Bendita pelota quieta

Un cabezazo de Darío y un disparo de Estoyanoff fueron la culminación de dos tiros libres que le dieron el triunfo a Peñarol

Sigue dando resultados la pelota quieta. Defenestrada por algunos técnicos (Juan Ramón Carrasco, en sus momentos de gloria, despotricaba contra ella), Peñarol le sacó lustre ayer en el Estadio Centenario y consiguió una gran victoria frente a Wanderers que lo dejó a un triunfo del título.

El aurinegro empató con un golpe de cabeza de Darío Rodrígurez después de un tiro libre exacto de Carlos Grossmuller. “Carlitos me dijo que fuera ahí y me la puso en la cabeza” reconoció el capitán  carbonero al cabo del encuentro.

Unos minutos más tarde, otro tiro libre que derivó en Jorge Zambrana y luego en Juan Manuel Olivera, acabó con un derechazo tremendo de Fabián Estoyanoff, quien marcó el tanto de la victoria. Bendita pelota quieta.

Que pudo ser maldita porque Wanderers se puso en ventaja mediante una elaborada jugada de tiro libre. Pero no lo fue. Con el mismo remedio Peñarol encontró la sanación.

En los tiempos de Gregorio Pérez, cuando los partidos estaban enredados, aparecía la pegada de Pablo Bengoechea y el cabezazo de alguno de los delanteros o defensores.

El domingo el equipo de Jorge Da Silva desenredó el partido de esa manera. Sin la pegada del riverense contó con la de Grossmuller, un futbolista que en el primer tiempo había estado impreciso con el balón.

Pese a que Peñarol perdió la presencia goleadora de Olivera, encontró variantes para sustituirla. El centrodelantero marcó por última vez contra Racing (hizo dos de penal) y ya pasaron cuatro fechas sin marcar.

Pero apareció Estoyanoff en una gran dimensión, Zalayeta también aportó lo suyo y cuando los delanteros no anduvieron derechos, los autores de los goles fueron Macaluso y Torres como contra Defensor.

Peñarol no encontraba el rumbo frente a un equipo de Wanderers que juega muy bien. Rodríguez, Gagnebin y Cabrera forman un trío que maneja muy bien la pelota en la mitad de la cancha. En el primer tiempo Peñarol lo sufrió. Pero careció de punch el conjunto del Prado. Además se topó con buenas intervenciones de Bologna.

En el complemento se puso a ganar Wanderers con el tanto de Gagnebin. Sin embargo, Peñarol lo dio vuelta. Con autoridad. Con el peso de la camiseta. Con el apoyo que bajó de las tribunas. Con la fuerza de estar ahí, a un pasito de coronarse campeón.

Lo dio vuelta con lo que pudo. Con las armas que encontró a mano. Dos jugadas de pelota quieta que siguen dando resultados en momentos de incertidumbre.


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