Batalla por el futuro del rugby internacional

Beaumont y Pichot ocuparán los máximos cargos y representan visiones opuestas

El rugby, un deporte en plena expansión, se enfrentará en los próximos meses a una de las mayores peleas políticas de su historia, en un momento de cruce de caminos para el deporte. Desde junio, el "expansionista" presidente de la World Rugby, Bernard Lapasset, dejará su lugar al inglés Billy Beaumont, defensor del tradicionalismo británico y presidente de la federación inglesa (RFU).

Su vicepresidente, también nominado por unanimidad, será el argentino Agustín Pichot, que continúa en una meteórica carrera dirigencial: en siete años logró ser el hombre clave para el salto del rugby argentino hacia el profesionalismo, ocupó diferentes puestos en la World Rugby, es el presidente de Rugby Américas,promovió el reciente Américas Rugby Championship y ahora llegó al segundo sillón del rugby mundial.

Será una pelea titánica, Porque detrás de la diplomacia –que en el rugby se agrega a una tradición de caballerosidad y respeto reflejada en el "tercer tiempo", y una elección consensuada sin necesidad de votar– la cuestión de World Rugby representa una auténtica pelea entre tradición y modernidad.

La explosión

A diferencia de esta elección consensuada, hace cuatro años Beamont y Lapasset habían tenido una intensa campaña. El francés, en el cargo desde 2008, representaba la expansión: fue uno de los principales promotores de que el rugby volviera a los Juegos Olímpicos luego de 80 años. Se logró con el seven, otro sinónimo de modernidad: el "hermano menor" del tradicional XV logró en la última década una explosión inédita, abrió el circuito mundial a más sedes, multiplicó la presencia de países nuevos en torneos –entre ellos Uruguay– y estableció un sistema de ascensos y descensos en el Circuito. El surgimiento de nuevas potencias como Kenia, Estados Unidos, Samoa o Fiji, y la aparición en torneos de Brasil, México o Rusia, le dieron al rugby una carta mucho más global. También el rugby femenino tuvo un crecimiento exponencial. Todo eso asfaltó su vuelta al olimpismo.

Tradición
Beaumont, del otro lado, representaba al tradicionalismo de las "Home Unions" británicas, fundadoras del juego, y que suelen ser acompañadas en su filosofía por Nueva Zelanda. Son los dueños de buena parte del poder, los recursos y de los campeonatos más poderosos –en particular el Seis Naciones europeo–. Su ideal político se resume en que aún son los países que mueven el grueso del poder económico del rugby mundial, y que pelean, al menos, porque el crecimiento de los últimos años no afecte sus ingresos. Una pelea emblemática es el Seis Naciones: a pesar de que las presiones son cada vez mayores para un sistema de ascenso y descenso –Georgia hoy tiene mejor ranking que Italia, por ejemplo– las naciones británicas se han opuesto firmemente a ese cambio porque el sistema actual les genera buenos recursos. Uno de los principales defensores de ese statu quo ha sido Beaumont.

No solo eso. En las decenas de reuniones que se desarrollaron durante el Mundial, las uniones más poderosas hicieron saber de modo informal su descontento con el modelo actual de expansión y de transferencia de recursos hacia naciones menores, entre las que se encuentra Uruguay. Entienden que si son ellos los que generan los ingresos de los mundiales (el último generó alrededor de 140 millones de libras), es injusto destinar cantidades cada vez mayores a países que generan una ínfima parte de ese dinero. Del otro lado, el resto de las naciones –y el actual gobierno de World Rugby- sostiene que es la única forma de que el deporte se siga globalizando y multiplicando recursos.

La elección de hace cuatro años fue muy cerrada: Lapasset mantuvo el poder con 14 votos, contra 12 de Beaumont. Para eso fue clave el apoyo al francés de los países menos poderosos. La propia forma de distribuir los votos refleja esa pelea: a diferencia de la FIFA, donde el voto de Inglaterra pesa lo mismo que el de Martinica, la World Rugby tiene un sistema de ponderación de los votos, que le da a los 10 países más poderosos ("Tier 1") el 64% de los votos. Eso se refleja en el dinero: a pesar de una sensible mejora de los últimos años, el dinero que entrega World Rugby a los Tier 1 es 50 veces más que a los Tier 2 (puestos 11 al 20 del ranking mundial). Así y todo, la brecha de resultados se ha ido acortando sensiblemente con cada Mundial.

Para aquella victoria de Lapasset fue fundamental el voto de Sudáfrica y Francia, dos uniones abiertas a los países menos poderosos, además de Argentina, que se transformó en potencia política en los últimos años, acompañando los resultados deportivos. De hecho, la gestión de Sudáfrica fue clave para que Argentina pudiera ingresar en el Rugby Championship, paso fundamental de su transformación en una potencia.

El rol de Pichot
Ahora Pichot toma la posta de Lapasset, pero va más allá: surgido desde Argentina y hombre clave de ese largo proceso de pelea para que Los Pumas tuvieran una competencia anual –que incluyeron manifestaciones en la puerta de World Rugby– ha sido un activo defensor de las uniones menos favorecidas, como lo demostró con la creación de la Américas Rugby Championship. Será una pulseada titánica, que países como Uruguay miran expectantes porque en ella radica la chance de seguir teniendo apoyo para lograr un crecimiento en el rugby mundial. l

FRASES

¿Es nuestro trabajo encontrar competencia para los países menos favorecidos? Tenemos una responsabilidad, pero no lo veo agregando países al Seis Naciones, con el cual estamos extremamente cómodos porque siempre hemos operado de esa manera". Bill Beaumont Futuro presidente world rugby

Es necesario mejorar el nivel del rugby de la región; si no pareciera que Argentina sigue creciendo y no le importaran sus vecinos. En especial Uruguay, con quien nos une una historia muy rica. No podemos no hacer cosas para que Uruguay siga creciendo". Agustín Pichot Futuro vice world rugby

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