Barbosa no descansa en paz

Un periodista argentino repasa la leyenda negra del golero brasileño en la final de Maracaná, el principal acusado del fracaso más grande de la historia de los mundiales

Se acerca el Mundial de Brasil y los recuerdos del “Maracanazo” de 1950 vuelven a aparecer en los principales diarios del mundo. Entre los temas más destacados aparecen el gol para la mítica conquista celeste de Alcides Ghiggia, el autor de, para muchos, el tanto más importante de los mundiales; pero otros medios también cuentan la leyenda negra de Moacyr Barbosa, el golero brasileño, tildado como el responsable del fracaso de su selección.

Este miércoles, el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores, escribió en Canchallena sobre el arquero brasileño, quien falleció hace 13 años, pero aún no descansa en paz. En su nota, repasa las secuelas que sufrió el guardameta.

Así, se recuerda cuando en 1963 Barbosa quemó en su casa los postes de madera del arco de Maracaná. Tras perder la final y retirarse del fútbol, el golero trabajó en el estadio y su jefe le regaló los palos cuando se los cambio por arcos de metal. “Son los postes del Maracanazo, la final del Mundial de 1950 que Brasil, dijeron todos, perdió por su culpa. Cantó Tabaré Cardozo: "Quema los palos Barbosa/ del arco de Brasil/ la condena del Maracaná/ se paga hasta morir"”, señala el periodista.

Fernández Moores también cita a Eduardo Galeano, quien escribió sobre los postes y señaló que “el exorcismo  no lo salvó de la maldición”, al golero.

Es que tras la final de 1950, Barbosa cargó con una cruz que aún, fallecido, no se puede sacar. "En Brasil -dijo una vez Barbosa, después de que, en 1993, supuestamente, le prohibieron ingresar a una concentración de la selección, por mufa-, la pena mayor por un crimen es de treinta años de cárcel. Hace 43 años que yo pago por un crimen que no cometí", dijo el guardameta, según repasa la nota de Canchalllena.

¿Fue el único culpable?

"Todos señalan a Barbosa, pero esa tarde yo volví loco a Bigode", le dijo Ghiggia a Fernández Moores. El zaguero que debía marcar al delantero uruguayo no lo pudo parar en los dos goles del partido y una vez finalizado fue el primer culpado por la derrota. “Pasó dos años dentro de su casa. Sólo salía para ir a entrenarse”, indica la nota.

En tanto, el DT brasileño Flavio Costa y el plantel señalaron siempre a Juvenal, porque falló en ambas coberturas. Ese jugador había salido la noche anterior a la final, con permiso, y regresó borracho a la concentración, tarde, tras estar en el Dancing Avenida, un cabaret en el centro de Río. “Mantuvo el puesto sólo porque el suplente Nena estaba lesionado”, se agrega.

“La reconstrucción del día final desnuda que la derrota pudo haberse debido a algo más que a las fallas de dos jugadores negros (Barbosa y Bigode) y de un mulato (Juvenal)”, destaca el periodista argentino, quien enumera una serie de hechos que ocurrieron en la previa del partido:

“A las 7 de la mañana, los jugadores asisten a una misa organizada por una radio. "Éstos -los presenta en portada el diario O Mundo- son los campeones del mundo." A las 11 comienza el almuerzo, pero hay que pararse porque llega Cristiano Machado, candidato a presidente. "Están a un paso de dar a nuestra patria un trofeo que figurará bien alto en el pedestal de la inmortalidad", les dice el político. Le sigue Adhemar de Barros, candidato a senador. Y luego Eduardo Rios, ministro de Educación. Los socios de Vasco da Gama -la concentración es en Sao Januario- reclaman a Adhemir, su ídolo. Un desconocido invoca misión oficial y hace firmar a los jugadores decenas de fotos que luego planea revender a precio de oro. "Vámonos ya mismo al Maracaná", decide Costa. El micro toca un portón y Augusto, el capitán, se raspa la cabeza. Una versión indica que los jugadores debieron bajarse para empujar el ómnibus. Costa dispone colchones en el piso del vestuario, apaga la luz y hace sándwiches de queso para los que ni siquiera pudieron almorzar. Faltan tres horas para el partido. Ya cerca del inicio, la charla final de Costa es interrumpida porque llega Angelo Mendes de Morais. "Ustedes -dice el alcalde por los 254 altavoces del estadio-, que en pocas horas serán aclamados campeones por millones de compatriotas. Ustedes, que no tienen rivales en todo el hemisferio? Ya los saludo como vencedores. Yo cumplí mi promesa construyendo este estadio. ¡Ahora cumplan con su deber, ganando la Copa del Mundo!". Su busto, fuera del estadio, cae destruido tras la derrota. Es el único daño de la multitud en luto. "Prepararon la fiesta para coronar al rey, pero el rey -diría luego Barbosa- murió antes de tiempo".

Pese a los otros culpables, con el paso de los años el golero quedó como el principal responsable del fracaso más grande en la historias de los mundiales por su actuación en la final de 1950, Mundial en el que –paradójicamente- fue elegido como el mejor  arquero.

El Maracanazo borró todo lo que había logrado, lo que es destacado por el periodista argentino: ganar todo con Vasco Da Gama, sus atajadas formidables, los 1.300 partidos jugados hasta retirarse a los 42 años, las seis fracturas en la mano izquierda y cinco en la derecha, que atajaba sin guantes, que se rompió tres rodillas y que se perdió el Mundial de 1954 por haberse fracturado la rodilla.

Por último, para reivindicar a Barbosa, Fernández Moores cita parte de una poesía de Walt Whitman utilizada por Geneton Moraes en un de Dossie 50 sobre el Maracanazo: “¡Viva para los que cayeron! ¡Y para aquellos cuyos buques de guerra se hundieron en el mar! ¡Y para todos los generales de estrategias derrotadas! ¡Fueron todos héroes!”.


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