar mate con Maxi. Tomé un mate y se empezó a mover todo. Le pregunto ¿qué pasa? Y me responde: 'está temblando'. Pretendí salir corriendo a buscar a mi familia pero Maxi me agarró y me metió bajo el marco de la puerta, me dijo no te muevas, y no me dejó salir. Me puse como loco y le dije que me dejara ir a a buscar a mi mujer y mi hijo. 'Flaco, yo tengo una nena de cinco meses. Termina esto y nos vamos', me respondió".

La narración de Rodrigo Canosa, exjugador de Rampla y Cerro, no tiene pausas. "Fueron 40 segundos. Una locura (la magnitud fue de 7.9). A mi alrededor se partían las paredes, se rompía el techo, los edificios se sacudían. Horrible. Una sensación difícil de explicar porque no arranca de golpe, son unos segundos y luego sentís que se viene hasta que para. Fueron 40 segundos eternos. Se te cruzan por la cabeza 10 mil cosas, parece que te morís".

Rodrigo bajó las escaleras y le dijo a sus compañeros que se iba. Jamás imaginó encontrar la calle como la encontró y mucho menos que un llamado telefónico lo hiciera pensar lo peor.

"Bajé corriendo y en eso me llamó mi señora y se cortó la llamada. Se me vino el mundo abajo. Se me vino lo peor a la mente. Pensé que se había caído el edificio. Empecé a correr por la calle, lloraba, intentaba llamar, paraba autos pero nadie se detenía. La gente corría. Estaba como a 30 cuadras de casa. Y seguí corriendo como un loco por la calle. Desesperado. Hasta que encontré un taxi, le hice señas, paró y me llevó. No sé porqué paró. Pero me llevó. En el trayecto no veía ni escuchaba nada, estaba nublado. Quería llegar. Cuando llego veo al portero y le pregunto por mi señora. Me dice están ahí abajo y verlos fue como volver a vivir. Nos abrazamos, lloramos, no lo puedo explicar con palabras. Fueron tantas sensaciones. Me moría si les pasaba algo. O quedás loco o te terminás matando. No me lo hubiese perdonado".

¿Qué hizo luego de reunir a su familia? Comenzó a caminar rumbo a la concentración del equipo para ver qué iban a hacer.

"Fue en ese momento donde pude ver la magnitud del daño. La ciudad era un desastre. Estaba devastada. Lo primero que me impactó al volver caminando fue un apartamento frente a la concentración al que se le habían caído las paredes y había gente atrapada. Los gritos, la gente buscando a sus familiares, era un caos. Esas imágenes son difíciles de olvidar. Escuchar los alaridos. Fue como empezar a vivir una locura".

En medio del caos Rodrigo tuvo tiempo de llamar a su familia. Como la comunicación se cortaba mandó un audio a su sobrino transmitiendo tranquilidad.

Claro que el horror recién empezaba. La noche fue difícil. La ciudad se volvió a mover. Durmieron en la calle. Llovía.

"Llamamos al club pero no respondía nadie, el presidente no atendía. Entonces le pedí a Maxi que me lleve a su casa porque vive en un barrio privado. En el viaje fui viendo el desastre. Fue bravo porque en la ciudad empezaron a saquear. Mi señora y la de Maxi se acomodaron para dormir debajo de un techo con los niños. Pero después salimos a la calle. Llovía, hacía mucho calor. Fue imposible dormir. No veía la hora que se hiciera de día", narró Canosa.

Al otro día salió a buscar algo para comer. Y se encontró con una sorpresa: no había comida. "El lunes ya estábamos sin internet, sin comer y volvió a temblar. Se empezó a sentir el olor a los cuerpos descompuestos por la alta temperatura. Fue cuando dije 'acá no podemos estar más'. Me pasaron el teléfono de un taxi que me podía sacar de acá, lo llamé y arreglé. Armé las valijas y me fui a Guayaquil a la medianoche".

"Yo me fui. No pedí permiso. Hablé con el profe el domingo y le pedí para irme pero me dijo que el miércoles empezábamos a entrenar, que esto, que lo otro. Me aguanté hasta ayer. Pero ver todo ese espanto fue insoportable", agregó.

Canosa se fue a la casa del Zurdo Fernando López. "Me siento como en casa. No sabes lo que es tener luz, comer, tener internet, alimentar al bebe. Allá solo le podíamos dar leche porque no había comida y la tenía que tomar fría porque no teníamos donde calentarla".

En Guayaquil, Rodrigo comenzó a recibir llamados de sus compañeros. Se enteró que el campeonato se reanuda el 1º de mayo. Pero su decisión ya está tomada (ver apunte). "A Manta no vuelvo, ya se lo dije a los compañeros. Porque ahora aparecen los virus por los cuerpos descompuestos. Hay un olor inaguantable. ¿Sabés lo que es vivir con 35º promedio de temperatura, sin aire, sin nada? Me tenía que haber ido antes. Luego de ver lo que ví acá no me quedo más".

A la mañana siguiente de la nota Canosa logró hablar con el presidente del club al que comunicó su decisión: "Me voy". Rescindir el contrato es renunciar a los salarios. Se queda sin trabajo y deberá esperar la apertura de nuevos mercados para volver a fichar. Pero la vida y la tranquilidad de su familia no tienen precio.

No sigue

El defensa Rodrigo Canosa logró hablar con el presidente del club Delfín de Manta, de la Primera División. Le comunicó su decisión de no volver a la ciudad. Si los tiempos le daban, ayer, a última hora de la tarde, tomaba un vuelo con destino a Uruguay. El miércoles de madrugada la ciudad volvió a temblar. "Lo sentimos en Guayaquil. A las 3 de la mañana me desperté porque se movía la cama", reveló. El club Delfín retoma los entrenamientos el viernes en medio de un ambiente desolador. La cifra de muertos y desaparecidos va en aumento.

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