“Bauzá se mandó una truchada conmigo para estar contra Tabárez”

El Observador encontró en Catar a Daniel Carreño, con quien conversó de su presente, de su pasaje por Nacional, de lo que siente por Wanderers y de su cara a cara con el expresidente de la AUF

Daniel Carreño hace poco que está en Catar. Es el técnico de Al Arabi luego de su exitoso pasaje por Al Nassr de Arabia Saudita con el que fue campeón. Extraña con todo a sus hijos Keoma (20 años) y Janaína (13) y así se lo hizo saber a El Observador mientras caminaba por La Corniche, una especie de rambla que tiene Doha con tremendos rascacielos.

¿Qué te hizo llegar a estas tierras?
Primero porque hace dos años que estamos en el mundo árabe. Estuvimos en Arabia Saudita y me gustó la posibilidad porque estaba sin trabajo, iba a un equipo grande y hambriento de títulos. Al haber hecho una buena campaña, y haber salido campeón en dos torneos de los tres que jugamos en el año, dejamos una buena impresión, un buen nombre. Entonces voy a aprovechar todo lo que pueda en este mundo árabe. Desde el punto de vista económico las ofertas son muy buenas y hay un mundo nuevo para descubrir. Hay cosas en las que tenemos mucho para aprender y otras en las que todavía están lejos y podemos enseñar. En lo que tiene que ver con la tecnología, estamos en el techo, esto es La Meca. Vienen los europeos de primer nivel a buscar esa tecnología y se asombran. Hace un par de semanas, en el mismo lugar que entrenamos estuvieron Bayern Múnich, Ajax, Zenit de Rusia y Bayer Leverkusen.

Pero, ¿por qué dejar Arabia Saudita cuando habías sido campeón?
Hubo muchas cosas. Primero, fue muy desgastante. También Arabia Saudita se rige bajo unas leyes, sobre todo, con la religión, que nosotros respetamos mucho, que nos sentimos muy bien, pero no es fácil vivir y no es muy cómodo llevar la familia. Y queríamos descubrir otras cosas como Emiratos Árabes o Catar y bueno, acá vinimos. (Interrumpe la nota un hombre de túnica sin turbante que reconoció a Carreño por ser hincha del equipo de Arabia y le pide para tomarse una foto).

Y el hecho de estar a 20 mil km. de Uruguay y que te pidan para sacarte una foto como sucedió ahora, ¿qué significa para vos?
Estoy un poco acostumbrado, pero igual siempre hay una sensación de… no digo orgullo porque no es la palabra, pero sí que hicimos un buen trabajo, que me volví una persona popular a través del fútbol, pero no más que eso.

¿Por qué no orgullo?
Porque no es algo que me gusta manejar mucho. Soy muy autocrítico y muy de mirarme los defectos. Capaz que hay algo de orgullo, pero detrás de él viene el ego y otro sentimiento que trato de evitarlo y acá en el fútbol es muy fácil que te lo den, como que te lo sacan. Es muy fácil que hoy seas un fenómeno y mañana no. Eso lo viví inclusive en mi país con Nacional, que hoy te halagan mucho y mañana te chiflan. Eso es muy normal.

¿Nunca hubo resabios entre ustedes con Diego Aguirre luego de aquella final entre los grandes de 2003 que le dio el título a Peñarol que recuerdo que entraste de forma irascible a la cancha en el final?
Yo entré a la cancha malísimo con Gustavo Méndez, pero malísimo ¿eh? Tenía hasta ganas de pelear que no venía al caso y no es mi estilo. Pero en esa misma cancha me crucé con Diego Aguirre y lo felicité y dije que merecía ese triunfo. Yo también lo merecía, pero bueno, fue lo que me salió en ese momento, le di un abrazo y él quedó muy agradecido por ese gesto. A mí me salió del corazón. Y también, sin ser muy amigo, tenemos una relación muy buena, siempre nos hablamos. Inclusive él también tuvo un buen gesto aquí en Catar: cuando se fue de Al Gharrafa hace seis meses, me recomendó como entrenador. Así que no hay ningún resabio, todo lo contrario, hay muy buena onda.

