Así se anula a Peñarol

Nacional jugó como para que Wanderers, Plaza y Juventud tomen nota en la recta final del Apertura
Nacional cambió para jugar el clásico. No fue fiel a sus ideas ni a la filosofía de juego con la que plantó bandera Gustavo Munúa. Pero el planteo táctico que ejercitó ante Peñarol sirvió para reducir a una expresión inofensiva el potencial atacante del equipo que lidera Diego Forlán.

A Nacional no le alcanzó para llevarse una victoria. Pero tal vez le dejó señales a los tres rivales que le quedan por el camino a los dirigidos por Pablo Bengoechea sobre cómo maniatar su juego.

¿Cómo frenó Nacional a Peñarol? Esa fue la parte de la estrategia que el equipo de Munúa llevó a cabo casi a la perfección.

Salvo en un tramo de 10 minutos del primer tiempo y en la jugada específica de pelota quieta que desembocó en el empate de Matías Aguirregaray, el tricolor tuvo el partido bajo control.

Es cierto, en la otra parte del libreto, la de pasar rápido al ataque y lastimar en ofensiva, quedó en el debe. Por el reducido volumen de juego desplegado y por la falta de contundencia para cerrar el partido.

El cambio de sistema táctico pasando del 4-3-1-2 al 4-4-2 redujo considerablemente la capacidad ofensiva del equipo, pero le dio una solidez que no había exhibido en las 11 fechas previas del Torneo Apertura.

Nacional blindó la defensa con volantes externos (Santiago Romero y Mathías Abero) que se preocuparon por retroceder y colaborar en la marca con los laterales (Jorge Fucile y Alfonso Espino).

Aguirregaray tapado.JPG

A su vez, esos volantes externos trabajaron a destajo en una asfixiante presión junto al doble 5 (Gonzalo Porras y Sebastián Eguren) logrando un doble cometido.

Por un lado, evitar la libertad de acción de Luis Aguiar, Diego Forlán y Marcelo Zalayeta. Por otro, fracturar al mediocampo de la delantera aurinegra.

Presión Forlán.JPG

El problema es que no hay presión que se sostenga todo el partido a una alta intensidad.

Y entre los 26' y los 37' Peñarol encontró espacios con su departamento creativo para lanzar a sus atacantes.

Fallos de la articulación de la última línea tricolor (Diego Polenta primero, Alfonso Espino después), le permitieron a Diego Ifrán y Forlán quedar mano a mano con Esteban Conde. Pero el golero tuvo una notable jornada.

Después Nacional recompuso un control que se solidificó desde la ventaja.

Aguiar marcado

El trabajo de Porras y Eguren no tuvo fisuras en el medio. Peñarol siguió siendo un equipo fracturado, hasta que una fortuita pelota quieta torció el destino de Nacional que ahora apuesta a que Wanderers, Plaza o Juventud tomen nota de su trabajo.

Las cifras

47 veces. Peñarol abusó del recurso del pelotazo largo como única vía de salida. Dividirla le costó que el balón pasara menos tiempo por los pies de los Aguiar, Forlán o Zalayeta, el triángulo del que depende la gestión del ataque y de dónde surge el pase-gol.

Zalayeta anulado.JPG

28 veces. Para lo que venía mostrando en los partidos previos, Nacional también cambió su estilo de salir por abajo apostando mucho –no tanto como el rival, claro– al pelotazo largo. El equipo de Munúa nunca apostó a superar a los tres delanteros rivales tocando por abajo.


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