Así fue la intimidad del chárter celeste

El Observador acompañó al plantel en el vuelo rumbo a Belo Horizonte; el capitán del avión les deseó que se vuelvan con la Copa

"¿Quién es el que me respira en la nuca?”, interroga Diego Lugano mirando de reojo mientras El Observador lo filma. Cuando el periodista mira al capitán con cara de perdoname, el defensa apunta: “Veo que me están siguiendo desde hoy, presentate por lo menos”, siempre en tono de broma. Inmediatamente, Lugano le estira la mano y le dice, “Diego, mucho gusto”. El periodista lo mira sorprendido, pide disculpas, y Lugano responde: “No, está todo bien, compañero”.

Desde atrás se escucha una voz que le grita: “Es del FBI”. Y Lugano a las risas acota: “No, pará un poco, me está siguiendo desde hoy”, mientras sonríe y espera con su boleto en la mano, para recorrer los últimos metros que lo depositarán en el avión que trasladó la ilusión de Uruguay al Mundial de Brasil.

El capitán celeste fue el último en ascender a la aeronave, luego de atender todos los requerimientos y tomarse cada una de las fotos que le pidieron en la sala de embarque. Fiel a su costumbre, no dejó a nadie sin una foto, y mucho menos sin su firma.

Con anterioridad habían desfilado rumbo al avión Forlán –súmamente requerido–; Cavani, entre aplausos; Suárez, rodeado y custodiado por el jefe de seguridad; el Mono Pereira, con termo y mate, y Palito Pereira, escondido detrás de lentes oscuros.

Suárez, como ha ocurrido en las últimas dos semanas desde que fue operado, se negó a dar notas. Trascendió que hablará en conferencia de prensa para todos los medios.

Una vez arriba el comandante de la aeronave brindó la bienvenida y anunció el honor que significaba para la aerolínea Gol transportar a los celestes.

El Maestro Tabárez sacó un celular, escribió los últimos mensajes, antes de dormirse profundamente.

Unos 40 minutos después sirvieron una merienda, que consistía en un sándwich olímpico con una sorpresa: un alfajor con una leyenda sobre el chocolate, que decía en tradicional uruguayo: “vamo arriba”.

Sobre las 16:06 el piloto volvió a aparecer en escena, y anunció: “no sé la tripulación, pero yo creo que Brasil no necesita otra Copa. Por eso espero, que se repita la Copa del 50. Así que buena suerte y muchos goles”, provocando una ovación.

El vuelo transcurrió con total normalidad. Minutos más tarde El Observador fue autorizado a pasar para el fondo del avión, donde se encontraba la mayor parte del plantel, y se pudo apreciar lo distendido que estaba el plantel.

Así se pudo ver a Muslera durmiendo en tres asientos, al Ruso Pérez mirando una película, a Muñoz escribiendo a través de su celular, y al Mota Gargano, de musculosa, escuchando cumbia. Otro que aprovechó para dormir fue el goleador de PSG Edi Cavani. La ronda de mate tuvo como protagonistas a Diego Lugano, Luis Suárez y Diego Godín. Mientras tanto, Arévalo Ríos y Palito Pereira, compartían un mano a mano de otro mate. Los dos lucían enormes auriculares.

Conforme el paso del tiempo, los jugadores se fueron levantando, y siempre en la parte trasera del avión compartieron las horas entre ellos.

Cuando se inicio el descenso a Belo Horizonte, desde el fondo comenzaron a batir palmas mientras sonaba desde el aparato musical de palito, el tema “Celeste sos la más linda”, al ritmo de plena.

Finalmente, el capitán de la aeronave les dio la bienvenida a Brasil y anunció a todos los pasajeros que primero descendería la delegación oficial de Uruguay. Fue cuando se inició un desfile de los jugadores e integrantes del cuerpo técnico, quienes amablemente saludaron a quienes compartieron el vuelo con ellos.

Al descender de la aeronave ingresaron directamente al ómnibus oficial de la FIFA, que tenía la leyenda "Empujan 3 millones". El mismo sueño de 3 millones de uruguayos.


Fuente: Jorge Señorans y Juan Marra, enviados especiales

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