Bengoechea, el nuevo Gregorio

Bengoechea sigue lleno de dudas y no tiene asegurada su continuidad, pero tuvo ángel: ahora deberá demostrar que puede calzar los puntos de su referente
Tiene cosas de Gregorio. Esa casi obsesión por no criticar a sus dirigidos, y que cualquier juicio negativo sobre ellos venga acompañado de una frase: "la culpa es toda mía".

También, como a Gregorio en su momento, se lo criticó durante todo el año -desde estas páginas más que nadie- de que su equipo no tenía un estilo, de que no jugaba como se le exigía de acuerdo a la calidad de sus jugadores. De que apostaba en demasía al pelotazo. Aceptó la crítica, y subió la apuesta, a tal punto que ayer, tras la victoria, se sinceró: "¡ Si serán buenos estos jugadores que sin jugar al máximo fueron campeones!" (Ver página 6).

También fue opaco y casi inaccesible cuando se le preguntaba sobre táctica o sobre rendimientos puntuales. Y lo hizo de forma bien consciente: alguna vez en conferencia de prensa dijo que las críticas concretas se las guardaba para dentro de las puertas del vestuario.

Pero también aceptó y fue más claro que nadie cuando el error efectivamente era suyo. Como ayer, cuando en la conferencia de prensa habló del partido con Plaza. "Me apuré en un cambio que no era necesario. Tal vez me equivoqué, pero el domingo de noche reaccioné y lunes fui muy contento a practicar. Por suerte nuestra hinchada confía en que mas allá de rendimiento trabajamos para el club, pensamos en la institución más allá de todo".

Sufrimiento

El partido de ayer lo vivió como una final. Festejó desaforadamente el gol de Palacios, ese jugador al que le había dado pocas oportunidades (251 minutos) pero terminó siendo uno de los goleadores, con cuatro (ver página 7). Otra vez, ángel para tomar decisiones. Fue un gran desahogo, en un torneo en el que siempre estuvo cuestionado, desde afuera y desde adentro.

"Si me pongo a pensar como llegamos al club y como termina el año, fue una semana muy linda, logramos que la gente venga a apoyar, nos dio mucha confianza y ayudó a ganar este partido", dijo ayer, recordando a la hinchada, esa que alguna vez lo silbó, pero ayer lo acompañó de manera decisiva.

¿Quién es?

En síntesis, Bengoechea cerró este año con un montón de interrogantes acerca de cuál es su estilo. Cambiante, ecléctico, indescifrable. Rodeado de críticas, hasta de algún dirigente que hasta ayer mismo lo quería fuera del equipo. Es más: el propio presidente no lo ratificó ayer, y recién en los próximos días decidirá si continúa (ver página 6)

También fue difícil de calificar desde los números: porque perdió un Uruguayo y no ganó ningún clásico, pero al mismo tiempo ganó los dos torneos que jugó y ya está en la final del Uruguayo.

Es cierto: si el cabezazo de Matías Alonso en el minuto 91' entraba, seguramente Pablo Bengoechea hoy no sería técnico de Peñarol, y se habría ido por la puerta de atrás, con el cartel deshonroso de haber dilapidado una diferencia de cinco puntos cuando faltaban nueve.

Pero la historia la escriben los que ganan. Y Bengoechea, ese que empató tres de los últimos tres para quedar con el agua al cuello, ganó cuando lo necesitaba. Tuvo ángel.

¿Quién es, entonces, Pablo Bengoechea? Quizás aún falte mucho tiempo para poder responderlo. Pero ante todo, demostró que tiene bases para convertirse en un DT histórico. Porque como aquel Gregorio al que se lo criticaba seguido, escribe su historia con la fuerza de los títulos. Aunque no guste.

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