Brasil, o mais violento do mundo

El infierno que vivieron los futbolistas de Tigre en el Morumbí –el miércoles en el entretiempo de la final de la copa sudamericana– es otro de los tantos hechos violentos en el país que organizará el mundial 2014

Los brasileños ganan porque son mejores. Pero también ganan de pesados y porque tienen poder. El miércoles los jugadores de Tigre recibieron de ambas dosis. Durante el primer tiempo de la segunda final de la Copa Sudamericana fueron superados en la cancha del Morumbí por São Paulo que ganaba 2-0, y en el entretiempo sufrieron la violencia de los guardias de seguridad y de la Policía local, que los apalearon y hasta los amenazaron con un arma de fuego, de acuerdo a lo que contaron los jugadores.

La violencia de los brasileños no es de estos tiempos. En el segundo partido final de la Copa Libertadores de 1962, jugado en Vila Belmiro entre Santos y Peñarol, el árbitro del encuentro Carlos Robles recibió un botellazo que lo desmayó. Peñarol ganaba 3-2. El árbitro chileno despertó en el vestuario rodeado de dirigentes brasileños que lo presionaron para que continuara el juego y hasta se comenta que lo amenazaron con un arma de fuego. El partido siguió y Santos empató. Los brasileños festejaron, porque Santos había ganado en la ida. Pero el árbitro había suspendido el partido y si se jugó el tramo final fue para que no hubiera una masacre. Fueron 51 minutos oficiales que ganó Peñarol 3-2 y los restantes 39’ amistosos.

En 1993 por la Supercopa, los policías de Porto Alegre corrieron a palazos a los jugadores de Peñarol en un partido contra Gremio. En la Libertadores de 2007, los hinchas de Internacional no dejaron dormir a los futbolistas de Nacional con una cohetería que duró toda la madrugada. Lo mismo le pasó a Defensor Sporting, cuyos jugadores tuvieron que cambiarse de hotel.

Hace seis años, el partido Corinthians-River Plate de Argentina en el estadio Pacaembú por la Libertadores se suspendió antes por la violencia que se desató en las tribunas, entre hinchas y policías.

El miércoles los jugadores de Tigre vivieron una pesadilla. Amenazas con arma de fuego, palos y golpes. Dijeron haber vivido un infierno en Brasil, durante el entretiempo de la final de la Copa Sudamericana que concluyó con São Paulo campeón ya que el equipo argentino decidió no salir a jugar la segunda etapa.

El escándalo denunciado por los argentinos ocurrió en el partido de vuelta por la final de la Copa Sudamericana en San Pablo, seis meses antes de que Brasil organice la Copa Confederaciones y a un año y medio de albergar la copa mundial.

El volante uruguayo Diego Ferreira, titular de Tigre, contó que todo comenzó la noche anterior, cuando no le quisieron prestar la cancha para el reconocimiento. El día del partido les destrozaron los vidrios del ómnibus y llegaron al estadio “tirados en el piso”. “Lo que viví está muy lejos del fútbol y mas de un equipo como São Paulo que no tenía necesidad”, agregó.

Ferreira fue de los primeros en volver al vestuario cuando se terminó el primer tiempo. “Hubo momentos turbios en la cancha, pero eso quedó ahí. Lo que pasó después fue increíble. Unos 10 o 15 tipos de seguridad de São Paulo nos esperaron y nos patotearon. Después vino la Policía y se pusieron de espaldas a ellos y nos metieron a palazos al vestuario”. Luego, “salimos del estadio cinco horas después, y otra vez nos apedrearon. Salimos como si fuéramos asesinos”. 

La fiesta debe seguir

“Un señor de unos 60 o 70 años, bajito, de la Confederación, nos dijo que volviéramos a la cancha porque ya habían detenido al que nos apuntó con el arma; lamentable” contó Diego Ferreira, sin identificar al dirigente. El papel de la CSF dejó mucho que desear en la final del miércoles. El presidente Nicolás Leoz y el vice Eugenio Figueredo solo se preocuparon por armar el tablado y premiar a São Paulo.


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