“Me fui dolorido y engañado de Nacional”
A Nacional, ¿cuándo volvés? Hoy te tiraría más volver a Wanderers que a Nacional.
No sé si volver, pero cuando me imagino en el Uruguay, me imagino en el Parque Viera. Está también la cosa del barrio, de cómo me siento…

Sentís que es más Wanderers tu casa que Nacional.

Sí, sí, sin dudas. Y con Nacional fui campeón de América y del mundo como jugador, campeón uruguayo y de la Liguilla como entrenador. La gente me identifica con Nacional, pero Nacional es muy grande como para que yo me identifique con él. Hay muchas personas antes que yo como jugadores y entrenadores que marcaron una cercanía muy grande. Yo estoy agradecido a Nacional. No, es algo que no lo tengo ni siquiera pensado. Puede estar en mi interior.  No sé si estará en el interior de algún dirigente o de algún hincha. Pero no es algo que tenga en mente. En este momento, estoy metido en este mundo. ¿Te digo la verdad? Si sueño, sueño con Wanderers. Por supuesto que Nacional tiene otras cosas, juega copas internacionales –Wanderers también, pero muy de vez en cuando-, la hinchada de Nacional es muy buena, la imagen y la marca es muy grande en el mundo. A todos nos gusta dirigir equipos grandes. Me acogió y me dio nombre como jugador y como entrenador también, pero no me identifico 100%.

Pero, ¿te fuiste bien del club?
Sí, me fui con una deuda muy grande en la parte económica y Nacional me la cumplió, en un período muy largo, pero me la cumplió. Yo me fui dolorido la última vez de Nacional. Dolorido. Eso no quiere decir que me haya ido mal con nadie. Yo fui a hacer un trabajo a largo plazo, a apoyar una idea del club, una idea innovadora de un presidente nuevo como (Ricardo) Alarcón. Me convencieron. No digo que me engañaron, me convencieron. Entonces después me fui como engañado. Me convencieron Daniel Enríquez, Alarcón y Daniel Barreiro –que en paz descanse- pero al poco tiempo me sentí engañado de aquella charla y aquel convencimiento. No era tanto apuntar a las inferiores, no a un largo plazo, sino al resultado. Y bueno, el resultado no lo tuvimos, el cuadro grande te lo cobra. De todas maneras, yo dirigí dos campeonatos. Uno no lo pude completar que fue el Uruguayo y el otro fue la Liguilla y la ganamos, ganando el clásico con autoridad, jugando muy bien al fútbol, jugamos una muy buena Libertadores quedando eliminados con Cúcuta por no manejar bien el partido de ida en Colombia. Yo quedé un poco dolorido por eso. Me sentí un poco engañado. Pero bueno, son las reglas del fútbol que cuando yo firmé en Nacional, las conocía.

Pero como vos decís, el paquete de la presentación era uno y no terminó siendo ese.
Capaz que yo también fui iluso por comerme ese paquete… Quedó muy atrás, la historia quedó muy en lo personal. Si la cuento, a poca gente le puede interesar. Yo tenía a Marcelo Tejera de “10”, era un gran “10”. Pero Nacional, en ese momento necesitaba jugar con futbolistas de la casa y yo elegí a Luis Oyarbide quien no estuvo a la altura de los acontecimientos en ese momento. Y no fui a buscar en otro club o a un extranjero. Fui más abajo, y encontré a (Nicolás) Lodeiro. Y me la jugué por Lodeiro. Y Nacional sacó sus frutos de él como del Tuna Fornaroli, de Cauteruccio, de Pablito Álvarez que lo vendieron a Italia y cuando yo llegué a Nacional era libre. Todos jugadores del club. Pero bueno, Nacional necesitaba ganar también y todavía le salió bien el cambio porque me sacaron a mí y llegó Gerardo Pelusso, hizo una gran campaña saliendo campeón uruguayo y haciendo una Libertadores excelente. Así que le fue bien con el cambio. Todavía eso, todavía me quedó ese dolor, no por Gerardo que es amigo e hizo un gran trabajo. Pero todavía me quedó eso: que el trabajo que habíamos iniciado tuvo un buen fin. Ese fue el dolor que yo tuve con Nacional y ahí es donde también yo no me siento muy identificado porque Nacional tampoco tuvo piedad conmigo, que sí la tuvo Wanderers en algún momento.

