Cambio de talante

El gol de Pacheco en la hora hizo que la cara de Diego Alonso y de todo Peñarol diera un vuelco total; el DT sabe que tiene que mejorar muchas cosas más, pero al menos se llevó un punto

Del gesto adusto a un grito de gol. Del desasosiego al desahogo. De recriminar al árbitro, a irse al vestuario con algo más de tranquilidad.

Eran –y siguen siendo– momentos muy difíciles para Diego Alonso. Pero seguro que hubieran sido peores si a Martín Campaña no se le hubiera escapado como agua entre los dedos el penal mal pateado por Antonio Pacheco cuando se moría el partido y sus minutos de adición.

Fue una sensación de paz para el técnico de Peñarol que seguramente hubiera vivido una semana más que complicada a partir del lunes.

El empate en el Franzini le cambió la cara. Fue un bálsamo, una buena noticia entre tantas pálidas.

Es que así está este Peñarol. Se conforma con un empate en la hora, con un punto de seis, con un comienzo exactamente igual al del Apertura pasado cuando había perdido ante Fénix en el inicio y luego igualó –con nueve hombres– ante River Plate.

Apostó a mejorar la seguridad,  –algo que ya había manejado en el encuentro anterior– y no lo logró siquiera con los cinco cambios que hizo en el equipo. Quizás fueron demasiados y sin quizás, la mayor parte de ellos no rindió lo que se esperaba.

Cuando comenzó el segundo tiempo, Giorgian De Arrascaeta dejó a Felipe Gedoz de cara al gol y el brasileño no lo desaprovechó. Por eso se puede decir que a partir de allí, lo que sí es un tema a tener en cuenta a favor del entrenador y también de los jugadores, es el hecho de haber luchado hasta el final cuando se venía la noche más negra y más larga.

De los grados bajo cero del Franzini se pasó a un solo instante en el que a todos los futbolistas  de Peñarol les hirvió la sangre. Fue en el festejo de ese gol de Pacheco que Campaña casi no deja gritar.

Se mitigó el peor momento con un grito de gol que ya no se esperaba. Porque si bien el penal sobre Fabián Estoyanoff fue cometido a los 90+3, el empate se logró un minuto más tarde.

Alonso y todo su cuerpo técnico van a tener que pensar y repensar si hicieron bien en realizar tantos cambios. Ya se escribió durante la semana pasada que aprenderá seguramente de sus propios errores y de su inexperiencia, sobre todo, de dirigir a un equipo grande.

Este cuerpo técnico ha dirigido hasta el momento seis encuentros –cuatro de ellos, oficiales– y aún no sabe lo que es ganar.

Esa también es una mochila que pesa una tonelada. Peñarol de por sí ya pesa un disparate, entonces cuando no se gana, todo es peor.

El hincha, dentro de todo, no mostró la bronca contenida que realmente no se entendió ante River porque era la primera fecha. Pese a que se perdía con un rival directo por el título, esta vez se bancó el frío callado y sin insultar.

Lo que una vez más quedó claro es que Peñarol tiene que mejorar muchísimo en su rendimiento. Tal como se pudo observar durante algunos minutos del segundo tiempo de anoche, cuando el Japo fue el Japo, y cuando Estoyanoff se encendió. Pero antes y después, muy poco más. Esa seguridad que buscaba el DT, seguro que no se la llevó del Franzini.

Alonso va a seguir teniendo crédito en Peñarol. La libreta del almacén, como en los viejos tiempos, todavía tiene números que puede pagar. Pero de seguir así, en algún momento cambiará y la deuda se le hará impagable.


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