Brasil impone mano dura

No quiere pasar otro papelón en el Mundial que se disputará en su país y por eso acude al carácter fuerte de Scolari, campeón del mundo en 2002

Luiz Felipe Scolari fue el técnico de la selección de Brasil que ganó la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002. Durante ese torneo, el técnico que este jueves volverá a la conducción del quíntuple campeón mundial, llevaba siempre bajo el brazo el libro El arte de la guerra, un texto de hace 25 siglos en el que Sun Tzu, un general confucionista del reino Wu, explica cómo una victoria depende más de los aspectos morales e intelectuales de los oficiales y de las circunstancias de la batalla que del poderío de los ejércitos. Felipao intentaba motivar a sus jugadores con frases extraídas del libro.

Es una de las facetas de este hombre de 64 años, al que los brasileños llamaban “burro” antes del Mundial asiático y que luego se convirtió en héroe de los 190 millones de habitantes del país.

El mismo que defiende el régimen de Augusto Pinochet porque “trajo estabilidad a Chile” y rechaza la homosexualidad: “Si encuentro uno en mi equipo, lo echo”, dijo.

Jugó al fútbol y le decían “camión” porque fue un duro defensa central en equipos de segunda categoría.

Lo llamaron Sargentão o Disciplinador  por su carácter fuerte y autoritario. Pero esa personalidad resultó decisiva para que Brasil consiguiera el título mundial y le sacó el máximo rendimiento a jugadores como Rivaldo. Además, transformó el juego bonito de Portugal en un equipo preparado para la batalla que llegó a la semifinal del Mundial de Alemania 2006, donde cayó contra Francia.

“Para la selección de Brasil queremos una mentalidad parecida a la europea -dijo Felipao cuando asumió por primera vez en la verdeamarelha. Técnicamente tenemos grandes cualidades, pero tácticamente no somos obedientes. Intento que se sigan unos métodos europeos de trabajo dentro de una filosofía técnica brasileña. La parte técnica es natural. La parte mental, es la más difícil de aceptar por los jugadores, porque me tienen que dar una respuesta: ‘Sí, queremos, aceptamos, vamos a incorporar los conceptos de equilibrio a nuestra manera de jugar’. Es difícil, pero hay que intentarlo. Si conseguimos 10% o 20% será un gran triunfo”. Y mal no le fue aquella vez.

Su experiencia es la que resultó fundamental para que el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), José Maria Marin, lo nomine hoy como entrenador de la selección en reemplazo de Mano Menezes. Junto a Scolari llegará otro histórico: Carlos Alberto Parreira como coordinador técnico.

Parreira, campeón del Mundo con Brasil en 1994, también fue criticado por su estilo de juego. Pero Scolari lo defiende: “Hasta 1980 las individualidades todavía tenían espacio. Después, con la ciencia aplicada a la preparación física, o a los aparatos para analizar el juego de los rivales, ya no existen espacios. La gente tiene que buscar más alternativas. Hoy se corren 13 kilómetros por partido; en 1970 se corrían 6,5. En 1970, los jugadores del medio campo paraban la pelota, levantaban la cabeza, pensaban... Ahora paras la pelota y si no sabes qué hacer ya te la robaron. Entiendo que la gente valore aquellos atletas, pero los tiempos han cambiado. El profesionalismo de 1970 se mezclaba con el amateurismo. Ahora el fútbol es profesional”.

Felipao trabaja con una sicóloga. Dejó afuera del Mundial de 2002 a Romario porque no lo veía con ganas. No le tembló el pulso. Por eso vuelve. Porque Brasil no quiere sufrir otro Maracanazo.  


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