¿Qué opinás de lo que está haciendo Álvaro Gutiérrez? ¿Te sorprende?
¡Uf! ¿No me va a sorprender? Lo veo sorprendido, con admiración, también como charla de aprendizaje, de lo que nos da el fútbol, en qué lugar nos pone. Permanentemente hablamos de Álvaro Gutiérrez. Lo hacemos con mucha humildad y mucho respeto. También de (Pablo) Bengoechea, ¿por qué no? Lo que puede hacer Pablo, lo que ha sido como jugador, qué rol ocupa ahora como entrenador. Pero Álvaro Gutiérrez me está sorprendiendo de una manera que ¡uf!, muy buena. A él lo empecé a ver como entrenador y colega, que le tocaba vivir algo que ya hemos vivido. Pero el resultado ahora lo puso en un lugar más alto y tiene un gran desafío. Son sus primeros pasos, tiene una carrera larga todavía. Así que su trabajo aún no se ha visto del todo.

¿Qué opinás de Alfredo Arias?
Me sorprendió gratamente. Las condiciones las tenía. Lo demostraba trabajando en inferiores cuando yo estaba en Primera y él en Quinta. En muchas cosas pensamos igual. Es un técnico muy ofensivo, muy inquieto, muy observador. No sé si me admira a mí, pero sé que admira a (Juan Ramón) Carrasco y a (Pep) Guardiola, mirá qué mezcla. Nunca pensé que iba a hacer jugar tan bien a Wanderers y con tan pocas armas porque tenía jugadores muy jóvenes. Wanderers es una Cuarta división. De verdad lo digo porque los conozco a todos. Lo mismo me sorprende de Guillermo Almada, a un muchacho que dirigí muy pocos partidos en Wanderers, que tengo muy poca relación con él, pero que lo admiro por el trabajo que ha hecho en River.

¿Te calentaste cuando Wanderers perdió ese campeonato increíble?
Estaba ahí. Tristeza más que calentura. Al principio calentura, pero también tristeza. Primero, porque lo merecía. Fue el mejor equipo del año, sin desmerecer para nada el trabajo de Danubio y de Leonardo Ramos que fue muy bueno. Pero Wanderers fue el mejor equipo, sin duda. Y segundo, que jugó la última final para ganarla. Por eso la calentura, porque se lo merecía. Y me quedé con una tristeza y un vacío grandes. Y ver la desazón del plantel, del entrenador, de los dirigentes, del hincha. Y esa oportunidad no se nos va a dar muy fácilmente otra vez y tan merecida.

Durante algún tiempo se manejó tu nombre en alguna de las selecciones uruguayas. La selección mayor luego de Tabárez, ¿es una quimera?
Donde realmente estuve cerca fue de la selección sub 20 tres veces. Una vez fue un cariñito y nada más. La segunda fue a través de dirigentes de peso y a través del presidente del momento de la AUF, Eugenio Figueredo que me dijo “esperá Daniel que en cualquier momento se concreta” y ahí recibí la oferta de Nacional. Y la tercera vez fui invitado por el Maestro Tabárez y bueno, después por una decisión de los dirigentes, quedé afuera. No estaba muy convencido porque económicamente no seducía mucho, era algo distinto, y a mí me convenció la idea de trabajar en el cuerpo técnico de Tabárez. Y fue donde él me convenció. Porque trabajar a su lado significa orgullo, aprendizaje, nivel, elevar mi carrera.

