Baile al ritmo de Diego

Forlán marcó tres goles brindó dos asistencias para la goleada de Peñarol 5-1 ante Defensor

Hay historias que se construyen en base a sacrificio. El fútbol suele estar plagado de jugadores que, sin ser virtuosos desde el punto de vista técnico, se ganan un lugar en el corazón de la gente en base a entrega y sacrificio.

Hay hinchadas que tienen determinadas particularidades. La de Peñarol no es de un gran paladar. No. Al carbonero le alcanza con que sus jugadores dejen la piel por la camiseta. Esos serán siempre bien vistos.

Y los ídolos no se señalan con el dedo de una mano. Se construyen. Algunos por la cantidad de años de permanencia el club, otros por su adhesión a la causa, los dotados futbolísticamente por su capacidad. Todo tiene su razón de ser.

Cuando Diego Forlán llegó a Peñarol fue mirado de reojo. Digamos las cosas como son. Era el rubio que llegaba al club de los que meten. Llegó en un momento especial. Sin ir más lejos, el día de su presentación los hinchas corearon el nombre de Pacheco.

Ganó el Apertura, marcó goles y jugadas importantes como la de Belvedere. No perdió el clásico. Pero jamás hubo una caricia para el alma.

Sin embargo, la noche del 21 de febrero de 2016 quedara para siempre marcada a fuego en su corazón.

Diego marcó tres golazos y brindó dos asistencias que marcaron el rumbo del triunfo de Peñarol 5 a 1 ante Defensor Sporting.

La historia recién empieza. Por primera vez los hinchas corearon su nombre. Y Diego lo logró a su estilo. Sin grandes declaraciones. Sin posturas. En la cancha. A lo Forlán.

Dicen que lo que cuesta vale. El triunfo ante Defensor costó. En el primer tiempo Peñarol lució incómodo. El equipo no supo como resolver el problema que le planteó la viola con dos volantes de marca y tres por delante de ellos que le ocuparon el ancho de cancha. Defensor dominó. Manejó la pelota. Costa presionó sin presionar, Nandez corrió sin destino y Aguiar y Maxi Rodríguez no ejercieron influencia en el juego.

Para colmo de males, a los 26 sorpresa en el Centenario. Tiro libre para la viola y Felipe Rodríguez colgó la pelota del ángulo. Defensor 1 a 0.

Peñarol no salía del estado de shock. Le costó. Pero Da Silva tiene tantos buenos jugadores en su plantel que basta que uno se ilumine para cambiar un panorama complejo.

Y fue Maxi Rodríguez el iluminado. Tomó la pelota y amontonó gente. Luego tocó de taco para Forlán que la acomodó, perfiló el pie y la metió lejos del alcance de Irrazábal para empatar. Volver a empezar.

Pocos minutos después Aguirregaray se mandó una patriada. Remató abajo, el golero de la violeta la sacó y el rebote le quedó a Forlán que puso el segundo. Peñarol se fue al descanso en ventaja.

El segundo tiempo fue otra historia. Fue una paseo aurinegro ante un rival desconocido. Al que le coparon la parada y terminó humillado y rematando una sola vez al arco en todo el complemento.

Corrían 20 minutos cuando Forlán cobró una falta y le sirvió la pelota al colombiano Murillo que puso el 3-1. Fin de la historia. Quedaba claro que Defensor no lo levantaba.

Peñarol se sintió a sus anchas. Nandez corrió, marcó y quitó. Costa manejó el juego. Aguiar y Olivera fueron una y otra vez. Y Maxi jugó a placer. Pero la noche era de Diego.

A nueve del final Albarracín lo habilitó y Diego le cruzó la pelota al colombiano que puso el cuarto tanto. Y a cinco del final lo mejor del partido. La pelota salió limpia desde el medio. Toque y toque. Aguiar lo vio pasar al solidario de Maxi Olivera y lo puso en carrera. Forlán le pidió la pelota y se la puso en la cabeza. El cabezazo del 10 se metió por arriba. La gente se paró para aplaudir. El grito de Diego Diego surgió espontáneo.

Peñarol terminó para el ole e ilusionando a su gente. Ni en el mejor de los sueños Diego lo hubiese imaginado.

Después de ocho meses y de vivir tantas historias, sus hinchas le regalaron una caricia al alma. Y Diego lo logró a su estilo. Sin grandes declaraciones. Sin posturas. En la cancha. A lo Forlán.


Embed


Populares de la sección

Acerca del autor