Bruno Silva, una lección de vida

Después de cinco operaciones, de estar al borde de la muerte y de creer que no jugaría más, volvió la fecha pasada y fue figura ante Nacional

El 29 de este mes cumple 32 años. Lejos quedó su debut en Primera división en Danubio en 2000 como lateral derecho. También jugó como volante y su nivel lo llevó a Europa y luego a la selección nacional con la que disputó partidos por las Eliminatorias para Sudáfrica 2010.

Silva sufrió una luxación de hombro en una pretemporada con Ajax de Holanda luego de estar a préstamo en Internacional de Porto Alegre y los médicos del club europeo decidieron que lo mejor era la cirugía. Él aceptó y decidió operarse en ese país de Europa. Según le comentó a Patricia Cambón en El Observador de diciembre de 2011, “porque el cirujano era muy reconocido, porque no era una intervención complicada y porque quería estar cerca del club”.

Pero esa operación derivó en una infección generalizada por la cual debió padecer más de un mes en estado muy delicado y al borde de la muerte. Cuando “mejoró”, continuó con meses de dolor que casi le cuestan la carrera.

Muchos pensaban que no volvería a jugar al fútbol. Por eso el regreso a sus pagos en Cerro Largo y el partido del sábado ante Nacional no fue uno más. Concurrió toda su familia, –que vive con él en Noblía, un pueblo de 2.000 habitantes que queda a 50 km de Melo– y tras los 90 minutos, se lo vio muy emocionado.

Es que seguramente le vinieron muchas cosas a su cabeza. Es que el mismo día en que lo operaron le dieron el alta. Todo se complicó después. Cuarenta y ocho horas después lo llevaron al hospital y estaba tan débil que debió ingresar en silla de ruedas y le dejaron de funcionar los riñones. Estuvo internado durante 24 días más.
“Me hinché todo. Las manos parecían un guante de boxeo. Mi peso normal es de 66 kilos y en el hospital pesé 93. Todo era hinchazón producto de la infección”, dijo en 2011 a El Observador.

En ese lapso, lo operaron otras tres veces. En mayo de aquel año volvió a Uruguay a trabajar con Walter Ferreira, fisioterapeuta de Nacional y la selección, uno de los mejores del país. Así estuvo un mes y medio más.

Cuando volvió a Holanda, se sometió a estudios y los médicos dijeron que debía operarse otra vez. ¡Sí, otra vez!

Allí cambió de país y se fue a operar a Porto Alegre, para tratarse luego con quien ya lo conocía de Internacional, ya que no podía volver con Ferreira porque necesitaba alguien que estuviera prácticamente las 24 horas con él.
Durante meses estuvo trabajando cuatro horas diarias de fisioterapia para intentar volver algún día al fútbol. Nunca se dio por vencido.

Igualmente, en diciembre de 2011 le decía a El Observador: “Las chances de que vuelva a jugar son mínimas, fue lo que me dijeron. Yo igual voy a pelear hasta el último segundo”.

Su situación era tal que “no podía agarrar nada que estuviera por encima de la línea de mis ojos. Mi nena se me duerme en el living, la quiero llevar a dormir y no puedo llevarla al cuarto. El brazo nunca me va a volver a quedar igual”.

Cuando volvió a Uruguay y se cerró el pase para Cerro Largo, en medio de las fiestas y cuando todos descansaban, se contrató un preparador físico para iniciar él solo la pretemporada. Una vez más, la tenacidad lo devolvió con todo a las canchas y fue una de las figuras en el empate ante los tricolores.

Sin dudas que la de Bruno Silva no es una historia más. Más allá de su trayectoria como futbolista, demostró de lo que es capaz el ser humano. Una lección de vida.

Siete partidos
Con la selección nacional, Bruno Silva tiene una historia con cinco años de diferencia entre que debutó y jugó sus primeros partidos, al momento en que fue citado nuevamente. A lo largo de su carrera como jugador profesional, fue dirigido en la celeste mayor por tres directores técnicos diferentes: debutó con Gustavo Ferrín, luego lo dirigió Juan Ramón Carrasco y el último que lo llamó fue el Maestro Tabárez.

En sus períodos con la selección nacional, Silva disputó un total de 16 partidos, aunque solo siete fueron oficiales. Su saldo defendiendo a Uruguay es positivo, ya que de esos siete compromisos, la selección nacional ganó cuatro encuentros y empató los restantes tres, por lo que en eso, Bruno Silva se mantiene invicto.


Sus huellas

Pasaje por Danubio
Bruno Silva debutó en la Primera división del fútbol uruguayo en el año 2000 en Danubio. Su pasaje por el club fue muy bueno y de allí pasó a Rostov de Rusia.

En Groningen de Holanda
Luego de jugar poco tiempo en Rusia, regresó por una temporada a los de la Curva de Maroñas y su buen nivel lo devolvió a Europa, esta vez, a Groningen de Holanda.

Ajax, un paso mayor
Nuevamente debido a su gran rendimiento en el fútbol holandés, uno de los grandes de ese país como Ajax lo contrató y allí fue compañero de Luis Suárez durante un tiempo.

En Inter de Porto Alegre
En 2010 pasó a defender a Internacional de Porto Alegre. Alternó entre titularidad y suplencia, pero lo más importante es que se coronó campeón de la Copa Libertadores.

Con la selección
En 2003 debutó en un amistoso con la celeste ante Japón dirigido por Gustavo Ferrín. Estuvo un tiempo sin jugar y volvió con Tabárez en 2008 para las Eliminatorias a Sudáfrica 2010.


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