Pero no ligaste nada, porque fue la única vez que le dijeron que no en algo a Tabárez.
Sí, estoy de acuerdo que no ligué para llegar a la selección, pero sí ligué en mi carrera. Esa truchada que se mandó (Sebastián) Bauzá (entonces presidente de la AUF), porque fue una truchada, lo digo acá porque se lo dije en la cara y se lo diría 10 veces más. Fue una truchada, fue algo lamentable lo que hizo, solamente para estar en contra de Tabárez. Porque Tabárez mismo me lo explicó, no era contra mí, era contra él. Pero bueno, digo truchada por lo que dijo, damnificando mi persona y mi carrera y lejos de la verdad. Y él se olvidó que era el presidente de todos los que representamos al fútbol. Y lo que dijo de mi persona fue algo totalmente denigrante, descalificador y mentiroso. Pero bueno, después lo vi como una cosa de suerte. Todos quienes estaban a mi alrededor me lo dijeron en su momento: “Quedate tranquilo que te están haciendo un favor”. Pero igual, me hubiera gustado dirigir a la selección. Me hubiera gustado integrar ese cuerpo técnico. Me quedó el orgullo de que Tabárez me haya elegido.

¿Y por qué Tabárez te dijo que era algo en contra de él?
Porque era así. No te olvides que fue antes del Mundial de Sudáfrica. Si vas a los archivos, vas a encontrar notas en que se hablaba de otro entrenador, que tras el Mundial se terminaba el ciclo, se hablaba de otro sistema de juego. La fuerza de Tabárez surgió tras el Mundial de Sudáfrica. Que en realidad la fuerza de Tabárez es la gente y su proyecto. El cariño de la gente, la aceptación que ha tenido en el hincha popular y el proyecto que mantiene a rajatabla que no ha cambiado en ningún momento. Entonces yo no sé si los dirigentes en esa época creían tanto en el proyecto Tabárez y una manera de ir en su contra era sacarle la autoridad que tenía en las formativas. De hecho, en mi caso no querían que eligiera al entrenador como pasó. Nombraron a un técnico muy capaz que fue Juan Verzeri y que hizo un trabajo muy bueno en la selección y que inclusive Tabárez lo elogió mucho y trabajaron juntos y muy bien. Pero a mí lo que me indignó fue lo que dijo Bauzá delante de 11 personas, entre ellas, tres presidentes y cuatro entrenadores, mirá el daño que estaba haciendo este hombre.

¿Y qué fue lo que dijo?
Habló mal de mi persona y de mi conducta, sin conocerme. Dijo hasta que era un borracho, y yo el alcohol es algo que no lo tolero físicamente. Tomo un vaso de vino y me cae bien, tres ya me atacan el estómago. Y la cerveza también. “Contento” estuve varias veces, pero no sé si algún día me emborraché. Pero mi imagen no va con eso. Bauzá se basó no sé en quién y él era presidente de la AUF. Si quería saber de mí, hubiera hablado con el presidente de Wanderers, Walter Devoto, o con Eduardo Ache, Ricardo Alarcón. Digo yo que en su agenda debería tener sus teléfonos. No se animó a decírmelo cara a cara.

¿Lo fuiste a buscar?
Sí. Lo único que hizo bien fue atenderme en tres minutos. No me hizo esperar. Todo esto que te dije, se lo dije en la cara. Y él después terminó diciendo que yo fui a pedirle trabajo. ¿A él? Yo era elegido por Tabárez. ¿Qué necesidad tenía yo de pedirle trabajo a él? Ahora me quedaría dirigir a la selección mayor, pero estoy en la cola, y hay muchos tigres para ese trompo.

El que llegue después de Tabárez, ¿tomará un hierro caliente?
No, ahora es mucho más fácil. De todas maneras, a Tabárez lo veo por mucho tiempo en la selección. Por supuesto que no tendrá esa energía que tiene el Cholo Simeone, pero tiene una sabiduría, mesura, ver las cosas desde otro punto de vista, que a Uruguay le están haciendo mucho bien.


Fuente: Marcelo Decaux, invitado a Doha, Catar

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