Bochornoso: así fue la tarde en la que se suspendió el fútbol

Luego que fueran detenidos tres cabecillas de la barra, la hinchada de Peñarol desbordó violencia
Caminar por el Parque Batlle a la hora 16 era ayer como cruzar una zona de guerra. Policías de todo tipo y color custodiaban los alrededores del Estadio Centenario. Nacional y Peñarol se enfrentaban a la hora 17 en un clásico precedido de varios hechos de violencia dentro y fuera de las canchas.
Por eso el operativo policial movilizó a un millar de efectivos. Por eso varias horas antes del partido muchos hinchas habían sido detenidos. Por eso, la tribuna Olímpica –habilitada a los ponchazos, a último momento– lucía tristemente desolada.

Todo parecía que esta vez nada grave iba a pasar. Pero pasó. Y otra vez en la hinchada de Peñarol.
Sobre la hora 16.30, hinchas aurinegros ubicados en la tribuna Ámsterdam saquearon un local de venta de chorizos y bebidas mientras otros atacaron –una vez más– a integrantes del personal de recaudación.

Eso determinó que dicho personal abandonara sus puestos de trabajo y que la Policía –ubicada en las afueras de la Ámsterdam– cerrara las puertas para evitar el ingreso de los hinchas que esperaban su ingreso.

Según pudo saber Referí, los hechos de violencia se desataron luego de que tres cabecillas de la barra de Peñarol fueran detenidos en las afueras del estadio. Esos barras llevaban entradas para varios hinchas.

Una vez cerradas las puertas, algunos de los que quedaron adentro desataron una ola de violencia. Desde lo alto de la Ámsterdam le tiraron a los policías latas, botellas y hasta una garrafa de supergás de 13 kilos. Hicieron estallar en la platea América una botella de vidrio y tiraron latas de bebidas al talud. Las imágenes revelaron hasta a un hincha destrozando el cemento con una pala generando cascotes para atacar a la Policía.

Los hechos dantescos que se vivían en la Ámsterdam contrastaban con la paz que atravesaba la Olímpica, donde menos de 500 hinchas esperaban al rayo del sol un partido cuyo inicio había sido pospuesto.

Sí, menos de 500 en la tribuna de la familia, habilitada recién el viernes tras interminables negociaciones entre el Ministerio del Interior y los dirigentes de los grandes. Los jugadores que habían calentado debieron volver a la zona de vestuarios.

La Comisión de Seguridad de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) se comunicó de inmediato con el jefe del operativo, Mario Layera, y empezó a gestarse la suspensión del encuentro.

La Colombes, casi repleta, comenzó a exigir que se jugara el partido. La hinchada de Nacional nada tenía que ver con los incidentes que ocurrían. Sin embargo, a la hora 17.40 se anunció un final que ya estaba escrito: la suspensión del partido.

Los jugadores de Nacional salieron de su vestuario y se dirigieron al talud de la Colombes para aplaudir el comportamiento de su hinchada.

Esa fue la tribuna que lenta y paulatinamente se evacuó primero. Después se fueron los hinchas que habían logrado entrar en la Ámsterdam. Los que saquearon chorizos y latitas de refrescos. Los que destrozaron todo lo que encontraron a su paso. También el que tiró la garrafa de 13 kilos con la inequívoca intención de matar policías.

Dirigentes y políticos desfilaron después por los micrófonos. Pero el daño ya estaba hecho.
La familia ya había sido corrida cuando la Olímpica no se habilitó por parte de los presidentes de Nacional y Peñarol en desacuerdo con la medida del Ministerio del Interior de no poner policías en esa tribuna para separar las hinchadas con el sistema de pulmón.

Hace cuatro fechas, un barra brava de Peñarol le disparó a otro con una 9 milímetros en un baño de la Ámsterdam en pleno partido ante Rampla Juniors.

Hace poco más de un mes, hinchas de Nacional se juntaron en la sede del club, alquilaron autos y fueron a Santa Lucía a disparar a quemarropa contra hinchas de Peñarol que festejaban el cumpleaños del club.

Así y todo el clásico pretendió jugarse con público. Salió mal. Un grupito de hinchas de Peñarol lo hizo estallar todo a pura violencia.

La opinión de Wilmar Valdez

"Es una de las tardes más tristes del fútbol. Venir a una fiesta, con un operativo policial importante e igualmente no se puede jugar al fútbol", dijo el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Wilmar Valdez, tras la suspensión del clásico. Consultado sobre una posible suspensión del torneo, Valdez afirmó. "Estamos demasiado acelerados. Esto acaba de pasar, los órganos competentes estudiarán lo que tengan que estudiar y el Ministerio del Interior también. En los próximos días veremos cómo seguimos".

"Cuando hay una situación tan especial a todos nos sorprende, en virtud que se había hecho un operativo importante. Los clubes habían tomado sus medidas", explicó Valdez.



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