Bava y la fábula de la guerra

Cuando invariablemente se alimenta la fábula de que el mundo está en contra nuestro, es lógico que pase algo como lo del clásico

Cuando se aplaude a la persecuta, cuando se alimenta la fábula de que el mundo está en contra nuestro; cuando invariablemente se promueve el mensaje de ‘ellos contra nosotros’, cuando se sigue la estúpida costumbre de teñir la vida con el paño de los colores de un equipo de fútbol, es lógico que pase algo como lo del clásico: Jorge Bava, arquero de Nacional, le pega un piñazo en la cara a un Policia al final de un clásico con el estadio lleno, y termina procesado por la Justicia.

Bava había sido héroe hace un par de meses. No tanto por sus atajadas, sino porque al final del clásico, en entrevista con la TV, acusó a los periodistas de contar lo que les servía, de sólo ver las cosas que perjudicaban a Nacional. Una generalización enorme, pero perfectamente lógica en esa realidad virtual que impera entre los hinchas de fútbol, sean de Peñarol, Nacional o Mar de Fondo. Es una especie de venda selectiva en los ojos: se ve lo que perjudica a uno, pero se es incapaz de ver cuando la situación es a la inversa. Bava se transformó en un héroe, en el vengador que por fin decía públicamente lo que miles pensaban.

En esa moda de pensar la vida como un partido, se toma como normal que futbolistas o hinchas digan que los periodistas forman parte de un complot contra un club. Están convencidos que quienes trabajan en los medios se levantan cada mañana pensando manera de tergiversar información e inventar noticias para perjudicar a un club. Que actúan por intereses económicos, o por presiones empresariales, para no decir lo que piensan, sino lo que les conviene. Se convencen entre ellos, retroalimentan al mito. Y hasta convencen a gente inteligente, como un lector que hoy me dijo: “El Observador genera violencia cuando hablando de la Copa Bimbo publica foto de Jadson Viera, sabiendo Viera no está más en Nacional y se fue mal...”.

El complot se extiende a la Asociación Uruguaya de Fútbol, donde oscuros funcionarios digitan árbitros malintencionados que tienen como único norte cobrarle en contra a una camiseta. En ese universo paralelo, el Ministerio del Interior (¡rayos, la esposa del ministro es hincha del enemigo!) elabora los operativos policiales pensando cómo perjudicar a su equipo, y no para garantizar la seguridad de la gente. Y así sigue la lista de personas calificadas impunemente como corruptos o mentirosos.

En realidad es más grave cuando viene de gente con responsabilidades. Por ejemplo, la lista ganadora de las elecciones de Nacional, que puso como uno de los objetivos de gobierno “recuperar la AUF”, como si se tratara de alguna batalla libertadora.

Suena tonto, claro. Pero vaya a corroborar si no es cierto para miles de hinchas de Peñarol y Nacional, y hasta para “periodistas” de programas partidarios, que expanden el mensaje y lo reiteran sin cesar. Como uno que tuiteó en el medio de los incidentes de ayer: “Increible, se quieren llevar preso a @JBavaOfficial el sistema contra NACIONAL más que nunca. LES VAMOS A METER EL TRI a pesar de.”

“Todos contra nosotros”, es el lema. Lo alimentan gente enferma que efectivamente lo cree, u otros que lo utilizan para llenar sus bolsillos o las urnas de votos. Y así defienden lo que sea siempre que tenga los colores propios, y atacan lo que sea, siempre que sea los ajenos.

En esa fábula de guerra cayó Bava. No se dio cuenta que estaba en el mundo real, donde si uno le pega a un policía, aunque sea respondiendo a otra agresión, mininamente pasará la noche entre rejas –quizás si fuese un desconocido el procesamiento hubiese sido con prisión-. Bava cayó en la trampa, y por eso, en ese mundo de fábula, era lógico y plausible pegarle un piñazo en la boca a un uniformado. Es más: en ese mundo paralelo, significó hacer justicia por los miles de hinchas oprimidos por el sistema.

Hoy, miles argumentan en ese mundo de fábula: que las imágenes muestran que el policía empujó primero, que fue en respuesta a la pirotecnia que no le dejaron entrar a la hinchada tricolor. Desde la otra tribuna de ese mundo de fábula, algunos hinchas de Peñarol argumentan con una lógica que seguro sería opuesta si el que hubiese pegado tuviera otro escudo en la camiseta. Es la lógica del fanático: cambiar la realidad según convenga a mis intereses.

En algún momento de todas estas horas, estoy seguro que Bava se dio cuenta que la vida no es la fábula que le vendieron muchos. Que la pelotita nos ha puesto a todos muy enfermos, y que, de seguir así, nos vamos a ir acostumbrando a cosas mucho peores.


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