Atletismo, rugby, hockey y taekowndo, los que salvaron la plata en los Odesur

Uruguay ganó más oros que en Medellín 2010, pero se subió a un podio menos en una actuación donde el atletismo demostró estar muy despegado del resto de las federaciones nacionales

El eterno dilema del vaso medio lleno o medio vacío... Uruguay ganó dos oros más en los Juegos Odesur de Santiago 2014 que el único que obtuvo hace cuatro años en Medellín. Pero se subió a un podio menos y el total de 12 preseas es la menor cosecha en su historial de 10 participaciones.

El décimo puesto del medallero general marca una caída de un lugar con respecto a 2010. Panamá, con una delegación de 39 deportistas, fue octavo y Paraguay, con 191, noveno. Uruguay acudió con la delegación más grande de su historia: 235 deportistas.

Uruguay apostó a estos Juegos en el marco de una reestructuración del deporte de alto rendimiento. Para esto se creó, en enero del año pasado, un grupo técnico de apoyo a las federaciones y se entregaron –por primera vez en la historia– becas a 27 deportistas.

Pero el deporte no solo crece a nivel mundial, sino también regional. Y los eventos internacionales son cada vez más competitivos. Por eso cuesta el despegue y el camino en el que se embarcó Uruguay es muy largo.

Si en Medellín fue el remo el que sacó la cara por el resto de los deportes (el único oro más tres platas), en Santiago, el atletismo dio un salto de calidad.

Si el análisis global se hace en base a números, bien vale reseñar los del atletismo: tres medallas de oro y una de plata. Dos récords nacionales absolutos y otro igualado. Dos récords nacionales juveniles con una clasificación a Mundial, dos marcas líderes del año a nivel mundial, otra tercera, y seis mejores marcas personales sobre ocho pruebas disputadas.

Una categórica demostración de que la Confederación que comanda Pablo Sanmartino es la estructura mejor consolidada del deporte uruguayo.

Y en esto no hay recetas mágicas. El atletismo miró al interior para detectar talentos, capacitó entrenadores en todo el país, logró recursos para enviar delegaciones a competir al extranjero y mejoró sus infraestructuras y equipamientos. Así generó nuevos valores, sin dejar de potenciar a deportistas que tienen años de formación: Andrés Silva, Déborah Rodríguez y Emiliano Lasa.

El primero volvió a ser de oro y a correr el 400 vallas por debajo de los 50 segundos. Déborah fue la figura excluyente de Uruguay en el evento, ganando por destrozo los 400 vallas y los 800m. Y Lasa le ganó la plata –en salto largo– a un tipo que venía de ser campeón mundial en pista cerrada.

Las tres medallas de oro tienen un valor especial para Uruguay ya que en estos Juegos se entregaron 340 preseas doradas, 60 menos que en Medellín, lo que determina un incremento del porcentaje celeste que de 0,25% pasó a un menos modesto 0,83% de medallas de oro obtenidas.

Pero si se trata de mirar más allá de lo simplemente numérico hay actuaciones que son más importantes que algunas medallas ganadas.

Por ejemplo, las atletas Pía Fernández, Cecilia Rodríguez y Lorena Aires son juveniles (sub 20) y todas mejoraron sus marcas en Santiago. Fernández fue cuarta en 800m, Rodríguez sexta en lanzamiento de bala y Aires quinta en salto alto. Las dos primeras están clasificadas al Mundial de Eugene que se disputará en julio.

Esas actuaciones valieron futuro y no podios en comparación con tres medallas de deportes de combate donde los competidores uruguayos solo ganaron una pelea para volver con metal: Juan Romero en yudo, Braian Elliot en taekwondo y Miguel Larrosa en boxeo. Mayko Votta, en cambio, tuvo que ganar tres combates para perder después la final obteniendo una plata en taekwondo.

El rugby, en ambas ramas, y el hockey sobre césped femenino también cumplieron con nota mientras que el remo retrocedió con un solo podio (bronce) y dos cuartos puestos en los tres botes en los que se presentó a competir.

El análisis de los números deberá dar paso ahora al análisis real de los rendimientos. Los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 aparecen en el horizonte y Uruguay debe seguir apostando a mejorar su competitividad.


Fuente: El Observador

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