Cambia, todo cambia

Durante el pasado Apertura, Nacional fue una máquina de triunfos y Peñarol un alma en pena; la realidad cambió en solo dos partidos del Clausura; ¿Qué le pasó a los grandes?

Peñarol y Nacional viven mundos diferentes. No es un tema nuevo, es algo que viene con la misma historia del fútbol uruguayo. Parece que cuando uno anda bien, el otro está condenado al fracaso.

Ocurrió en el pasado Apertura, cuando Nacional se comía a los niños crudos. Le sacó 17 puntos de diferencia a su tradicional rival en la Tabla Anual y ganó el torneo de punta a punta mientras Peñarol deambulaba en una mini crisis.

A eso hay que sumarle los muy buenos resultados obtenidos en la pretemporada por parte de los dirigidos por Álvaro Gutiérrez, ganando no solo las copas de verano, sino los dos clásicos con claridad.

Pero en 15 días todo se desmoronó para Nacional. Aquel fútbol depurado, con otra visión de cancha, desapareció. Perdió cinco puntos de seis disputados en lo que va del Clausura y las alarmas se encendieron.

La ventaja en la Anual se recortó de 17 a 12 puntos con respecto a Peñarol mientras que el segundo, Racing, no lo aprovechó porque perdió sus dos partidos y está a 11 de los albos.

Peñarol empezó calladito, sin ninguna alharaca, hasta con cierto escepticismo de lo que pudiera ocurrir con su fútbol. Sin embargo, es el puntero del campeonato junto a Atenas de San Carlos.

Esto no quiere decir que lo de Nacional es un desastre y lo de Peñarol maravilloso, pero queda muy claro que los ánimos han cambiado radicalmente.

El despertar de Peñarol
El juego que Peñarol desplegó ante Cerro y Juventud no es maravilloso. Nadie podía esperar que el técnico Pablo Bengoechea cambiara del día a la noche el rendimiento de un equipo que contó solo con cuatro altas (Santiago Silva, Jonathan Urretaviscaya, Luis Aguiar y Gianni Rodríguez).

No obstante, hasta ahora, una de las grandes diferencias entre Peñarol y Nacional es el orden que exhiben en la cancha.

Cuando este se pierde puede ser letal y así lo sufrió Nacional contra Sud América, algo que su propio técnico Álvaro Gutiérrez admitió luego del encuentro.

Asimismo, no es casualidad que Urretaviscaya haya sido el mejor de Peñarol sumando los dos partidos. Vino en pleno rodaje desde Portugal y al menos en las primeras fechas va a hacer la diferencia física.

Su velocidad y su repentización han sido determinantes en ambos juegos, pero, sobre todo, contra Juventud.

A Peñarol igualmente le falta mucho para ser el equipo que seguramente Bengoechea quiere. Hasta ahora mostró matices distintos, ya que no es bueno el nivel defensivo, mientras que adelante, cuando puede, arrasa. Hizo siete goles en dos encuentros.

Uno de los problemas se le presenta cuando se hace de la pelota. Carece de un juego colectivo que llame la atención. Sin embargo, tiene jugadores que han rendido bien como Jonathan Sandoval en el primer encuentro.

Cuando lo presionan atrás lo complican –como a cualquier equipo uruguayo– y eso puede llevar a errores. El arquero Pablo Migliore es irregular. Tiene partidos muy buenos como el del domingo pasado, pero a veces tiene bajones grandes o sale a destiempo.

Como se ve, no todo son puntos positivos en el conjunto mirasol.

Sin embargo, es un equipo que tiene recambio y eso es esencial. Bengoechea volvió a darle la titularidad al juvenil Facundo Rodríguez, quien mejoró con respecto al debut ante Cerro –le cometieron el penal para el segundo gol ante Juventud–, aunque le falta aportar más.

Si tendrá recambio que se puede dar el lujo de dejar en el banco a Luis Aguiar –un hombre que sabe mucho con la pelota y que llega al gol– y a Sebastián Píriz, quien fue uno de los mejores en el pobre semestre pasado.

Los movimientos del Japo Rodríguez rotando en gran parte de la media cancha, y el aporte ofensivo de los históricos Pacheco y Zalayeta, son puntos altos de este Peñarol que apunta a más, aunque, claro está, debe mejorar.

La caída de Nacional
¿Qué le pasa a Nacional? ¿Entró en crisis o solo atraviesa una mala racha? Después de su arrasador Apertura y de su gran pretemporada donde ganó dos copas de verano y dos clásicos (uno con suplentes y juveniles, el otro por goleada), el equipo era claro favorito para pasar su serie de primera fase de Copa Libertadores ante Palestino de Chile.

Gutiérrez mantuvo la base del pasado semestre y reforzó fuerte el plantel: Ribair Rodríguez, Carlos Valdés, Christian Tabó, Gonzalo Bueno y Sebastián Abreu. Se fueron Rafael García, Pablo Álvarez, Maximiliano Calzada, Rinaldo Cruzado, Juan Cruz Mascia y Henry Giménez.

Es decir que el plantel se armó apostando fuerte a la Copa pero también al Clausura.

Pero la eliminación ante Palestino pegó duro.

¿Por qué perdió Nacional? Le faltó el rodaje que tenía el rival (seis partidos oficiales y un parate de solo 17 días) ya que el tricolor abrió su año ante los chilenos tras estar dos meses sin jugar encuentros oficiales.

Pero también le faltó juego. Armas conceptuales. Este equipo se hizo fuerte a partir de pelotazos largos de Munúa desde el fondo y activando circuitos de juego solo en campo contrario cuando recuperaba la pelota arriba o cuando ganaba las segundas pelotas.

A nivel local, esa receta resultó perfecta: el equipo ganó el 93,3% de los puntos que disputó en el Apertura. Pero a nivel internacional eso no alcanza.

Hay números que reflejan esta realidad. Palestino totalizó 550 pases acertados entre los dos partidos ante Nacional, con una eficacia de 92,5%. Los tricolores solo 134, con 69% de efectividad. Es cierto, la posesión de pelota tiene una incidencia relativa en el resultado de un partido. Pero recordar aquel segundo tiempo de Nacional ante Palestino en el Parque Central sin público es ver a un equipo que no supo cómo administrar el balón para generar opciones de gol.

Tras la derrota contra Sud América, Diego Arismendi le declaró a Pasión Tricolor que estaba corriendo mucho y mal la cancha.

¿Sufrió Nacional un bajón a nivel físico de sus jugadores? Demasiado temprano para saberlo. Lo cierto es que tras el Apertura se fue Marcelo Giarrusso y para el Clausura llegó Luis Betolaza como preparador físico.

Nacional marcó a lo largo del Apertura una superioridad física ostensible sobre sus rivales. Pero es con el correr de los partidos que se verá si el equipo tuvo un bajón o no en esta área.

Cambia todo cambia. Nacional sonreía y ahora está preocupado. Peñarol era oscuridad y ahora ve la luz. Pero esto, recién empieza.

 


Fuente: Pablo Benítez (@pebeca11) y Marcelo Decaux (@mardecaux)

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