Cada vez más difícil

Le ganaron 40-27 a Namibia y terminaron séptimos en el Mundial M20 B, una categoría que no para de crecer

Con una victoria 40-27 ante Namibia en el último partido, Los Teritos terminaron en la séptima ubicación del Junior World Rugby Trophy, el Mundial M20 B que terminó ayer en Temuco (Chile).

Fue un torneo con altibajos para los celestes, que en los últimos años se habían acostumbrado a no bajar del sexto puesto, aunque en 2012 habían sufrido el duro golpe de quedar afuera de la competencia internacional por primera vez en 20 años. Esta vez entraron por la ventana, aprovechando que Chile –que venció a Los Teritos en el Sudamericano- clasificó al Mundial como país organizador, lo que dio una plaza extra e impidió que los juveniles celestes quedaran afuera por segundo Mundial consecutivo.

Del Sudamericano para acá, el equipo creció. Y mucho. De ser superado con claridad en el juego y en lo anímico por Chile, pasó a mostrar un juego aguerrido en el Mundial, aún contra rivales superiores. A los celestes los perjudicó jugar la serie más dura del torneo, y cosecharon tres derrotas en la serie ante Japón, Tonga y Canadá, aunque con un rendimiento que fue claramente en ascenso, haciendo un partido parejo ante los canadienses, quienes terminaron siendo los vicecampeones tras perder con Italia la final.

Ayer, en el partido definitorio, Los Teritos mostraron algunos de los altibajos del torneo: un primer tiempo excelente, con mucha superioridad en el contacto y en ataque, que les permitió sacar una ventaja de 27-3 a los 10 minutos del complemento, que parecía dejar todo definido. Y a continuación, un pronunciado bajón, pasando a perder en aspectos que minutos antes estaban controlado, para que Namibia transformara el resultado en un apretado 30-29 con 10 minutos por jugar.

En el cierre apareció la entrega y la actitud en el tackle, para volver a jugar en campo rival y con un penal y un try dejar a salvo un triunfo que pareció que se iba de las manos de manera increíble.

No es la generación más brillante de jugadores, como sí pasó en años anteriores, y encima en el camino al Mundial sufrieron varias bajas por lesiones o sanciones. Sin embargo, en Chile lo suplieron con mucho amor propio, y con un trabajo de meses en el Charrúa que dio frutos. Pero también dejó en claro que estar en la pelea, aún del Mundial B, se hace cada vez más difícil, y el trabajo a destajo va siendo cada vez menos suficiente para competir contra estructuras que se van profesionalizando aún en formativas.

¿Qué queda? Enfocarse rápidamente en el próximo Sudamericano M19 de setiembre, para poder jugarse todo contra Chile, que también va demostrando crecer mucho. Y ser conscientes que el mundo del rugby cambió desde la base, y que seguir dándole cada vez más herramientas a los seleccionados es la única receta para mantenerse en la pelea.


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